Drones narco sobre las cárceles: celulares y drogas caen del cielo
Edición Impresa | 2 de Abril de 2026 | 02:30
La escena ocurrió en silencio, en una calle residencial de Londres, poco antes de las tres de la madrugada. Un sedán se detuvo por unos instantes y de él descendió un hombre. Las cámaras de seguridad de la zona captaron cada movimiento. El sujeto recogió del suelo un pequeño dispositivo, lo encendió y, en cuestión de segundos, el aparato comenzó a elevarse. Poco después se perdió en la oscuridad del cielo.
No era un juguete ni un simple dron recreativo. El dispositivo llevaba un paquete ilegal que tenía como destino una de las prisiones más grandes de Gran Bretaña.
Ese tipo de operaciones, que hace algunos años parecían escenas de ficción, hoy forman parte de una modalidad criminal cada vez más extendida.
El hombre que pilotaba ese dron era Shafaghatullah Mohseni, de 29 años. La justicia británica lo identificó como el líder de una organización dedicada a introducir contrabando en cárceles mediante vuelos nocturnos.
Según la investigación judicial, la red realizó cerca de 140 entregas ilegales a nueve prisiones de Inglaterra entre diciembre de 2024 y febrero de 2025, cuando finalmente fue desarticulada.
Los paquetes transportaban distintos tipos de artículos prohibidos: drogas, teléfonos móviles, cargadores, tabaco y armas blancas. Por cada envío, los miembros de la banda cobraban dinero a los propios reclusos o a personas de su entorno.
El negocio resultó extremadamente rentable. Las autoridades estiman que Mohseni llegó a recibir cerca de 27.000 libras esterlinas por estas operaciones antes de ser arrestado.
UN SISTEMA DE “DELIVERY” ILEGAL
Para los investigadores, el esquema funcionaba casi como un servicio clandestino de reparto.
Los presos realizaban pedidos utilizando teléfonos ocultos dentro de la prisión o a través de intermediarios. Luego, familiares o conocidos efectuaban los pagos desde el exterior.
Una vez confirmada la operación, los paquetes se enganchaban a drones comerciales y se enviaban a lugares previamente acordados dentro del penal, como patios de ejercicio o ventanas de celdas.
Dentro de la cárcel, esos artículos alcanzaban precios exorbitantes. Los especialistas calculan que podían venderse entre cinco y diez veces más caros que en el exterior.
UN FENÓMENO QUE CRECE
El uso de drones para introducir contrabando en cárceles se ha convertido en un problema creciente para el sistema penitenciario británico.
Las cifras oficiales muestran que los avistamientos de drones en prisiones de Inglaterra y Gales se dispararon en los últimos años. En el registro más reciente se contabilizaron más de 1.700 incidentes en un solo año, un récord desde que comenzaron a detectarse estos dispositivos cerca de los penales en 2014.
Sin embargo, expertos y funcionarios creen que la cifra real podría ser considerablemente mayor, ya que muchos vuelos se realizan durante la noche y pasan inadvertidos.
El contrabando dentro de las cárceles siempre existió, pero los drones han multiplicado su alcance y su eficacia.
Funcionarios del sistema penitenciario advierten que en algunos envíos se encontraron machetes introducidos mediante estos dispositivos, lo que aumenta el riesgo de violencia dentro de los establecimientos.
Para muchos guardias, el temor es claro: que en el futuro cercano se intente ingresar incluso armas de fuego.
LA CARRERA PARA FRENAR EL CONTRABANDO AÉREO
Ante el crecimiento del problema, el gobierno británico comenzó a buscar soluciones tecnológicas.
En algunas cárceles ya se instalaron redes sobre patios y sectores abiertos para impedir que los drones arrojen paquetes. También se reforzaron las ventanas de las celdas y se estudian sistemas capaces de detectar o neutralizar estos dispositivos.
Mientras tanto, la policía intensificó los patrullajes en las zonas cercanas a las prisiones, con la esperanza de identificar a los pilotos antes de que los drones despeguen.
Porque una vez que el aparato ya está en el aire, detenerlo resulta mucho más difícil.
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