La Antártida, el gran cofre de meteoritos

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La Antártida no es solo un océano de hielo y paisajes blancos infinitos: también es, de manera inesperada, el mejor lugar del planeta para encontrar meteoritos. Más del 60% de las casi 80.000 rocas espaciales halladas en la Tierra provienen de este continente, según un estudio publicado en Nature Climate Change. La clave está en las llamadas zonas de “hielo azul”, que ocupan apenas el 1% de la superficie antártica pero funcionan como auténticas vitrinas del espacio. En estos sectores, el viento y el lento desplazamiento del hielo barren la nieve y dejan al descubierto meteoritos atrapados durante miles de años. Son piedras pequeñas, oscuras y fáciles de distinguir sobre el fondo blanco. No aparecen al azar: solo donde se combinan el flujo del hielo, la caída de meteoritos y un leve derretimiento superficial se forman estas áreas de concentración, verdaderos tesoros científicos. El problema es que el calentamiento global amenaza este archivo natural del sistema solar. Incluso aumentos mínimos de temperatura provocan que los meteoritos se hundan, ya que su superficie oscura absorbe calor y derrite el hielo debajo. Hoy, unos 5.000 meteoritos se vuelven inaccesibles cada año, muchos más de los que los científicos logran recolectar.

Los investigadores estiman que aún podrían recuperarse entre 300.000 y 850.000 meteoritos, muchos en zonas nunca exploradas. Por eso proponen una carrera contrarreloj: un esfuerzo internacional que combine drones, modelos climáticos y grandes campañas de búsqueda para rescatar, en la próxima década, estas valiosas pistas sobre el origen del sistema solar antes de que desaparezcan bajo el hielo.

 

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