“Cuento del tío”: una variante delictiva que nunca pasa de moda
Edición Impresa | 27 de Febrero de 2026 | 02:14
Los jubilados vuelven a estar en la mira de delincuentes que combinan engaño, manipulación y, en algunos casos, violencia física para concretar robos en sus propias viviendas. Bajo la modalidad del “cuento del tío”, los asaltantes se presentan como empleados de empresas de servicios, ganan la confianza de las víctimas y, una vez en el corazón de sus domicilios, las reducen para llevarse dinero, joyas y otros objetos de valor. También las golpean.
En las últimas horas se conocieron dos hechos ocurridos en La Plata que reflejan con crudeza esta problemática.
El primero tuvo lugar cerca del mediodía en un departamento de 10 entre 48 y 49. La víctima, una mujer de 71 años, viuda, respondió al llamado del portero eléctrico. Del otro lado, un hombre aseguró ser empleado de la empresa Camuzzi. Sin sospechar la maniobra, la mujer permitió su ingreso.
Sin embargo, en pocos instantes, la situación cambió drásticamente. Según relató, fue atada, le cubrieron el rostro y la golpearon mientras le exigían dinero.
La víctima escuchó además la voz de un segundo hombre en el lugar. Tras revolver la vivienda, los delincuentes escaparon con un teléfono celular, 20 mil pesos en efectivo y un manojo de llaves.
Casi instantáneamente la mujer pidió auxilio desde el balcón y fue asistida por personal policial, que acudió tras un llamado que ingresó a la central de emergencias 911. Aunque se negó a recibir atención médica, solicitó el cambio de cerraduras por temor a un nuevo ingreso.
El segundo caso ocurrió ese mismo día por la mañana en una vivienda de 36 entre 28 y 29, en La Loma. La víctima, un hombre de 81 años, fue abordado por un sujeto que, vestido con ropa de trabajo y guantes, se presentó como operario de la empresa Edelap y alegó que debía revisar el medidor de luz por una supuesta falla.
El jubilado fue convencido de salir a la vereda y luego de volver a ingresar a su casa para desconectar la heladera. En ese momento fue empujado hacia el interior del domicilio. Allí ingresaron otros dos hombres, también con ropa de trabajo y guantes, quienes le exigieron dinero, joyas y dólares. Bajo presión, el hombre indicó dónde guardaba sus ahorros: 500 mil pesos en efectivo y dos alianzas de oro con inscripción de fecha 12 de noviembre de 1969, además de otros objetos personales.
Los delincuentes también sustrajeron la memoria de una cámara de seguridad instalada en la vivienda y manipularon el teléfono celular y las tarjetas de débito y crédito de la víctima. Finalmente escaparon a pie. Según un vecino, los tres hombres fueron vistos alejándose por la zona.
Ambos episodios exponen una modalidad que se repite: los delincuentes estudian a sus víctimas, utilizan uniformes o vestimenta similar a la de empresas de servicios, apelan a la buena fe y al respeto que muchas personas mayores sienten ante supuestas figuras de autoridad o trabajadores formales.
El resultado es devastador: no solo por la pérdida económica, sino por el impacto emocional que implica que el propio hogar -espacio de resguardo y seguridad- sea violentado. Las autoridades reiteran la importancia de no permitir el ingreso de desconocidos y verificar siempre la identidad de supuestos operarios a través de los canales oficiales de las empresas.
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