Hablar inglés cara a cara: encuentros para practicar el idioma y conocer gente en La Plata

Desde reuniones abiertas hasta encuentros guiados, cada vez más platenses eligen espacios informales para mejorar la fluidez y ampliar su red social

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Por FRANCINA LORENZO

florenzo@eldia.com

En La Plata, el inglés salió de las aulas y empezó a funcionar como excusa. Excusa para salir, para conocer gente, para habitar la ciudad desde otro lugar. En bares, cafés o mesas compartidas, lo que circula no es únicamente vocabulario: es sociabilidad. En los últimos años (y con más fuerza después de la pandemia) aparecieron espacios de intercambio lingüístico que operan menos como clases y más como escenas. No hay pizarrón, no hay programa: hay conversación.

El fenómeno no es estrictamente nuevo, pero sí reciente en su masividad local. En términos de adquisición de segundas lenguas, la literatura es bastante clara: la exposición significativa al idioma en contextos reales mejora la fluidez oral más que la instrucción exclusivamente formal. Investigadores como Stephen Krashen sostienen que el input comprensible en contextos relajados es central para adquirir una lengua; más recientemente, estudios en psicología del aprendizaje remarcan el rol de la interacción social y la reducción de la ansiedad como variables clave para destrabar la producción oral. Lo que está pasando en La Plata parece alinearse con eso, aunque no haya sido diseñado desde la teoría.

Nicolás Montanari, estudiante de informática en la UNLP, llegó a estos encuentros por necesidad. “Los propios obstáculos de mi carrera me llevaron a profundizar en el inglés”, explica. Lo que empezó como una búsqueda instrumental terminó derivando en algo más amplio: hoy junto con Andrés Rashti, estudiante de relaciones internacionales en la Universitat Oberta de Catalunya, son los managers de esta ONG en la ciudad. “En mi experiencia, mucha gente llega sola y hace amigos ahí. Hay de hecho entusiastas de estos eventos que arman grupos y se encuentran en todos los eventos, como una actividad más de la semana. El ambiente es muy amigable, nadie juzga por el nivel que se pueda tener o no en un idioma”, cuenta. La escena es concreta: jueves a la noche, una mesa con banderas, personas que se acercan, se identifican por idiomas y empiezan a hablar. El dispositivo es simple pero eficaz: reduce la fricción inicial, facilita el contacto, elimina la excusa del “no sé cómo empezar”.

 

Una mesa con banderas, personas que se acercan, se identifican por idiomas y dialogan

 

El dato no es menor: la mayoría no va a “aprender” en el sentido clásico. Va a practicar. O, más precisamente, a hacer uso del idioma. “La gente no ve el evento como una forma de estudiar un idioma en sí, sino como un complemento para practicar uno o más idiomas y, de paso, hacer amigos en el camino”, dice Nicolás.

Silvia Rodríguez, contadora, llegó al mismo punto desde otro lugar. “Dominaba la gramática pero me costaba hablar”, dice. No encontró espacios dedicados exclusivamente a la conversación y no esperó; decidió crearlos ella misma: The English Xperience. Su grupo, mayoritariamente adultos, funciona con una lógica distinta pero un diagnóstico similar: el problema no es el conocimiento, es la performance. Son encuentros de tres horas donde se charla sobre temas de interés, guiados por una profesora, pero sin estructura de curso. “La idea es que practiquen casi sin darse cuenta, mientras incorporan vocabulario y expresiones reales en un contexto social. Todo sucede alrededor de un café y algo rico para compartir, lo que convierte la experiencia en una tarde entre amigos… pero en inglés”.

 

Hay profesionales, docentes y personas que necesitan practicar el idioma por trabajo o viajes

 

El perfil del público que describe es variado: profesionales, docentes, personas que necesitan el idioma por trabajo o viajes, y también profesores que buscan correrse del rol habitual. “Se organizan por niveles para que todos se sientan cómodos, pero el foco no está en corregir sino en animarse”, agrega. Esa dimensión más personal (la vergüenza, la timidez) aparece todo el tiempo en quienes participan: cuando baja esa barrera, hablar se vuelve mucho más fácil.

Algo similar plantea Gisel Lovotti, profesora de inglés, dueña y directora de English Time. Junto con Fernanda Guillen y Gabriela Maceira (directoras de Tools Idiomas), organizan encuentros tipo “coffee and conversation”. “Es importante que sepan que no importan los errores sino el poder comunicarse cada uno en su propio nivel”, sintetiza. La fórmula se repite con variaciones: café, conversación guiada, temas abiertos, tiempo para hablar. No hay evaluación, no hay progreso medido en unidades: hay continuidad en la práctica.

Lo interesante es que estos espacios no compiten directamente con la enseñanza tradicional; la rodean. Funcionan como una capa intermedia entre el aula y el uso real del idioma. Desde un punto de vista metodológico, podrían pensarse como entornos de práctica de baja presión que favorecen la automatización del habla. Desde un punto de vista social, como microcomunidades que reorganizan la experiencia urbana: gente que no se conoce, pero comparte una lengua en proceso.

 

Desde un punto de vista metodológico, podrían pensarse como entornos de práctica

 

Detrás de esa dinámica aparece una lógica compartida con el resto de las propuestas: no reemplazar la enseñanza formal, sino complementarla desde otro lugar. “Porque es una experiencia diferente en la cual se puede dialogar y compartir un grato momento con otras personas mientras se practica el idioma. Muchos lo eligen ya que no cuentan con tiempo de realizar cursos regulares y esta propuesta acerca a las personas a hablar en inglés de una manera cálida y relajada, sin presiones”.

Hay, además, otro elemento que aparece en todos los testimonios: la dimensión de pertenencia. Para quienes llegan a La Plata a estudiar o trabajar, estos encuentros operan como dispositivos de integración. “Nuestra idea es que sirva de soporte a todas las personas que llegan a La Plata a estudiar o a vivir y no tienen familiares o amigos en la ciudad”, dice Nicolás. El idioma, en ese sentido, es secundario: lo central es el vínculo.

No es casual que el formato sea abierto y flexible. La lógica no es la de la institución sino la del encuentro. Y eso, en un contexto donde el tiempo escasea y las formas tradicionales de sociabilidad están en transformación, tiene un valor específico.

 

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