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Temas |EN DIAGONAL 74 Y 45

Un “palimpsesto arquitectónico”: la torreta que corona una esquina platense

Entre escamas de arcilla, ménsulas con volutas y ojos de buey, un edificio de finales del siglo XIX guarda en su cúpula una síntesis del academicismo francés y de la identidad platense. Las imágenes de Rocío Rosenfeld, fotógrafa y arquitecta local, y la voz de la arquitecta especialista Malena Carranza

Un “palimpsesto arquitectónico”: la torreta que corona una esquina platense

Una cúpula con escamas rojizas, uno de los elementos del edificio histórico / Rocío Rosenfeld

19 de Abril de 2026 | 03:56
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En la convergencia de diagonal 74 y calle 45, uno de los cruces más evocadores del casco histórico de La Plata, emerge un edificio que parece estar detenido en el tiempo. Su torreta de esquina -ese volumen octogonal coronado por una cúpula de escamas rojizas y rematado por una veleta de hierro forjado- no es solamente un hito visual del barrio.

Para la arquitecta Malena Carranza, integrante de Capbauno (Colegio de Arquitectos de la Provincia de Buenos Aires Distrito 1), una pieza clave para entender cómo se construyó la ciudad a lo largo de las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX.

“Esta cúpula es un ejemplo perfecto de cómo los estilos no siempre son puros. Es una estructura de inspiración del academicismo francés -esa corriente artística y arquitectónica dominante en el siglo XIX, regida por la Académie des Beaux-Arts de París- pero con un acabado material que la acerca al pintoresquismo o a un neorrenacimiento más rústico”, detalló en diálogo con EL DIA.

A su vez, las imágenes capturadas entre árboles y atardeceres, corresponden a Rocío Rosenfeld, arquitecta y fotógrafa ganadora del concurso que ofrece este diario, “Tu mirada tiene premio”.

ESPÍRITU PLATENSE

La convivencia de influencias no es casual ni tampoco una imperfección. Refleja, más bien, el espíritu de una época en que La Plata vivía un período de gran efervescencia urbana y cultural. Fundada apenas en 1882, la ciudad crecía a un ritmo acelerado y sus constructores —muchos de ellos inmigrantes europeos— traían consigo el repertorio formal de sus países de origen, combinándolo con los materiales disponibles localmente y con las aspiraciones de una burguesía local que buscaba diferenciarse. “Las cúpulas se convirtieron en un recurso arquitectónico destacado, utilizado especialmente para jerarquizar las esquinas, otorgándoles visibilidad y carácter en el trazado urbano”, explicó Carranza.

Más allá de su evidente valor estético, estas estructuras cumplían una función social bien precisa.

“Simbolizaban el progreso económico y social de la burguesía argentina, que buscaba expresar su prosperidad a través de la arquitectura. La presencia de una cúpula no solo embellecía el edificio, sino que también contribuía a valorizar la propiedad, convirtiéndose en un signo de prestigio y modernidad”, advirtió la profesional.

Tal fue el impacto de este recurso que no tardó en propagarse más allá de los edificios ubicados en esquinas. Pronto, propietarios con terrenos en mitad de cuadra también comenzaron a incorporar cúpulas a sus construcciones, siguiendo una lógica que combinaba el prestigio social con el deseo de participar del nuevo perfil urbano que estaba emergiendo. De este modo, las cúpulas pasaron a ser parte constitutiva del skyline platense, ese horizonte bajo y ornamentado que todavía hoy sorprende a quienes lo recorren por primera vez.

La Catedral de Salamanca en España, un ejemplo arquitectónico / José Luis Filpo Cabana, Wikipedia

UN CATÁLOGO DE ELEMENTOS

Lo que hace especialmente valiosa a la torreta de diagonal 74 y 45 es la cantidad y variedad de elementos compositivos que reúne en un espacio relativamente acotado. Carranza los analizó uno por uno con la precisión de quien conoce el oficio y la historia que hay detrás de cada detalle.

La cúpula de escamas es quizás el elemento más llamativo. Fabricadas en arcilla cocida, con un tono rojizo terroso, las tejas curvas dispuestas en canales y cobijas remiten directamente al románico de la cuenca del río Duero, en España, donde iglesias como San Juan de Duero en Soria o las numerosas construcciones de Zamora tienen cubiertas similares. Pero su presencia en La Plata no es una importación directa de ese lenguaje medieval: es una reinterpretación doméstica, más liviana y menos monumental, que adoptó la forma porque resultaba local, económica y térmicamente eficiente. La referencia más cercana como modelo tipológico es la Torre del Gallo de la Catedral Vieja de Salamanca, cuyas escamas pétricas sirvieron de inspiración a toda una tradición constructiva que el academicismo europeo del siglo XIX retomó y adaptó.

Las ménsulas que recorren el perímetro de la torre en su zona de transición entre el cuerpo y la cubierta son otro elemento de lectura rica. Estructuralmente, ya no son necesarias -el hormigón y el hierro sostienen el peso sin necesidad de apoyos adicionales- pero se mantienen por tradición estética.

“En el Academicismo, la ménsula ya no cumple una función estructural, pero se conserva para que el ojo sienta que el techo tiene un apoyo”, señaló Carranza. En este caso, las ménsulas están rematadas por volutas -esas espirales que provienen directamente del capitel del orden jónico griego- y se distribuyen rítmicamente en cada ángulo del polígono, suavizando la transición entre la vertical de los muros y el plano inclinado de la cúpula, al tiempo que generan claroscuros que dotan al conjunto de volumen y tridimensionalidad.

Los ojos de buey -esas ventanas circulares u ovaladas- completan el vocabulario compositivo de la parte alta del edificio. Su función original era práctica: ventilar e iluminar los espacios de las mansardas o altillos sin romper la elegancia de la fachada. Su popularización en el barroco y su apogeo en el academicismo francés los convirtieron en un signo de distinción casi universal. En la torreta platense aparecen integrados con naturalidad, como parte de una sintaxis ornamental que también incluye guirnaldas y volutas talladas sobre las aberturas: detalles que buscan, según la arquitecta, “el movimiento y el juego de sombras, que crean una fluidez que recuerda al Barroco”, indicó.

El remate de la composición corresponde a la veleta y el pararrayos de hierro forjado que coronan el eje de simetría de la torre. Con sus detalles ornamentales y puntas estilizadas, son el tipo de terminaciones en metal que aparecen en villas y edificios públicos de influencia europea, usadas para señalar el norte y para marcar con un gesto vertical el punto más alto de la construcción. En este edificio, ese gesto tiene algo de aguja gótica secularizada: no apunta al cielo en nombre de lo sagrado, sino en nombre del gusto, del progreso y de la identidad de una ciudad que se estaba inventando a sí misma.

Tamorlan, Wikipedia

INFLUENCIAS Y UNIDAD DE PAISAJE

Uno de los aspectos que Carranza subrayó es que el eclecticismo que se observa en esta torreta no es una característica aislada, sino la norma de la arquitectura platense del período.

“Las cúpulas platenses no responden a una única corriente arquitectónica. Por el contrario, reflejan una rica diversidad de influencias que convivieron y se fusionaron en ese período. Entre ellas se destacan elementos de inspiración árabe, española y rusa, combinados con el ‘art nouveau’”, explicó Carranza.

El resultado es una Ciudad con una identidad visual propia, difícil de reducir a un solo estilo, pero reconocible en su conjunto como algo que pertenece a un tiempo, un lugar y una comunidad específicos.

El edificio de diagonal 74 y 45 tiene, en ese sentido, el valor de un documento.

Sus muros pintados en rosa, sus escamas rojizas, sus volutas y sus ojos de buey hablan de una ciudad que en sus primeras décadas de vida apostó por la belleza como política urbana, por la ornamentación como lenguaje democrático -copiado y adaptado por propietarios de todos los estratos-, y por la esquina como el lugar donde la arquitectura debía hacer su mejor esfuerzo. Que esa torreta siga en pie, que siga siendo visible desde la calle, es también una responsabilidad colectiva.

El patrimonio no se preserva solo: requiere conocimiento, voluntad y, sobre todo, la capacidad de ver en esas piedras y tejas algo más que decoración. Una historia. Una identidad. Un modo de estar en el mundo.

DATO
Las cúpulas platenses no responden a una única corriente arquitectónica. Reflejan una rica diversidad de influencias que convivieron y se fusionaron.
DATO
La obra es una interpretación doméstica, más liviana y menos monumental, que adoptó la forma porque resultaba local, económica y térmicamente eficiente.

 

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