“No nos quebraron”: Zelenski desafía a Putin

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Cuatro años después de que los tanques rusos cruzaran la frontera, Volodimir Zelenski lanzó una frase que retumbó en Moscú: “Putin no logró sus objetivos. No quebró a los ucranianos. No ganó esta guerra”.

El mensaje no fue casual ni tibio. Fue un desafío frontal al presidente ruso, en un momento en que los combates siguen activos, las ciudades continúan bajo amenaza y el desgaste parece no tener fin.

Zelenski prometió hacer “todo” lo necesario para garantizar una “paz fuerte”. Pero en el campo de batalla, esa paz todavía parece lejana.

La respuesta rusa no tardó. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, admitió que Moscú aún no alcanzó “plenamente” todos sus objetivos militares, pero aseguró que “muchos” ya fueron cumplidos.

El mensaje fue claro: Rusia no piensa retroceder.

Mientras tanto, el propio Vladimir Putin afirmó ante agentes del FSB que Ucrania no logró infligir una “derrota estratégica” a Rusia y denunció actos de sabotaje detrás de las líneas enemigas.

La guerra verbal acompaña a la guerra real.

Un conflicto que cambió a Europa

Lo que comenzó el 24 de febrero de 2022 con la expectativa rusa de una victoria rápida se transformó en el conflicto más sangriento en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Cientos de miles de vidas perdidas. Millones de desplazados. Ciudades arrasadas. Infraestructura energética destruida.

Europa, en alerta, disparó su gasto en defensa ante el temor de una escalada mayor. La guerra dejó de ser un asunto regional: se convirtió en una crisis global.

En Irpin, una ciudad golpeada por los combates, el dolor todavía se respira. “Solo los horrores permanecen en mi memoria”, contó Olena Ponomariova, subdirectora de una guardería.

Otra vecina, Yevgenia Antoniuk, recordó entre lágrimas cómo un hombre rompió en llanto al recibir pan tras la retirada rusa.

“En ese momento odié a los rusos tan profunda y fuertemente que supe que nunca los olvidaríamos ni perdonaríamos”, dijo.

La guerra no solo destruyó edificios: fracturó vínculos familiares, incluso entre ucranianos y parientes que viven en Rusia.

Rusia ocupa cerca del 20% del territorio ucraniano y mantiene bombardeos diarios sobre áreas civiles. La crisis energética es la peor desde el inicio de la invasión, agravada por inviernos extremos.

En el este, especialmente en el Donbás, las fuerzas rusas avanzaron lentamente en los últimos meses. Un análisis basado en datos del Instituto para el Estudio de la Guerra indica que Moscú conquistó más territorio en el cuarto año del conflicto que en los dos anteriores juntos.

El mapa sigue moviéndose.

Europa se planta… y habla de reconstrucción millonaria

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, viajó a Kiev para reafirmar el “compromiso duradero” con Ucrania. Zelenski volvió a exigir un calendario claro para ingresar a la Unión Europea y advirtió que, de lo contrario, Putin intentará bloquear esa aspiración “durante décadas”.

El G7 reiteró su “apoyo inquebrantable” y una coalición de países aliados pidió un alto al fuego “total e incondicional”.

Pero mientras la diplomacia discute, la guerra sigue.

La devastación tiene números que estremecen. Según el Banco Mundial, la UE y la ONU, la reconstrucción de Ucrania costará al menos 558.000 millones de dólares en la próxima década.

Un país ya golpeado por la pobreza ahora enfrenta una tarea titánica: levantarse mientras todavía combate.

OTAN, imperio y una guerra sin cierre

Rusia justificó la invasión para frenar el ingreso de Ucrania a la OTAN, argumentando que amenaza su seguridad.

Kiev sostiene lo contrario: que esta guerra es el resurgimiento del imperialismo ruso para subyugar al pueblo ucraniano.

Cuatro años después, ninguna de las partes cede públicamente.

Zelenski proclama que no fueron quebrados.

Putin promete seguir hasta cumplir sus objetivos.

Y Europa observa, financia, arma… y teme.

La pregunta que sobrevuela el continente es una sola: ¿cuántos años más puede durar esta guerra?

 

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