Chile inicia la era Kast con promesas de orden y control migratorio
Edición Impresa | 12 de Marzo de 2026 | 02:20
La política chilena abrió ayer un nuevo capítulo. En una ceremonia cargada de simbolismo en el Salón de Honor del Congreso, en Valparaíso, José Antonio Kast juró como presidente de Chile y prometió encabezar un “gobierno de emergencia” enfocado en dos ejes que dominaron su campaña: seguridad y una estricta política migratoria.
“Sí, juro”, respondió el exdiputado conservador de 60 años al asumir el cargo y suceder al mandatario saliente, Gabriel Boric. La nueva presidenta del Senado, Paulina Núñez, le colocó la banda presidencial y la medalla de O’Higgins ante una nutrida audiencia internacional.
Entre los invitados destacados estuvo el presidente argentino Javier Milei, cuya presencia fue una de las más comentadas de la jornada. También asistió el rey Felipe VI, junto a delegaciones de una docena de países. En contraste, el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio y el presidente salvadoreño Nayib Bukele estuvieron entre las ausencias. El mandatario brasileño Luiz Inácio Lula da Silva canceló su viaje a último momento por “problemas de agenda”, en medio de versiones de tensiones políticas.
Kast llega al poder tras una campaña centrada en la seguridad pública, en un contexto en el que la percepción de inseguridad creció entre los chilenos pese a que las tasas delictivas siguen por debajo de las de otros países de la región. El nuevo presidente prometió enfrentar de manera frontal la criminalidad y aplicar una política migratoria dura, con un plan para deportar a cerca de 340.000 migrantes irregulares, muchos de ellos venezolanos.
“Este gobierno generó caos, desorden e inseguridad. Nosotros vamos a ir en la dirección contraria”, había repetido durante la campaña, un mensaje que encontró eco en amplios sectores del electorado.
La presencia de Milei fue una de las más comentadas. Lula y Bukele, entre los ausentes
La transición con Boric no estuvo exenta de tensiones. En los últimos días ambos gobiernos cruzaron diferencias sobre política exterior, especialmente por un proyecto de inversión china para tender un cable de fibra óptica entre Hong Kong y la región de Valparaíso, iniciativa que Washington mira con recelo. Sin embargo, ambos mandatarios optaron por bajar el tono y priorizar una transición institucional sin sobresaltos.
En un gesto político destinado a marcar el inicio de una nueva etapa, Kast anunció además su renuncia al Partido Republicano de Chile, la fuerza que él mismo creó en 2019. La decisión busca transmitir que gobernará para todo el país, siguiendo un camino que en el pasado también tomaron Patricio Aylwin y Sebastián Piñera al asumir el poder.
Abogado, padre de nueve hijos y figura tradicional del conservadurismo chileno, Kast construyó su carrera durante tres décadas en la política. Sus posiciones son conocidas: se opone al aborto incluso en casos de violación, rechaza el matrimonio igualitario y la eutanasia, y defiende una agenda de valores tradicionales.
A diferencia de otros líderes de derecha de la región, su estilo es más sobrio que confrontativo, aunque comparte afinidades ideológicas con dirigentes como Jair Bolsonaro y el propio Milei.
Con el traspaso de mando consumado, Chile inicia ahora una etapa marcada por las promesas de orden y control migratorio del nuevo presidente. Kast apuesta a que esa agenda responda a la principal demanda que expresó el electorado en las urnas: recuperar la sensación de seguridad en un país que durante décadas se consideró uno de los más estables de América Latina.
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