Irán: historia milenaria, identidad persa y poder religioso en el centro de la geopolítica
Edición Impresa | 8 de Marzo de 2026 | 02:04
Cuando se habla de Medio Oriente, suele pensarse en una región culturalmente homogénea. Sin embargo, Irán constituye una excepción importante dentro de ese universo. A diferencia de muchos de sus vecinos, la mayoría de la población iraní no es árabe sino persa, y el idioma oficial es el farsi, una lengua de raíz indoeuropea distinta del árabe. Esa diferencia lingüística y cultural forma parte de una identidad nacional que se remonta a más de dos milenios.
La civilización persa fue durante siglos uno de los centros políticos y culturales del mundo antiguo. Bajo el reinado de Darío I, alrededor del año 500 antes de Cristo, el Imperio aqueménida se convirtió en una de las primeras superpotencias globales y llegó a dominar unos 5,5 millones de kilómetros cuadrados que abarcaban territorios de Asia, África y Europa.
Ese pasado imperial continúa influyendo en la percepción que Irán tiene de sí mismo y en su aspiración a desempeñar un papel relevante en la política regional.
LA REVOLUCIÓN QUE CAMBIÓ EL PAÍS
El sistema político actual de Irán nació en 1979, cuando una revolución popular derrocó al sha Mohammad Reza Pahlavi y puso fin a una monarquía que había gobernado el país durante décadas.
En su lugar se estableció una república islámica basada en la autoridad de líderes religiosos chiitas. Desde entonces, el país combina instituciones republicanas —como presidente, parlamento y elecciones— con una estructura teocrática en la que el líder supremo posee el poder decisivo sobre las principales decisiones del Estado.
Este modelo político, único en la región, define gran parte de la dinámica interna del país y de su política exterior.
EL BASTIÓN DEL ISLAM CHIITA
Irán es el principal referente del islam chiita, una de las dos grandes ramas del islam surgidas tras la muerte del profeta Mahoma en el año 632.
La división se originó en la disputa por su sucesión: mientras los chiitas consideraban que el liderazgo debía recaer en Alí, primo y yerno del profeta, los sunitas sostenían que el sucesor debía ser elegido por consenso entre los creyentes.
Hoy los sunitas representan alrededor del 85 a 90 por ciento del mundo musulmán, mientras que los chiitas constituyen una minoría significativa concentrada principalmente en Irán, Irak y algunas zonas del Golfo.
Esa división religiosa, que se remonta a más de catorce siglos, sigue influyendo en la política regional y en muchas de las alianzas y conflictos que atraviesan Medio Oriente.
UNA SOCIEDAD EDUCADA Y URBANA
Más allá de la imagen de un país cerrado, Irán posee indicadores sociales relativamente altos en comparación con otras naciones de la región.
La tasa de alfabetización se sitúa entre el 89 y el 93 por ciento de la población adulta, fruto de décadas de expansión del sistema educativo y de la educación primaria obligatoria.
Las universidades iraníes cuentan con una presencia importante de estudiantes mujeres y las grandes ciudades albergan una sociedad urbana dinámica, con fuerte participación de jóvenes profesionales.
TENSIONES ENTRE TRADICIÓN Y CAMBIO
Al mismo tiempo, el país vive tensiones internas profundas. El sistema político impone normas religiosas estrictas que regulan distintos aspectos de la vida pública y privada, lo que genera fricciones con sectores sociales que reclaman mayores libertades.
En los últimos años, protestas protagonizadas en gran parte por jóvenes y mujeres han puesto de manifiesto esas tensiones entre tradición, control religioso y demandas de cambio.
Comprender esas contradicciones es clave para entender a Irán: un país atravesado por su pasado imperial, su identidad religiosa y las presiones de una sociedad que busca redefinir su futuro en medio de un escenario regional cada vez más convulsionado.
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