La enorme falta de cálculo de Maduro
Edición Impresa | 26 de Febrero de 2026 | 00:46
A fines de 2025, con una flota estadounidense desplegada frente a las costas venezolanas y planes concretos para capturarlo o eliminarlo, Maduro vivía en una realidad paralela. En privado repetía que Donald Trump no cruzaría el límite y que el despliegue militar era apenas una presión para negociar.
La llamada telefónica del 21 de noviembre reforzó esa ilusión. Trump fue cordial, Maduro respondió con bromas y rechazó una invitación a Washington. Para el líder venezolano, había ganado tiempo. Para Trump, en cambio, quedó claro que Maduro no lo tomaba en serio. Ese choque de interpretaciones selló el destino del conflicto.
Las advertencias se volvieron explícitas. Intermediarios transmitieron un mensaje directo: debía dejar el poder de inmediato. Maduro lo interpretó como una provocación y respondió con apariciones públicas, bailes y consignas en inglés caricaturesco. Lejos de calmar la situación, esas escenas fueron leídas en Washington como una burla.
El bloqueo petrolero de diciembre asfixió la economía venezolana y dejó al régimen al borde del colapso. Incluso entonces, Maduro siguió convencido de que todo terminaría en un acuerdo. Rechazó una oferta final de exilio.
En la madrugada del 3 de enero, más de 150 aeronaves estadounidenses atacaron bases militares, neutralizaron su custodia y lo capturaron en Caracas. Maduro nunca imaginó un golpe directo sobre la capital. Subestimó la determinación de Trump, sobrestimó su margen de maniobra y confundió resistencia con fortaleza. Su caída no fue una sorpresa inevitable: fue la consecuencia directa de una cadena de errores de cálculo que terminó por derrumbarlo.
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