Científicos de La Plata avanzan con un dispositivo de diagnóstico para la hepatitis E, que se transmite por el agua
| 13 de Marzo de 2026 | 11:05
A paso firme y con metas concretas. Así avanza el trabajo de la Red ViroSensAr, una plataforma de desarrollo de biosensores rápidos y portátiles para la detección de infecciones virales conformada en 2023 a instancias del entonces Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación (MINCyT). Y es que en poco tiempo los científicos platenses que la conforman han sabido aprovechar al máximo las oportunidades y recursos disponibles para obtener cada vez más y mejores resultados. Los últimos, publicados en diciembre de 2025 en la revista científica ACS Sensors, consisten en el desarrollo de un kit de diagnóstico digital para hepatitis E, una enfermedad emergente en Argentina que se transmite principalmente mediante el consumo de agua contaminada, y que suele estar subdiagnosticada.
“Como el sentido de la red tiene que ver con la detección en nuestro país de enfermedades desatendidas y de importancia sanitaria, el trabajo mancomunado de las partes involucradas derivó en el interés por la hepatitis E”, explica Omar Azzaroni, investigador del CONICET en el Instituto de Investigaciones Fisicoquímicas Teóricas y Aplicadas (INIFTA, CONICET-UNLP) y coordinador de ViroSensAr. Además de ese nodo, la plataforma está integrada por otros dos espacios: el Instituto de Química Física de los Materiales, Medio Ambiente y Energía (INQUIMAE, CONICET-UBA) y el Instituto Superior de Investigaciones Biológicas (INSIBIO, CONICET-UNT). El proyecto se completa con la participación de una empresa startup, es decir de reciente creación y rápido crecimiento, llamada Gisens Biotech, dedicada a la bioelectrónica y nanotecnología oriunda de La Plata y con una sede en Estados Unidos.
Las conclusiones publicadas no pueden entenderse sin mencionar un estudio anterior de los mismos grupos publicado en octubre de 2025 en otra importante revista científica llamada Biosensors and Bioelectronics, en el que se reportaba la incorporación de nanoanticuerpos en circuitos integrados o chips de grafeno. Se trata de un tipo de anticuerpos derivados de camélidos (camellos, dromedarios, llamas, alpacas, guanacos y vicuñas) que se caracterizan por ser diez veces más pequeños que esas mismas proteínas en el resto de mamíferos, algo que les permite penetrar mejor en los tejidos y por eso sirven como herramienta terapéutica. En este caso, fueron desarrollados en el INSIBIO y son específicos para la hepatitis E, dado que reconocen puntualmente a un antígeno llamado ORF2, el principal marcador de ese virus que frente al que el sistema inmunitario reacciona.
“Por primera vez pudimos integrar esos nanoanticuerpos sobre la superficie de chips sensores que, en lugar de ser de silicio como los que utiliza la electrónica moderna, por ejemplo en computadoras o teléfonos inteligentes, son de grafeno, un material derivado del grafito que es cien veces más duro que el acero y mejor conductor eléctrico que el cobre”, detalla Esteban Piccinini, investigador del CONICET en el INIFTA y uno de los autores de ambos trabajos, y añade que “esto permite una detección rápida, digital y portátil”. El paso siguiente, y que se cuenta en la última publicación, “fue la incorporación de machine learning al dispositivo para optimizar la precisión de las pruebas diagnósticas”, continúa el experto, dueño de una reconocida trayectoria en la disciplina y que en 2023 recibió el prestigioso premio MIT Innovators Under 35 Award, otorgado por la Revista de Tecnología del Instituto Tecnológico de Massachussets a jóvenes innovadores menores de 35 años.
El machine learning o aprendizaje automático (AA) pertenece a la informática y es una rama de la Inteligencia Artificial (IA) que busca desarrollar técnicas para que las computadoras “aprendan” a realizar sus tareas de forma autónoma y vayan mejorando a partir de la experiencia. En esta oportunidad, la empresa Giosens Biotech fue la encargada de generar un algoritmo para potenciar la función de los nanoanticuerpos y lo puso a disposición de los equipos científicos, que lo incorporaron al dispositivo. “El test original pasó de una sensibilidad del 89 por ciento y una especificidad del 69 por ciento a casi un 100 por ciento en ambos valores una vez que se lo complementó con esta técnica”, señala Piccinini, y subraya: “Al ser un lenguaje digital, además, esta mejora tiene un costo prácticamente nulo si se lo compara con lo que podría costar hacer modificaciones al hardware, en este caso a un chip”.
El contagio animal-humano
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en los últimos años se registraron casi 20 millones de casos de hepatitis E aguda, la forma más común de la enfermedad y que suele remitir sola en un período de dos a seis semanas, aunque puede derivar en una forma crónica o en una hepatitis fulminante con alta mortalidad. Si bien existe en todo el mundo, su prevalencia es mayor en algunas zonas de África y Asia, y también de Centroamérica. Si bien Argentina es considerado país de baja endemia, en la última década se han reportado casos en las regiones centro y norte, y desde la Sociedad Argentina de Infectología (SADI) se estima que la infección está subdiagnosticada y que la mayoría de los casos permanece sin detectar. Lo que sí se ha encontrado aquí es circulación de las variantes genéticas zoonóticas del virus, es decir, aquellas que se transmiten de animales a humanos. Este tipo de contagio se ha reportado a través del consumo de carne de cerdo mal cocida y también por la presencia de roedores.
El diagnóstico no está estandarizado y requiere de pruebas analíticas muy específicas que buscan anticuerpos precisos contra ese virus, ya que por los síntomas no puede distinguirse de otros tipos de hepatitis o infecciones que también provocan ictericia, coloración amarillenta en la piel característica de las enfermedades hepáticas. En este punto, el potencial desarrollo del test digital también traería ventajas en el propio procedimiento en cuanto a la toma de la muestra, pasando de requerir sangre venosa a sangre capilar, es decir aquella que se obtiene de pequeños vasos capilares y para la que solo basta una diminuta punción en la yema de un dedo, mucho menos invasivo que la tradicional extracción en la parte interna del codo. “Esta simplificación va a permitir realizar diagnósticos en puntos de testeos chicos o sitios rurales, prescindiendo además de personal altamente especializado, no siempre disponible fuera de los grandes centros de salud”, añade Piccinini.
Por último, otra mejora que el nuevo dispositivo aportaría con respecto a los test en uso tiene que ver con los resultados obtenidos: no solo permite obtener una diferenciación entre negativo y positivo, sino que brinda un valor cuantitativo dentro de este último grupo, una información muy valiosa que las pruebas convencionales no proporcionan. Así, los casos positivos sabrán además la concentración exacta de antígeno en sangre, un factor muy importante en el caso de las infecciones que, como la hepatitis E, pueden volverse crónicas y prolongarse durante 6 meses o más. “Estos pacientes se tratan con fármacos durante mucho tiempo, y conocer sus niveles de carga viral resulta esencial para que corroborar si el tratamiento está siendo efectivo o no, y si es necesario cambiar las drogas”, explica el investigador.
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