Sensatez y respeto, dos premisas que reclama el clásico de la Ciudad
Edición Impresa | 13 de Febrero de 2026 | 01:13
Una crónica de este diario consideró que el clásico que disputarán el domingo Gimnasia y Estudiantes no cuenta, en cuanto a sus antecedentes y eventuales consecuencias deportivas, con la enorme expectativa previa que suscitó el anterior, llamado en su momento “el clásico del siglo”, ya que correspondió a una semifinal del torneo Clausura.
Y si bien toda disputa entre los tradicionales rivales platenses originó desde siempre una gran expectativa, el próximo se presenta con una previa apaciguada y es de esperar que esa realidad –más allá del lógico fervor que anidará en el Estadio de 60 y 118- prevalezca y se traduzca en un desarrollo normal.
Tales circunstancias, mencionadas en el artículo confluyeron para que hasta la hora del pitazo inicial hayan primado la calma, la cautela y la normalidad.
Así, es correcto concluir que no asoma un partido que pueda cambiar el rumbo de ninguno de los dos clubes. Si bien Gimnasia tiene más necesidades porque perdió los últimos dos y es local, ello quedará cumplido si en los 90 minutos del domingo consigue los tres puntos. Se ha dicho también con razón que una derrota castigaría, acaso, más a la imagen del entrenador que otra cosa. El camino deportivo-institucional ya se construyó y a juzgar por lo visto en las primeras cuatro fechas, el elenco albiazul está mejor que en otros años.
Lo mismo podría suceder con Estudiantes. Salvo una catastrófica actuación, ni una derrota le hará bajar el nivel de popularidad y aceptación a su técnico, que ya logró pasar la prueba del amor incondicional con el clásico que ganó su equipo como visitante (primera vez en el Bosque) y el título logrado cinco días después en Santiago del Estero. Las declaraciones de los dos técnicos conocidas en las últimas horas fueron elogiosas con el rival, respetuosas y racionales.
Sin embargo, nadie ignora que el fútbol tiene a veces más corazón que cerebro, más pasión que conceptos racionales. Y que por cualquier chispa, la violencia estalla en los estadios y también suele propagarse en las afueras. Allí rige la pasión mal entendida, que induce a no pocas personas a exhibir comportamientos antisociales, impropios de una convivencia civilizada.
Describir la magnitud de los operativos policiales equivale, en algunas instancias, a presentar una suerte de parte de guerra. Se habla en ocasiones de más de mil policías y de la presencia de otros organismos de seguridad deportiva, en acciones que se extienden a otras áreas pues llegan a preverse controles en la zona céntrica, el Bosque, accesos a la Ciudad, puntos de concentración de ambas parcialidades, sedes sociales y en oportunidades con policías instalados desde la noche anterior. Desde luego, se bordea el absurdo por culpa de muy pocos inadaptados.
Se trata, tan solo, de que imperen la sensatez y el respeto. El eventual resultado de un partido de fútbol no justifica ninguna desmesura, ninguna agresión, ningún desorden colectivo. Las dos tradicionales entidades platenses deben dejar en pie una conducta leal con el adversario, un ejemplo a seguir, una demostración de que el fútbol puede ser modelo para la vida social. No un escenario para la violencia.
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