La IA se metió en las aulas de la Región y nadie sabe cómo frenarla

La inteligencia artificial crece de forma acelerada en los colegios y escuelas de La Plata, con estudiantes que la adoptan de forma masiva y docentes que reclaman capacitación y reglas claras

Edición Impresa

El aula ya no es el mismo territorio silencioso de hace apenas unos años. En el Gran La Plata —ese entramado que une a La Plata, Berisso y Ensenada— la irrupción de la inteligencia artificial empezó como un murmullo entre estudiantes curiosos y hoy se convirtió en un fenómeno extendido que atraviesa pizarrones, trabajos prácticos, reuniones docentes y hasta conversaciones de padres. Lo que antes era una herramienta lejana, asociada a grandes empresas tecnológicas, se volvió cotidiana: aparece en la pantalla de un celular durante una tarea escolar, en la computadora de un docente que arma una clase o en un grupo de vecinos que busca ordenar reclamos urbanos con nuevas herramientas.

La integración de la inteligencia artificial en la región dejó de ser una promesa tecnológica para convertirse en una realidad concreta, aunque desigual. Avanza a dos velocidades: una marcada por la rápida adopción de los estudiantes y otra, más lenta y cargada de incertidumbre, protagonizada por las instituciones educativas y los docentes. En ese desfasaje se configura un mapa de tensiones éticas y pedagógicas que atraviesa todos los niveles, desde la escuela primaria hasta las facultades de la Universidad Nacional de La Plata.

El crecimiento, además, tiene un punto de inflexión claro: la irrupción de herramientas de inteligencia artificial generativa desde 2023 y 2024. A partir de ese momento, el uso se expandió de manera acelerada, aunque sin estadísticas locales completamente sistematizadas. La evidencia surge de encuestas nacionales, estudios provinciales y experiencias institucionales: los alumnos adoptaron estas tecnologías con rapidez, mientras que los docentes avanzan de manera más cautelosa y demandan formación urgente.

Los datos ayudan a dimensionar el fenómeno. A inicios de 2026, se estima que cerca del 60% de los estudiantes de nivel secundario y superior en la región ya utiliza inteligencia artificial para resolver tareas, resumir textos o comprender contenidos complejos. A nivel más amplio, informes con participación de UNICEF y UNESCO indican que el 76% de niños y adolescentes conoce estas herramientas y que más de la mitad ya las utilizó, mientras que dos de cada tres las emplean directamente en trabajos escolares.

Docentes en transición: entre la herramienta y la incertidumbre

En ese contexto, los docentes aparecen como protagonistas de una transición compleja. Aproximadamente el 68% afirma haber experimentado con alguna herramienta de inteligencia artificial en su práctica profesional, aunque solo un 19% lo hace de manera habitual. La distancia entre el interés y el uso efectivo revela una barrera clara: la falta de formación específica.

El reclamo es contundente. Casi el 80% del plantel docente de la región demanda capacitación urgente y obligatoria, al considerar que los recursos disponibles no alcanzan para incorporar la IA de forma segura y pedagógicamente significativa. Estudios de la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires muestran además que la adopción es desigual y que persisten dudas éticas y metodológicas.

En muchas aulas, esa carencia se traduce en incertidumbre cotidiana. Encuestas como la de la Asociación de Institutos Privados de Educación Argentina revelan que más del 50% de docentes y directivos percibe que los estudiantes usan IA con frecuencia, pero solo dos de cada diez escuelas cuentan con protocolos claros. La mayoría de los educadores no recibió formación específica.

Las escenas locales refuerzan ese diagnóstico. En La Plata, docentes expresaron públicamente su preocupación por la falta de marcos regulatorios y la sensación de que los alumnos avanzan “a la deriva”. En paralelo, especialistas como Fabio Tarasow sostienen que la IA puede ser un “copiloto pedagógico”, siempre que exista una estrategia formativa que acompañe su uso.

Estudiantes hiperconectados: aprender o delegar

Del otro lado del aula, los estudiantes adoptaron la inteligencia artificial con una velocidad que redefine las reglas del juego. Para muchos, no se trata de una innovación, sino de una herramienta más dentro de su vida digital. La utilizan para resolver tareas, generar ideas, resumir textos y prepararse para exámenes.

Ese uso intensivo instala uno de los debates más sensibles: si la IA potencia el aprendizaje o lo reemplaza. Mientras algunos destacan su capacidad para ofrecer explicaciones personalizadas, otros advierten que puede fomentar una dependencia que debilite la autonomía intelectual y el pensamiento crítico.

En escuelas primarias del Gran La Plata, el uso todavía es incipiente y ocurre mayormente fuera del aula, lo que abre discusiones sobre si introducir estas herramientas como parte de la alfabetización digital temprana. En secundarias, en cambio, la adopción es masiva y transversal a todas las materias.

Frente a este escenario, algunas instituciones comenzaron a ensayar respuestas. Talleres de uso responsable, propuestas de pensamiento crítico sobre algoritmos y experiencias de formación técnica —como las desarrolladas en escuelas de La Plata y Berisso con apoyo de la Universidad Nacional de La Plata— buscan integrar la tecnología en lugar de negarla.

Evaluar en tiempos de automatización

En institutos superiores, terciarios y facultades, el debate se desplaza hacia la evaluación y el perfil profesional. La producción automatizada de textos ya forma parte del repertorio estudiantil, lo que obliga a revisar prácticas tradicionales.

La pregunta central es qué se evalúa cuando la inteligencia artificial puede intervenir en el resultado final. Surgen alternativas como evaluaciones orales, trabajos con procesos verificables o consignas que integren explícitamente el uso de IA. Algunas instituciones incluso avanzan en normativas internas.

En la Universidad Nacional de La Plata, el tema ya forma parte de la agenda académica. Espacios como mesas interdisciplinarias de IA, jornadas de formación y propuestas como la diplomatura de posgrado en inteligencia artificial y educación buscan abordar el fenómeno desde una perspectiva crítica e integral.

La investigadora María Alejandra Zangara advierte que el eje no debería ser prohibir o permitir, sino enseñar a “pensar con la herramienta”. El consenso emergente es que la IA debe potenciar la creatividad y el pensamiento crítico, no sustituirlos.

Escuelas y territorio: experiencias concretas en Berisso y Ensenada

Más allá de los grandes debates, en el territorio empiezan a multiplicarse experiencias concretas. En Berisso, la Escuela Técnica N° 2 impulsó charlas sobre inteligencia artificial aplicada al mundo laboral y participó en talleres de extensión universitaria. También se desarrollaron propuestas formativas específicas para docentes, orientadas a integrar estas herramientas en el aula.

En esa misma línea, iniciativas como “La inteligencia artificial generativa en la escuela” o materiales producidos por docentes locales buscan traducir la discusión teórica en herramientas prácticas. Son intentos de dar respuesta a una demanda urgente que todavía no encuentra un marco institucional consolidado.

En Ensenada, el debate también se abrió al público general. Espacios como el Centro Educativo de Arte y Tecnología organizan charlas abiertas bajo consignas que invitan a problematizar el alcance real de estas tecnologías. Allí, la inteligencia artificial deja de ser un tema exclusivo de especialistas y se convierte en una conversación social.

Estas experiencias muestran que, aunque la regulación avance lentamente, el territorio ya está en movimiento. Escuelas, institutos y espacios culturales comienzan a construir respuestas propias frente a un fenómeno que no espera definiciones formales.

Más allá del aula: vecinos, territorio y nuevas formas de uso

El fenómeno no se agota en el sistema educativo. En el plano social, el uso de la inteligencia artificial entre los vecinos del Gran La Plata muestra una tendencia marcadamente instrumental. La mayoría la emplea para tareas operativas, sin una apropiación crítica que transforme su participación en el espacio público.

Relevamientos locales indican que apenas alrededor del 4% de la población utiliza estas herramientas para producir contenidos o intervenir activamente en iniciativas comunitarias. La brecha no es de acceso, sino de uso significativo.

Sin embargo, la creciente oferta de charlas abiertas, talleres y actividades de extensión —muchas de ellas impulsadas por la Universidad Nacional de La Plata— sugiere un cambio en curso. La inteligencia artificial empieza a ser pensada también como una herramienta de ciudadanía.

En ese cruce entre educación y comunidad, se juega una parte clave del futuro: si la IA será solo un recurso técnico o también una herramienta para fortalecer la participación social y reducir desigualdades.

Un cambio en curso sin reglas claras

El escenario que se configura en el Gran La Plata durante 2026 es el de una transformación en pleno desarrollo. La inteligencia artificial crece de manera acelerada, pero lo hace en un terreno donde las reglas todavía no están del todo definidas.

Las escuelas reclaman protocolos claros, normativas específicas y orientación pedagógica. Solo una minoría de instituciones cuenta hoy con lineamientos formales, lo que deja a docentes y estudiantes en una zona gris donde predominan la improvisación y la experimentación.

En paralelo, emergen preocupaciones sobre privacidad de datos, sesgos algorítmicos, deshonestidad académica y brecha digital. La tensión entre innovación y regulación atraviesa todo el sistema educativo y se proyecta hacia la sociedad en su conjunto.

En ese equilibrio inestable, el Gran La Plata funciona como un laboratorio a cielo abierto. Lo que ocurre en sus aulas, facultades y barrios no es un fenómeno aislado, sino un anticipo de una discusión más amplia: cómo educar en una época en la que el conocimiento ya no circula solo entre personas, sino también a través de máquinas, y donde el desafío no es frenar la inteligencia artificial, sino aprender a usarla con sentido crítico, ético y colectivo.

La educación en shock: la inteligencia artificial ya redefine quién aprende y cómo

El fenómeno abre un debate urgente sobre cómo enseñar, evaluar y aprender en las escuelas

 

Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE