Cría de pejerrey y ecoturismo: cómo es la iniciativa que busca transformar las canteras abandonadas de La Plata
| 21 de Abril de 2026 | 13:22
Un equipo de investigación del Instituto de Limnología de La Plata (ILPLA, CONICET-UNLP-asociado a CICPBA) avanza en el estudio de cavas o canteras abandonadas e inundadas ubicadas en el territorio bonaerense con la finalidad de evaluar la capacidad que tienen esos espacios de ser reutilizados en el marco de distintas estrategias como la cría de pejerrey o la puesta en marcha de iniciativas de socio-ecoturismo.
La iniciativa cobra impulso a partir de un acuerdo establecido con la Subsecretaría de Minería dependiente del Ministerio de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica de la Provincia de Buenos Aires. Se apunta al análisis de las características de las cavas, como su profundidad, la forma y relieve de su lecho, la calidad del agua y otros parámetros físicos y biológicos para determinar cuán viable es la puesta en marcha de las diversas alternativas de aprovechamiento previstas.
Según CONICET La Plata, el proyecto une dos caminos: por un lado, la vasta trayectoria del ILPLA en iniciativas de acuicultura ecológica, un paradigma que apunta a optimizar la reproducción de peces de manera sustentable sin impactar negativamente en los ecosistemas acuáticos, en el marco del cual ya se han repoblado de pejerreyes numerosas lagunas de la cuenca del Salado; y, por otro, el creciente interés del gobierno provincial y los municipios acerca del uso que las sociedades locales hacen de las canteras y los riesgos que eso trae asociados. “Son ambientes acuáticos artificiales que surgen a partir de la actividad humana, en particular de la minería. Cuando termina la explotación de las canteras, es decir la extracción de los materiales que albergan, quedan esas grandes aperturas en el terreno que, tanto por precipitaciones como por la acción del agua subterránea, se inundan. Se trata de espacios con los que las personas de las comunidades que los rodean comienzan a interactuar. La gente va a bañarse, a pescar, a observar aves. Se da un vínculo que, si no está regulado u organizado, puede ser peligroso, y de ahí la atención que se le presta desde la provincia para regular ese uso y evaluar alternativas posibles”, comenta Javier Garcia de Souza, investigador del CONICET en el ILPLA.
Siembra del pejerrey
Una de las posibilidades para el aprovechamiento de estas canteras es la siembra de pejerreyes. A fines de los años ’90, el ILPLA impulsó un novedoso método de cría de esa especie autóctona en lagunas pampeanas, que consiste en la colocación de jaulas flotantes provistas de una bolsa de red fina en la que se alojan miles de larvas. La red protege a los ejemplares de la agresión por parte de otros peces, pero permite el intercambio del agua y la entrada de zooplancton, su principal alimento. Al cabo de un proceso de alrededor de cuatro meses, se obtienen grandes cantidades de alevinos o juveniles que son liberados en el ambiente.
Los expertos sostienen que el avance de ese método en canteras implica un estudio pormenorizado acerca de las características de esos espacios acuáticos, no solo de su forma y estructura sino también de los microorganismos que los habitan, ya que pueden diferir ostensiblemente de las que presentan las lagunas.
“En primer lugar, las dimensiones son muy distintas. La laguna de Chascomús, por ejemplo, ronda las 3 mil hectáreas de superficie, mientras que una de las cavas en las que estamos trabajando, ubicada en la localidad de Samborombón, tiene 7 hectáreas. Son escalas claramente distintas. También es muy diferente la actividad del agua. A diferencia de las lagunas, las canteras no tienen aportes tributarios, como puede ser el curso de un arroyo. Es agua más quieta. Además, al ser excavaciones profundas hechas por máquinas, presentan paredes que en general están orientadas a 90 grados, lo que les da más reparo, haciendo que no tenga tanta incidencia el viento. Las lagunas, en cambio, son ambientes abiertos y muy sujetos a las condiciones climáticas”, grafica Darío Colautti, investigador del CONICET y director del ILPLA.
“Cada tipo de ambiente supone restricciones y posibilidades para realizar acuicultura”, destaca de Souza, y desarrolla: “Aparentemente, las cavas ofrecen buenas oportunidades para la cría de peces, justamente porque al ser espacios más chicos y estar menos expuestos a las inclemencias, se puede realizar el procedimiento de una manera más controlada. Que no tengan aportes tributarios significa que pueden tener agua de buena calidad, porque no arrastran contaminantes y se reduce la posibilidad de que haya especies que llegan a competir por el ambiente. En contrapartida, esa característica de tener agua más quieta, implica menos disponibilidad de zooplancton, porque es la actividad del viento la que mueve el agua y la hace circular. En las lagunas pampeanas, hay una mezcla permanente que hace que la producción primaria generalmente sea altísima”.
En ese sentido, Colautti apunta que “el desafío es adaptar el método de tal forma que nos permita aprovechar las virtudes de las cavas sustituyendo las condiciones que son favorables en las lagunas pero que en estos ambientes no están presentes”.
Punto de partida
En principio, el proyecto apunta a analizar 20 de las cerca de 300 canteras cubiertas de agua que tiene la provincia de Buenos Aires que fueron previamente seleccionadas por Minería. “De las que ya estuvimos relevando, la mayoría se utilizó para la extracción de tosca y conchilla”, comenta Ailén Solanas, becaria del CONICET en el ILPLA y parte del equipo de trabajo. “Todavía no podemos decir que hay un patrón o una regla general para todas las canteras, ni por la zona en la que se ubican ni por el material que se extrajo de ellas. Las características son muy variables. Una vez que tengamos el análisis hecho podremos decir cuáles son aptas para la cría de peces y cuáles no. En las que no cumplan con las condiciones para ello, por ejemplo, por ser muy poco profundas, de todos modos, se pueden implementar actividades de socio-ecoturismo, ubicación de cartelería o senderos ambientales interpretativos. Es decir, intervenir sobre el ambiente de una manera más integral para generar nuevos atractivos para cada región”, apunta.
En esta etapa del trabajo, el equipo se encuentra realizando diversas campañas de muestreo en canteras de Samborombón, Florencio Varela y el Gran La Plata, mayormente asociadas a la extracción de materiales para la construcción. Cada recorrida implica la toma de muestras de agua y de microorganismos que las habitan, además del análisis de la estructura y el relieve del fondo de las cavas. Para esta última tarea, el grupo utiliza ecosondas, instrumentos que emiten señales o pulsos acústicos que rebotan en el fondo y cuyo eco es captado por un receptor en la superficie. La interpretación de los datos que arroja ese procedimiento permite confeccionar una representación gráfica tridimensional de la topografía de esos ambientes.
Sobre la celebración del convenio con la cartera científica provincial, de Souza destaca que fue un hito clave, tanto por las posibilidades logísticas que permite, facilitando el acceso a las cavas para realizar las campañas de muestreo, como así también por el financiamiento que ofrece. “Gracias a este acuerdo vamos a poder conocer ambientes de los que hasta ahora no se tiene información precisa, vincularnos con municipios y otros actores de la sociedad, y, fundamentalmente, trabajar en articulación con expertos de otras disciplinas, a partir de este enfoque integral que nos propone Minería”, concluye.
Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE