EE UU flexibiliza el cannabis medicinal y abre una nueva etapa

La ubican como droga menos riesgosa, impulsan la investigación científica y otorgan alivio fiscal a productores con licencia

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El gobierno de Donald Trump dio un paso que podría redefinir la política sobre el cannabis en Estados Unidos: decidió reclasificar la marihuana medicinal como una droga menos peligrosa. La medida, firmada por el fiscal general interino Todd Blanche, no implica su legalización a nivel federal, pero sí cambia de manera sustancial la forma en que se regula y estudia.

Hasta ahora, el cannabis estaba incluido en la Lista I, la categoría más estricta, reservada para sustancias sin uso médico reconocido y con alto potencial de abuso. Con esta decisión, pasa a la Lista III, donde se ubican drogas con menor riesgo y mayor aceptación médica.

Esto no solo suaviza su clasificación, sino que abre nuevas posibilidades para la investigación científica y el desarrollo de tratamientos basados en la planta.

El cambio tiene efectos concretos. Por primera vez, las empresas de marihuana medicinal con licencia estatal podrán deducir gastos en sus impuestos federales, algo que hasta ahora les estaba vedado. Además, se establece un sistema más ágil para que productores y distribuidores se registren ante la agencia antidrogas, lo que les brinda mayor seguridad jurídica. También se elimina un obstáculo clave para la ciencia: los investigadores ya no serán penalizados por trabajar con cannabis obtenido legalmente.

Desde el gobierno, el argumento es que esta decisión permitirá generar evidencia más sólida sobre la seguridad y eficacia del cannabis. Según Blanche, el objetivo es mejorar la calidad de la información disponible para médicos y pacientes, ampliando las opciones de tratamiento. En la práctica, la medida también valida los sistemas de marihuana medicinal que ya operan en 40 estados, donde el uso terapéutico está ampliamente extendido desde hace años.

PUNTO DE INFLEXIÓN

El contraste con la legislación histórica es notable. Durante décadas, el cannabis fue tratado al mismo nivel que drogas duras, una postura que se remonta a leyes del siglo pasado. Sin embargo, la realidad cambió: hoy, la mayoría de los estados permite su uso en alguna forma, ya sea medicinal o recreativa, mientras solo unos pocos lo prohíben por completo.

Aun así, la decisión no está exenta de controversias. Kevin Sabet, opositor a la legalización de la marihuana y director general de Smart Approaches to Marijuana, criticó la medida y advirtió que podría enviar señales confusas sobre los riesgos del consumo, especialmente en un contexto donde los productos de cannabis son cada vez más potentes. También cuestionó los beneficios fiscales otorgados a la industria, señalando que podrían favorecer más al negocio que a la salud pública.

Por su parte, desde el sector empresarial celebraron el anuncio como un avance histórico, destacando que reconoce el valor medicinal del cannabis y reduce las barreras para su desarrollo. La medida, además, se produce en un contexto político particular, donde la administración Trump ha endurecido su postura frente a otras drogas, como el fentanilo, al que incluso ha calificado como una amenaza extrema.

El panorama hacia adelante sigue abierto. El gobierno ya anticipó que busca avanzar hacia una reclasificación más amplia y acelerar el proceso en los próximos meses. Si eso ocurre, el cambio podría transformar aún más el marco legal del cannabis en Estados Unidos.

Por ahora, la decisión marca un punto de inflexión. Entre avances médicos, intereses económicos y debates sociales, la marihuana vuelve al centro de la escena, ya no solo como tema cultural, sino como un eje clave en la política sanitaria, económica y regulatoria del país.

 

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