Juana Manuela Gorriti: la primera gran novelista argentina
Edición Impresa | 8 de Marzo de 2026 | 04:15
En 1869, cuando la Argentina todavía buscaba narrarse a sí misma entre los escombros de la guerra de la Independencia y las heridas abiertas de las luchas civiles, Juana Manuela Gorriti escribió El pozo de Yocci, un relato que condensa como pocos el drama íntimo de una patria partida. Publicado años más tarde dentro de sus recopilaciones y hoy recuperado en distintas ediciones, el texto vuelve a poner en primer plano a una autora que no solo fue pionera de la novela en el país, sino también una testigo privilegiada del siglo convulsionado que la vio nacer.
Gorriti murió el 6 de noviembre de 1892 en Buenos Aires, pero su vida había sido, mucho antes, una novela atravesada por la política y el exilio. Hija de José Ignacio de Gorriti, lugarteniente de Martín Miguel de Güemes y varias veces gobernador de Salta, creció bajo el estruendo de las invasiones realistas y el clima enrarecido de las guerras civiles. Durante el período rosista debió exiliarse con su familia en Bolivia, donde se casó con el general Manuel Isidoro Belzú y comenzó a desplegar su talento literario en tertulias de Sucre, Oruro y La Paz. Más tarde, instalada en Lima, hizo de la escritura y la enseñanza su oficio. Su nombre empezó a circular con fuerza tras la publicación de “La quena” en 1845 y de folletines como Peregrinaciones de un alma triste, hasta consolidarse en libros como Panoramas de la vida y Sueños y realidades.
En ese itinerario vital, marcado por la muerte violenta de su esposo y por regresos y partidas forzadas, se inscribe el tono apasionado y elegíaco de El pozo de Yocci. El relato se sitúa en 1814, cuando “la libertad sudamericana había cumplido su primer lustro de existencia entre combates y victorias”. Desde las primeras líneas, la autora construye un escenario donde la épica y la tragedia se entrelazan. La guerra no es solo una sucesión de batallas heroicas; es, sobre todo, el desgarramiento de las familias, la ruptura de los vínculos, el exilio y la maldición que cae sobre hijos y padres enfrentados por bandos irreconciliables.
La escena inicial, en el Abra de Tumbaya, es de una potencia visual notable. Una columna realista atraviesa la quebrada mientras detrás avanza la “emigración goda”: hombres, mujeres y niñas que abandonan la tierra natal entre murmullos de rencor y plegarias.
En las alturas, los guerrilleros patriotas hostigan con fuego persistente. El paisaje jujeño —los cerros que se abren como un anfiteatro, la aridez que sucede al valle fértil— no es mero decorado, sino un personaje más, una geografía que condensa el drama histórico. Gorriti, fiel al romanticismo que compartía con figuras como Esteban Echeverría, José Mármol y Juana Manso, transforma la naturaleza en espejo de las pasiones humanas.
Pero el núcleo emocional del fragmento reproducido late en el vivac patriota. Allí, al calor de las fogatas, se mezclan acentos y procedencias: el bonaerense acicalado, el hombre de la pampa, el santiagueño huraño, el tucumano poético. Es la patria en formación, un mosaico de identidades unidas por el sentimiento nacional. En ese campamento heterogéneo se conversa sobre la muerte del joven capitán Teodoro, caído tras una carga temeraria. La discusión entre el comandante Heredia, que reprende el “ardimiento imprudente”, y el mayor Peralta, que reivindica el cumplimiento del deber, encierra una tensión central del relato: la línea delgada entre el heroísmo y la inutilidad del sacrificio.
Teodoro, desheredado por un padre realista que le negó hasta el apellido, es la encarnación del conflicto íntimo que Gorriti subraya a lo largo de su obra. No hay aquí villanos planos ni héroes sin fisuras; hay jóvenes que rompen con sus familias por una causa, padres que maldicen a sus hijos insurgentes, mujeres arrastradas al exilio. La guerra es sagrada y a la vez devastadora. La patria nace, pero su nacimiento exige un precio que se paga en sangre y en memoria.
Ese énfasis en la tragedia familiar distingue a El pozo de Yocci dentro de la narrativa histórica del siglo XIX. Aunque Gorriti fue unitaria por convicción y origen, su literatura intenta superar la lógica de facciones. Más que celebrar la victoria de un bando, se detiene en el dolor compartido, en la melancolía del regreso imposible, en la pregunta por el sentido del sacrificio. Su prosa, cargada de imágenes y exclamaciones, se mueve entre la épica y la elegía, entre el canto patriótico y la reflexión amarga.
Hoy, cuando su figura vuelve a ser revisitada en estudios y reediciones, El pozo de Yocci confirma la vigencia de una autora que supo narrar el nacimiento traumático de la nación desde una sensibilidad singular. En tiempos en que la historia suele simplificarse en consignas, la voz de Gorriti recuerda que la independencia no fue solo un campo de gloria, sino también un territorio de pérdidas irreparables. Y que, en ese cruce entre la gran historia y el dolor privado, la literatura encontró una de sus primeras y más potentes expresiones femeninas en la Argentina.
El pozo del Yocci
Juana Manuela Gorriti
Editorial: Trapezoide
Páginas: 108
Precio: $22.000
En 1876, cuando Juana Manuela Gorriti abrió las puertas de su casa en Lima para recibir a escritoras, escritores, políticos e intelectuales, no estaba organizando apenas una tertulia elegante al estilo europeo. Estaba, sin saberlo del todo, fundando un espacio de discusión cultural que marcaría un hito en la historia intelectual latinoamericana. Años más tarde, ese espíritu quedaría fijado en un libro singular, híbrido y profundamente político: Veladas literarias de Lima, publicado en 1892 en Buenos Aires, poco después de su muerte.
La obra no es una novela ni un conjunto de cuentos, como podría suponerse tratándose de una autora célebre por su narrativa romántica y sus relatos históricos. Tampoco es un simple volumen de memorias. Se trata de la recopilación de discursos, ensayos, crónicas y textos leídos durante aquellas reuniones realizadas entre 1876 y 1877 en la capital peruana. Las llamadas “veladas” eran encuentros nocturnos en los que se compartían producciones literarias y se debatían ideas sobre el presente y el futuro de América Latina, en una época atravesada por guerras, reorganizaciones nacionales y tensiones sociales profundas.
El libro, editado de manera póstuma, funciona como una suerte de fotografía coral del clima intelectual de fin de siglo XIX. Allí conviven reflexiones sobre la literatura y su función social, discusiones acerca de la identidad americana, análisis políticos y, sobre todo, intervenciones en torno al lugar de la mujer en la sociedad. En ese sentido, Veladas literarias de Lima es tanto un documento cultural como una pieza clave del pensamiento protofeminista en el continente.
Las reuniones organizadas por Gorriti en Lima tenían algo de salón literario europeo, pero también una impronta marcadamente americana. No se trataba de copiar modelos franceses sino de pensar, desde América, los dilemas propios de naciones jóvenes que buscaban consolidarse. En esas veladas se leían textos originales y se discutían cuestiones como la educación femenina, el trabajo de la mujer, la moral pública y la necesidad de construir una cultura nacional autónoma.
En un contexto donde el acceso femenino a la educación superior era limitado y la participación pública de las mujeres estaba severamente restringida, la casa de Gorriti se convirtió en un espacio alternativo de legitimación intelectual. Allí, las mujeres no eran simples oyentes sino protagonistas activas del debate. Esa dimensión es uno de los rasgos más potentes del libro: deja constancia escrita de una práctica cultural que disputaba, de manera elegante pero firme, el monopolio masculino del saber.
Lejos de una trama lineal, el volumen se organiza como una sucesión de intervenciones que dialogan entre sí. Cada texto es una pieza dentro de un mosaico mayor que revela preocupaciones compartidas: la construcción de una ciudadanía ilustrada, el papel moral de la literatura, la necesidad de formar lectores críticos y la urgencia de integrar a la mujer en el proyecto moderno. En ese cruce de voces se percibe la convicción de que la cultura no era un lujo sino un instrumento de transformación social.
La publicación de Veladas literarias de Lima en 1892, el mismo año de la muerte de Gorriti, tiene también un valor simbólico. Es como si la autora hubiera querido dejar testimonio de una experiencia colectiva que excedía su figura individual. Si en vida fue una anfitriona influyente y una narradora reconocida, en el libro aparece además como articuladora de redes intelectuales transnacionales, capaz de conectar Argentina, Perú, Bolivia y otros espacios del mapa latinoamericano.
Con el tiempo, la obra fue leída como una pieza fundamental para comprender la cultura letrada femenina del siglo XIX. No sólo documenta debates sino que exhibe estrategias: cómo intervenir en la esfera pública desde el ámbito privado, cómo convertir una casa en tribuna y cómo transformar una velada social en un acto político. En ese sentido, el libro anticipa discusiones que cobrarían fuerza décadas más tarde en torno a los derechos civiles y educativos de las mujeres.
Hoy, Veladas literarias de Lima puede leerse como una crónica vibrante de una época en ebullición, pero también como un manifiesto implícito. Bajo la apariencia de tertulia refinada late una idea radical para su tiempo: que la palabra compartida, la lectura pública y el intercambio de ideas podían abrir grietas en estructuras rígidas. Juana Manuela Gorriti entendió que la literatura no era sólo un arte sino un espacio de poder. Y en esas noches limeñas, entre lecturas y discusiones, ayudó a redefinir quiénes tenían derecho a ejercerlo.
Veladas literarias de Lima
Juana Manuela Gorriti
Editorial: Eudeba
Páginas: 656
Precio: $24.900
En 1890, cuando ya era una figura consagrada de las letras rioplatenses, Juana Manuela Gorriti sorprendió al mundo cultural con un libro inesperado. No era una novela romántica ni una colección de relatos históricos, géneros en los que había cimentado su prestigio, sino un recetario. Pero Cocina ecléctica no resultó ser un simple manual de instrucciones culinarias: fue, en realidad, una obra literaria disfrazada de libro de cocina y un mapa íntimo de la vida femenina en la América del siglo XIX.
Publicado en Buenos Aires dos años antes de su muerte, el volumen reúne recetas enviadas por amigas, conocidas y corresponsales de distintos puntos del continente. Desde Salta hasta Lima, desde La Paz hasta Montevideo, e incluso con ecos que llegan de París o Nueva York, el libro condensa sabores, técnicas y tradiciones diversas. El adjetivo “ecléctica” no es decorativo: define una propuesta que mezcla regiones, culturas y experiencias en una misma mesa.
A primera vista, el contenido responde a la estructura clásica de un recetario de época. Hay sopas, guisos, empanadas, asados, tamales, salsas, dulces y postres. Platos criollos conviven con influencias europeas en una síntesis que refleja el cruce cultural propio de las jóvenes naciones americanas. Sin embargo, el valor del libro no radica sólo en la variedad gastronómica sino en el entramado humano que lo sostiene.
Cada receta es también una historia. Detrás de las instrucciones aparecen nombres de mujeres, ciudades y situaciones que revelan redes de sociabilidad femenina. En tiempos en que la participación pública de las mujeres estaba limitada y su voz encontraba escasos canales de legitimación, la cocina funcionaba como territorio propio y, al mismo tiempo, como espacio de intercambio cultural. Gorriti entendió que ese saber doméstico tenía una densidad simbólica que merecía ser registrada.
La autora, que años antes había organizado las célebres veladas literarias en Lima, trasladó aquí su vocación de anfitriona al plano editorial. Si en aquellas reuniones la palabra circulaba entre escritoras e intelectuales, en Cocina ecléctica circulan sabores y memorias.
El gesto es similar: reunir, ordenar, dar visibilidad. El fogón se convierte en una tribuna discreta donde se articulan identidades regionales y se construye comunidad.
El libro también puede leerse como un documento histórico. Las recetas revelan modos de producción, ingredientes disponibles, hábitos de consumo y jerarquías sociales. Hablan de una América atravesada por migraciones y por la tensión entre lo local y lo europeo. En esa mezcla de condimentos y técnicas se dibuja un continente que busca su propio gusto, su propia síntesis cultural.
Pero hay algo más profundo en la apuesta de Gorriti. Al publicar un recetario colectivo, legitima un saber tradicionalmente relegado al ámbito privado y lo convierte en objeto editorial. Lo que parecía menor adquiere estatura cultural. La cocina deja de ser sólo una tarea doméstica para transformarse en archivo de experiencias, en relato compartido y en expresión de pertenencia.
Leída hoy, Cocina ecléctica es mucho más que un compendio gastronómico. Es una crónica de afectos y de viajes, un testimonio de la circulación de ideas y costumbres entre mujeres latinoamericanas, y una pieza clave para entender cómo la cultura se construye también desde la mesa. En cada plato sugerido late una historia y, en cada historia, la voluntad de una escritora que supo encontrar en los gestos cotidianos una forma de intervenir en el mundo.
Así, entre recetas y anécdotas, Juana Manuela Gorriti dejó uno de los libros más singulares del siglo XIX rioplatense. Un volumen que demuestra que la literatura puede colarse en los rincones menos pensados y que, a veces, la revolución empieza con una olla al fuego.
Cocina ecléctica
Juana Manuela Gorriti
Editorial: Seix Barral
Páginas: 320
Precio: $18.500
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