La tregua es apenas aparente. Aunque Elon Musk borró los tuits más virulentos en los que acusaba al presidente Donald Trump de pedofilia y reclamaba su juicio político, la tensión entre ambos sigue escalando en los pasillos del poder. El dueño de Tesla y X (antes Twitter) coquetea ahora con la idea de fundar un nuevo partido político, una especie de “tercera posición” que tendría el potencial para fracturar el voto republicano.
El conflicto, que estalló públicamente el jueves pasado, llevó al presidente a convocar hoy una reunión de emergencia en Camp David con su gabinete y asesores más cercanos. Según voceros oficiales, el encuentro será para “analizar diversos temas”, aunque se sabe que el foco estará puesto en cómo contener el avance de Musk.
Una batalla entre gigantes
Lo que comenzó como una serie de ataques cruzados en redes sociales pronto se transformó en una batalla política sin precedentes. Musk, que cuenta con más de 70 millones de seguidores en su plataforma, publicó mensajes incendiarios que luego eliminó. En uno de ellos insinuaba que Trump figuraba en la lista de contactos de Jeffrey Epstein, el financista acusado de tráfico sexual de menores que murió en prisión en 2019.
En otro mensaje exigía el “juicio político” del mandatario sin ofrecer pruebas claras. Sin embargo, el tuit más destacado planteaba la necesidad de un nuevo partido político que represente al “80% del centro”, una idea que fue apoyada por la mayoría de sus seguidores en una encuesta online. “Es el único con los recursos y la plataforma para unir a las fuerzas antiestablishment de ambos partidos”, escribió uno de sus seguidores, en un mensaje que Musk compartió. La iniciativa ya se presenta bajo el nombre tentativo de “America Party”.
En este sentido, el temor republicano no es infundado, ya que en los comicios legislativos del próximo año, una tercera fuerza podría restar apoyo clave entre sectores moderados del Partido. Además, Musk insinuó que financiaría a candidatos demócratas disidentes, en represalia contra los republicanos que aprobaron el reciente plan presupuestario impulsado por Trump, que eleva el déficit fiscal a 2,4 billones de dólares.
Escándalos y tensiones internas
Según reveló The Washington Post, Trump se mostró desconcertado y abatido tras los ataques de Musk, a quien consideraba un amigo. En este clima de alta tensión, Trump pidió a su entorno que evite agravar el conflicto públicamente. Incluso sugirió al vicepresidente JD Vance que modere sus declaraciones sobre el empresario.
Las fricciones no son nuevas. Dentro del gobierno, Musk había asumido como titular del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), desde donde impulsó recortes agresivos en varios ministerios.
El multimillonario incluso mantuvo peleas físicas con otros funcionarios. Así lo recordó el exasesor Steve Bannon, quien reveló que Musk llegó a enfrentarse físicamente con el secretario del Tesoro, Scott Bessent. “Le gritó que era un fraude y luego lo embistió como un jugador de rugby”, relató. La pelea terminó con ambos separados por otros miembros del gabinete.
Aunque Musk planeaba dejar su cargo sin escándalos, el rechazo a los nuevos aranceles y al plan presupuestario terminó por desatar su furia. Desde entonces, se convirtió en uno de los críticos más duros de Trump y en su inesperado adversario político.
Su posible salto a la escena electoral, ya sea como candidato o como impulsor de una tercera fuerza, podría cambiar el tablero de cara a 2026. Esta situación, además de generar alerta, obligó al gobierno a movilizarse.
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