Mucho tiempo de espera y pocas respuestas. Desde aquel 16 de julio, día a día, la incertidumbre del mañana fue calando hondo en el inconsciente colectivo de los vecinos de la zona del incendiado ex depósito de electrodomésticos Aloise. Hoy, 2 meses después, las pérdidas siguen siendo millonarias, las bajas ventas continúan y sus vidas siguen sin rearmarse por completo.
La pesadilla no terminó. El panorama que se respira en el barrio es de parálisis casi eterna: Quieto y sin demasiadas novedades. Principalmente escasean datos positivos con miras al futuro cercano.
El 16 de julio pasado, la vida y cotidianidad de diagonal 77 y 48 cambió de manera drástica. A las primeras horas de un miércoles de lluvia molesta y copiosa, cientos de vecinos debieron dejar sus casas por seguridad y otros tantos tuvieron que abandonar sus trabajos. En pijama, sin demasiado abrigo, sólo con lo puesto, nunca pensaron que las llamas iban a destruir su rutina.
“La recuerdo de muy mala forma aquella mañana, todavía tenemos miedo e incertidumbre porque seguimos a la espera del informe final. Hay vecinos que todavía hasta el día de hoy no han podido ingresar a sus departamentos. Además por parte de la Municipalidad siguen sin ser claros y no dan respuestas”, expresó Brisa Peralta, vecina damnificada por el siniestro.
“Lo recuerdo de muy mala forma, todavía tenemos miedo e incertidumbre porque seguimos a la espera del informe final. Hay vecinos que todavía hasta el día de hoy no han podido ingresar a sus departamentos”
Brisa Peralta Inquilina del edificio lindero
Al terror y caos de ese día, se le fueron sumando semanas de cortes de calle, comercios cerrados, polvo presuntamente tóxico, operativo de demolición, excavadoras y 42 noches de vivir de prestado en hoteles o casas de amigo, que llevaron a un fuerte desgaste físico y emocional para los frentistas y comerciantes de la zona.
“Vivo en el quinto piso, soy inquilina y todavía tengo la pared llena de hollín y algunas grietas. Nadie nos dijo todavía quien se va a ser cargo”, sumó Peralta, quien además comentó que la situación de sus vecinos del edificio es similar, con humedad, roturas estructurales, e incluso, escombros dentro de sus departamentos.
“Estaba todo cerrado y vallado. Nadie pasaba y nosotros trabajamos con la gente de paso, entonces lo que se perdió, ya se perdió. No lo vamos a recuperar”
Andrés Padrón Dueño de un local de electrónica
En la misma sintonía de pérdidas y desgaste se encuentran los comerciantes, quienes en algunos casos, lograron abrir sus puertas luego de un mes.
“Nosotros pudimos abrir a los pocos días, el problema nuestro era la circulación de la gente. Estaba todo cerrado y vallado. Nadie pasaba y nosotros trabajamos con la gente de paso, entonces lo que se perdió, ya se perdió. No lo vamos a recuperar”, expresó Andrés Padrón, dueño del local de reparación y venta de accesorios electrónicos.
Por su parte, Milagros Makrey, dueña de un local de casa de comidas recordó: “tuvimos que tirar un montón de mercadería, desde verduras, hasta la producción que teníamos cocinada, porque al estar cerrados por varios días, las cosas se pudrieron o tenían olor a quemado. A su vez, el alquiler seguía corriendo y había que pagarlo”.
Ante este panorama de intriga, vecinos y comerciantes temen un nuevo cierre de calles que perjudique la “normalidad” que pudieron recuperar. “Ya no sabemos qué hay que hacer. Llegamos a un punto en el que todo parece una tomada de pelo”, cerró Peralta.
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