Debe cortarse de raíz la violencia que reina en escuelas platenses

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La indisciplina que desde hace tiempo reina en muchos centros educativos de La Plata se hizo sentir ahora, en los primeros días del ciclo lectivo, a través de su manifestación más disvaliosa, como es la violencia. Una violencia física que esta vez encontró escenario en el frente y cercanías de la escuela industrial Albert Thomas, a través de una pelea pactada entre estudiantes a la que se sumaron algunos padres y madres, en una batalla campal propagada luego hasta vereda del estadio de Estudiantes, ubicado a metros del colegio, según contaron testigos.

De acuerdo a denuncias formuladas por docentes, preceptores y otros padres, hay peleas “casi a diario”, donde los protagonistas no son solo los alumnos, sino también adultos que dirimen conflictos a los golpes en las puertas del establecimiento.

Los videos obtenidos no pudieron ser más elocuentes, a la hora de mostrar a personas adultas –se supone que serían las directas responsables de la educación de sus hijos- trenzadas en una suerte de vendaval de violencia injustificable. El enfrentamiento se reflejó en puñetazos, tirones de pelo, revolcones y patadas.

Tal como se dijo en la crónica publicada ayer en este diario, lejos de actuar como figuras de contención, esos padres y madres se suman a las riñas o inician las propias. Cabe señalar que este fenómeno se viene advirtiendo en episodios similares que ocurrieron en otros establecimientos.

En cuanto a los alumnos, se detalló que “es una situación de descontrol total. Las peleas están pactadas, se sabe la hora y el lugar, pero nadie hace nada para evitarlas”, según confió una fuente interna de la institución.

El año pasado un grupo de padres y alumnos le dio una brutal paliza al personal docente y a directivos de una escuela del barrio Savoia, en City Bell, que derivó en la necesidad de hospitalizar a la directora del establecimiento. Algunos de los muchos episodios similares que se registraron fueron considerados acciones delictivas, algo que marca la gravedad del fenómeno.

En el caso del Albert Thomas, no debiera hacer falta hablar del bien ganado prestigio que en épocas anteriores tuvo “el Industrial”, así llamado y conocido por los platenses, que fue formador durante muchas décadas de camadas de excelentes técnicos, a los que también nutrió con bases humanísticas.

Y si bien es cierto que existe una suerte de violencia social, que se encuentra generalizada, el ámbito educativo dispone de herramientas reglamentarias eficaces para cortar de raíz con estos episodios. Las autoridades educativas debieran, de una vez por todas, aplicar políticas enérgicas que destierren hoy a la violencia como inesperada protagonista de la vida escolar.

 

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