Rescatando a Polosecki: “La vereda de la sombra”, retrato de un periodista de culto que caminó la calle
Edición Impresa | 17 de Abril de 2026 | 01:52
Pedro Garay
pgaray@eldia.com
“Polo no es Fabián Polosecki”, lanza Gustavo Alonso, que en 2005, casi 10 años después de la muerte del Polo, estrenó “La vereda de la sombra”, documental sobre la figura del periodista que marcó un tiempo con su programa “El otro lado”. Pero Polo no era Polosecki, insiste: el que salía en la tevé era un personaje, y a la vez “una construcción colectiva de un grupo de amigos realizadores”.
Ese grupo de amigos y allegados presta su testimonio en el documental de Alonso, uno de los “rescates” de este Bafici, y recuerda a Fabián mientras recuerda aquella década, aquella televisión, aquel periodismo que recorría, a pie, los márgenes, encontrando en los bordes historias invisibles. Siempre, el guía era Polo, el personaje, guiando el relato casi como un detective noir de sobretodo, inspirado en Enrique Symns y su exploración de los bajos fondos.
“Bafici es un mundo muchas veces criticado por snob, por posmoderno: está bueno que el periodismo social que hacía Polosecki se cruce con eso”, dice el platense Alonso sobre esta reposición de su película (se proyecta lunes y miércoles en el porteño Cine Arte Cacodelphia), su primer documental. Lo hizo con las herramientas de Polo: indagando en la historia detrás del personaje a través de un personaje, el propio Polosecki, que revive a través del frondoso material de archivo filmado en aquellos años para buscarse a sí mismo.
“Cuando la volvimos a ver, sentimos que la película no había envejecido tanto: creo que es producto de que el tipo de contenido que hizo Polo en televisión no evolucionó, quedó esa experiencia de periodismo documental, y si bien en su momento se imitó mucho, Juan Castro, ‘Ser urbano’, el periodismo audiovisual lo olvidó”, sentencia el realizador local. En ese sentido, afirma, “siento a Polo mucho más cercano a ‘Pizza birra faso’, ‘Bolivia’ o ‘Mundo grúa’, más cercano al cine de ese momento. Y dialoga mucho más con el furor de la crónica periodística, Anfibia, Leila Guerriero, se parece mucho más a eso. Y no es casual: él venía del periodismo escrito”.
En el mundo periodístico, sin embargo, no encuentra continuidad. Quizás aquel Polo dialoga con algunos youtubers cronistas, aunque ellos, dice, hacen contenidos “medio sobre el pobrismo y la marginación”, en esas internaciones algo sensacionalistas en barrios populares. “Polo no buscaba espectacularidad”.
- ¿Por qué, en ese momento, pensaste en hacer este documental?
- Bueno, iba a ser parte de un tríptico sobre los medios, yo lo llamaba ampulosamente “Historia de los medios”: la primera parte iba a ser la Revista Crisis en los 70, la segunda, Radio Belgrano en los 80, en democracia, y la tercera, Polosecki en los 90. Era una manera de contar la sociedad a través de un medio emblemático. Y cuando arranco con Polo me di cuenta de que en él se concentraba la influencia de esos movimientos anteriores: provenía del PC, el grupo había estudiado en la Escuela de Cine de Avellaneda, alguno había trabajado en Radio Belgrano cuando le decían Radio Belgrado. Me empezó a fascinar ese personaje, y ahí empecé a seguir el misterio de su muerte, cuando empecé a investigar, hacía 5 años que se había suicidado, y había muchos enojos… Porque hay algo de lo inexplicable, algo culpabilizador hacia un personaje que no se termina de definir en la película, porque hay algo patológico, pero hay algo de lo inexplicable. Algunos dicen en la película que el límite fue cuando Polosecki pensó que era Polo: no quedó en la película, pero Carlos Polimeni, que lo conoció bastante, dice que uno puede ser Roberto Sánchez y cada tanto ser Sandro, ponerte la bata y que te griten, o podés ser Carlos García Moreno y ser Charly García y no poder despegarte nunca de eso. Ahí había una bisagra para ir hacia donde queríamos ir: no queríamos hacer algo necrológico, no quería hacer un homenaje al caído, quería ir por otro lado. Y así es que llegamos a la idea de que Polo se cuente a sí mismo, usar su mismo mecanismo.
“El periodismo audiovisual olvidó a Polosecki. Yo siento que estaba mucho más cerca de ‘Pizza birra faso’, ‘Bolivia’ o ‘Mundo grúa’, más cerca del cine de ese momento”
Gustavo Alonso, director de “La vereda de la sombra”
- Usás el propio mecanismo de sus programas, esa narración a través de un personaje, un guía, en el documental. Más allá del guiño, ¿encontrabas además un valor periodístico o cinematográfico en el recurso?
- Absolutamente. La potencia de que el programa era la historia de alguien que sale a buscar historias me sirvió para articular, para poder contar su historia de la mano de él. Era sencillo hacer como que seguíamos a un periodista. O al mito, aunque no sé si era tanto un mito en ese momento: cuando se estrenó, Polo empezaba a ser diluido por los 30 años del golpe. Polo no era Walsh, no era Urondo, hasta se había ido del PC siendo una joven promesa. Entonces ni siquiera era un mito periodístico hasta que no pasó el tiempo. Pero había valor en eso que hacía: es todo callejero. Hoy los canales se jactan de estar 24 horas al aire, pero están siempre metidos en un estudio gigantesco, y te dicen con altura cómo viaja la gente… ¿En qué momento se cruzan con la realidad? Polo, para construir la estructura, estaba todo el tiempo en movimiento, en los barrios, en las redacciones. Al final ya hacía programas con cualquier cosa, sin saber demasiado de qué trataba el programa, el programa era él buscando. Y los programas esos todavía hoy funcionan perfecto, ¿cómo no se siguió haciendo?
- Bueno, en el documental, en un momento un crítico plantea que dejó de funcionar porque era muy lento para la televisión de su era. Hoy parece que, al contrario, ese contenido que sería muy valorado…
- En esa época se quejaban de los tiempos cinematográficos del programa, también de que los tiempos para filmar eran largos... Y sí, tiene un tempo cinematográfico, como decía antes. Un tempo distinto para lo que era la televisión, una televisión de todos modos que en ese momento experimentaba bastante: Polo salía los viernes a las 23, a las 22 estaba “El palacio de la risa” con Gasalla, Tortonese, Juana Molina. Y los sábados estaba Caloi. Había algo ahí de poder explotar: al canal le importaba cortar la manzana y listo, y alrededor había espacio, y estos formatos además eran muy baratos.
- El bajo costo tenía que ver con la tecnología para filmar que se volvió más accesible, también más transportable, y ahí también aparece un hilo que lo une al Nuevo Cine Argentino. Pero sobre todo, me parece, en los temas: Polo y el NCA parecen haber captado ese clima previo al estallido.
- Sí, absolutamente. Había toda una puesta en escena policial, pero que tenía que ser una decisión de producción: iban con una camarita dos o tres para no llamar la atención. Y en la vena del policial negro, recorrían eso que ya se empezaba a caer a la mierda. Ese mismo grupo cuatro años antes de estar en televisión se la pasaba en Calle Corrientes, con titiriteros, poetas, cada tanto caía la policía y se los llevaba… Había algo de darse el gusto con lo mínimo posible. Y ese grupo de amigos terminó encontrando una grieta por la que entró a la televisión, y de hecho, sacando a su primer productor, el resto no sabía hacer televisión, venían de estudiar cine. Y eso fue parte de lo bueno de eso. Hoy, la figura de Polo otra vez pega con el contexto, con este presente, pero no se si hay nuevos “Polos” frente a este contexto: las condiciones de producción no lo hacen posible en televisión, pero los youtubers podrían. Pero todos van hacia el humor, todo es chistoso. Hoy las condiciones de producción son mucho más sencillas, y para dialogar con este presente caótico seguimos citando a Polo: veo estudiantes de Comunicación que tienen su iPhone y no hacen nada con eso, una cosa rara, así que les mostramos esos materiales, para entusiasmarlos.
- Decís que hoy lo que se produce va al humor, a lo llamativo, algo que se conecta con esta idea de “lentitud”, creo. Si todo va a lo llamativo, ¿faltan hoy los silencios de Polo? ¿Falta esa lentitud?
- Más bien falta la reflexión. Porque en realidad no hay nada más lento que “Gran Hermano”, echan a alguien una sola vez por semana… No tiene que ver con el tiempo del relato, sino con el tipo de relato. No es que un nuevo Polo no esté al aire por su lentitud, no está al aire por la falta de tiempo para reflexionar de las cosas.
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