Y vivieron felices por siempre: una pareja ya cumplió 59 años de amor

Susana y Osvaldo se enamoraron en los 60 casi de casualidad. Hoy, muchos años más tarde, siguen mostrando su cara más feliz

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Cada mañana Osvaldo sale de la habitación sin hacer ruido, prepara el mate y le lleva desayuno a su enamorada. Le da un besito de buenos días -que suplanta al de las buenas noches- y juntos se sientan en la cama a charlar. Susana, siempre atenta y pispireta, se pone a leer el diario en voz alta para que ninguno se pierda las noticias. Este ritual, lejos de ser casual, es la escena diaria de una pareja que se unió en la década del 60, casi de casualidad y que hoy lleva 59 años compartiendo el amor.

Todo empezó, con algo tan simple como un dolor de oído. Susana Martínez tenía su peluquería pegada a la clínica donde Osvaldo Raimondi trabajaba como médico otorrinolaringólogo, en una Ensenada de otros tiempos, de veredas conocidas y encuentros repetidos. Un día le tocó a ella, cruzar la puerta como paciente, pero lo que parecía una consulta más terminó siendo el inicio de algo distinto, un “flechazo único”. Después vinieron los saludos, las coincidencias en el barrio, las charlas que se estiraban un poco más de lo necesario. Ya no era casualidad: algo empezaba a tomar forma.

El 10 de abril de 1967 decidieron que ese vínculo merecía nombre y proyecto. Se casaron y comenzaron una vida juntos que nunca necesitó de grandes estridencias para sostenerse. Desde el principio fueron distintos, casi opuestos: Susana, inquieta, movediza, con esa energía que la llevaba a querer hacer, comprar, vender, salir; Osvaldo, en cambio, siempre del lado de la calma, de las pausas, de las palabras justas. Durante años, ella habló por los dos y él escuchó sin apuro. Y en esa combinación, lejos de chocar, encontraron un equilibrio que los acompañó toda la vida.

La familia llegó enseguida, casi sin darles tiempo a acomodarse. A los pocos meses nació Darío, el hijo mayor. Después vinieron Marina y, más tarde, Canela, completando una casa donde nunca faltaron las voces, el movimiento y esa sensación de vida compartida en cada rincón. En medio de la crianza, Susana también se dio un gusto pendiente: terminó la secundaria y estudió para ser maestra, un sueño que había quedado trunco en su juventud y que logró recuperar con esfuerzo y decisión.

Quienes conocen de cerca su historia saben que ese encuentro tuvo algo más que amor. Susana había crecido con ciertas ausencias, con carencias afectivas que dejaron marca, y en Osvaldo encontró no solo una pareja, sino también una forma de calma, de cuidado y de presencia que le devolvió mucho de lo que le había sido negado. Tal vez por eso nunca fueron de grandes discusiones. Apenas algún enojo pasajero, una cara de ofensa de ella, algún mate de menos de él. Nada que no se diluyera en lo esencial.

 

Un 10 de abril, pero de 1967, se casaron y comenzaron una vida juntos para nunca separarse

 

Con el paso de los años, la rutina en la casa de la zona de 1 y 60, se fue transformando, pero nunca perdió su esencia. Cuando Osvaldo se jubiló en 1999, ese tiempo compartido se volvió aún más visible en los pequeños gestos: el mate de cada mañana, las charlas sin apuro, los silencios cómodos. A la par, fueron creciendo los hijos, llegaron los nietos - nueve en total - y la casa se llenó de nuevas historias, de visitas, de risas que se sumaron a una vida ya construida.

Hoy, 59 años después siguen diciendo “sí quiero” todos los días / EL DIA

Hoy también están los otros desafíos, los que trae la edad. Las medicaciones, los cuidados, los tiempos más lentos. Pero incluso eso lo enfrentan juntos, como hicieron siempre. Se acompañan, se cuidan, se esperan. Y en ese acompañarse cotidiano siguen sosteniendo la misma lógica con la que empezaron: la de una vida simple, donde el amor no se reclama, sino que se practica.

Para quienes tienen la suerte de rodearlos, Susana y Osvaldo son mucho más que una pareja que lleva 59 años casada. Son la prueba de que, a veces, la felicidad no está en los grandes momentos, sino en la repetición de los pequeños. En un mate a tiempo, en una charla compartida, en un beso que nunca falta. En todo eso que, sin hacer ruido, construye una historia capaz de durar y movilizar toda la vida.

Susana y Osvaldo

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