“Pantriste” y “Junior”, otros dos episodios escolares trágicos
Edición Impresa | 31 de Marzo de 2026 | 03:29
El homicidio de un estudiante en San Cristóbal reaviva el dolor por episodios similares ocurridos en la provincia de Buenos Aires. Los episodios protagonizados por “Pantriste” en la localidad de Rafael Calzada y “Juniors”, en Carmen de Patagones resurgen luego del último ataque. En aquellas ocasiones, ambos casos dejaron un saldo total de cuatro alumnos fallecidos junto a múltiples sobrevivientes con secuelas.
El 4 de agosto del año 2000, la Escuela de Enseñanza Media N° 9 del partido de Almirante Brown se transformó en el escenario de una tragedia sin precedentes. Javier Ignacio Romero, un joven de 19 años que cursaba el primer año del Polimodal, acudió al establecimiento con un revólver Pasper calibre .22, propiedad de su madre. El victimario sufría acoso escolar constante por parte de sus pares, quienes lo apodaron “Pantriste” por su parecido físico con el melancólico personaje de Manuel García Ferré. Esperó la salida de sus compañeros y les disparó. Los proyectiles impactaron en dos estudiantes ante el pánico generalizado: uno perdió la vida, otro sobrevivió. La Justicia determinó en el juicio oral que el autor no comprendía la criminalidad de sus actos y lo absolvió. Sin embargo, por representar un peligro para la sociedad, el magistrado ordenó su internación psiquiátrica.
Apenas cuatro años después, el 28 de septiembre de 2004, Argentina registró la primera masacre escolar de toda Latinoamérica. El escenario fue la Escuela Media N° 2 “Islas Malvinas” de Carmen de Patagones. Rodrigo Torres, a un mes de cumplir sus 16 años y conocido como “Juniors”, ingresó a su aula y vació el cargador de la pistola Browning 9 milímetros reglamentaria de su padre, un suboficial de la Prefectura Naval. Murieron 3 estudiantes y varios quedaron heridos.
Al tratarse de un menor de edad, los jueces declararon a “Juniors” inimputable. El joven pasó sus primeros años de encierro en un instituto de menores y luego derivó a una clínica psiquiátrica. En la actualidad, su paradero es un secreto absoluto bajo custodia estricta de la Justicia.
Tras este episodio, fue trasladado al Instituto de Menores El Dique, para adolescentes, ubicado en Ensenada, muy cerca de donde luego fue destinado el padre, ya que luego su familia se instaló en un barrio de Punta Lara. Dos años después, fue llevado hacia el neuropsiquiátrico Santa Clara, en la ciudad de San Martín, para finalmente recalar en un clínica para adultos ubicada en La Plata (calle 115 entre 36 y 37).
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