Rusia apura a las mujeres para que tengan hijos

La propuesta de enviar a psicoterapia a quienes no quieren ser madres genera críticas y expone problemas económicos y sociales

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En medio de una profunda crisis demográfica, Rusia intenta revertir la caída de la natalidad con medidas cada vez más controvertidas. La más reciente, impulsada por el Ministerio de Salud, propone derivar a terapia psicológica a las mujeres que no desean tener hijos para “fomentar una actitud positiva hacia la maternidad”. Lejos de generar consenso, la iniciativa despertó un fuerte rechazo y reavivó el debate sobre los límites de la intervención estatal en la vida privada.

Varias mujeres consideran que la medida es invasiva y desconectada de la realidad cotidiana. “No me veo como madre y no veo ninguna razón para creer que tener hijos me hará más feliz”, afirmó María, una especialista en tecnología de 25 años. Y fue más allá: “El Estado está haciendo todo lo posible por asegurar que eso no suceda”.

El trasfondo es preocupante. Con una tasa de fertilidad de apenas 1,4 hijos por mujer -muy por debajo del 2,1 necesario para mantener la población- el propio presidente Vladimir Putin advirtió sobre una posible “extinción” demográfica. La situación se agravó además por la guerra con Ucrania, que redujo la población masculina joven y profundizó la incertidumbre social.

Pero para muchas mujeres, las soluciones oficiales no abordan las causas reales. “Apretar clavijas, hacer inaccesibles los abortos seguros, lavar el cerebro de la gente… es cruel y completamente ineficaz”, cuestionó María. En los últimos años, las autoridades endurecieron las restricciones al aborto y prohibieron la llamada “propaganda antihijos”, limitando incluso el debate público sobre la decisión de no ser madre.

EL FACTOR ECONÓMICO Y CULTURAL

Las razones para postergar o descartar la maternidad son múltiples y, en muchos casos, económicas. Anastasia, de 29 años, lo resume con claridad: “Primero debes crear condiciones que hagan que las mujeres realmente quieran tener hijos, no presionarlas”. Con un salario de unos 100.000 rublos mensuales y créditos hipotecarios que pueden alcanzar tasas del 20%, asegura que formar una familia es, simplemente, inviable. A esto se suman factores culturales. “Pocos hombres participan en la crianza”, señaló, aludiendo a una sociedad donde la carga recae mayormente sobre las mujeres. Las cifras refuerzan su punto: Rusia es uno de los países con mayor tasa de divorcios, lo que incrementa la incertidumbre para quienes consideran tener hijos.

Incluso quienes ya son madres cuestionan la iniciativa. “Una mujer tiene derecho a no querer hijos. ¿Por qué forzarla?”, planteó Irina, médica de 45 años con dos hijos. Para Margarita, profesora de inglés que no puede ser madre por razones médicas, la medida podría “causar aún más daño a la salud mental de las mujeres”. Así, en lugar de incentivar, las políticas parecen profundizar el malestar. En un contexto de inflación, conflicto y falta de estabilidad, muchas mujeres sienten que el problema no es su decisión, sino las condiciones en las que deberían criar a sus hijos.

 

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