Infancias y alimentación: cómo construir hábitos saludables sin rigidez
Edición Impresa | 26 de Abril de 2026 | 05:21
Por CECILIA FAMA
En un contexto donde abundan los alimentos ultraprocesados y los mensajes contradictorios sobre qué es “comer bien”, la infancia aparece como una etapa clave para construir hábitos que acompañen toda la vida. Más que imponer reglas estrictas, el desafío está en educar el paladar, generar curiosidad y construir un vínculo saludable con la comida.
Lejos de las dietas restrictivas o de las prohibiciones tajantes, hoy los especialistas coinciden en que la base de una buena alimentación en la infancia está en el entorno. Lo que se ofrece en casa, cómo se cocina y qué lugar ocupa la comida en la vida cotidiana son factores determinantes. En ese sentido, reducir el consumo de productos ultraprocesados -altos en sodio, azúcares y grasas- y priorizar alimentos frescos es un primer paso fundamental para acompañar el crecimiento de manera saludable.
La médica Cecilia Bandiera, especialista universitaria en Nutrición de la Fundación Favaloro, pone el foco en el entorno alimentario y las decisiones cotidianas: “Uno de los errores más frecuentes es naturalizar el consumo de alimentos ultraprocesados desde edades tempranas. Son productos con alto contenido de sodio, azúcares y grasas que, además de impactar en la salud, moldean el paladar. Por eso es clave priorizar alimentos frescos, leer etiquetas y planificar las comidas, ya que esos hábitos que se construyen en la infancia suelen acompañar toda la vida”.
También es clave el momento de la compra y la planificación. No leer etiquetas, elegir alimentos por practicidad o comprar en exceso son hábitos frecuentes que impactan directamente en lo que los chicos comen. “La alimentación se construye mucho antes de sentarse a la mesa”, explican especialistas en nutrición, que insisten en la importancia de planificar comidas, ofrecer variedad y permitir que los chicos se expongan a nuevos sabores sin presión.
En ese proceso, la familia cumple un rol central. No solo como proveedora de alimentos, sino como modelo. Cocinar en casa, compartir la mesa y evitar el uso del salero o el exceso de condimentos son pequeños gestos que ayudan a educar el paladar desde edades tempranas. Tal como señalan profesionales del área, el gusto también se entrena: reducir progresivamente el consumo de sal o de alimentos muy procesados permite redescubrir los sabores naturales.
En ese sentido, la Lic. en Nutrición Claudia Sempé, egresada de la UBA y con más de 40 años de experiencia en atención clínica y alimentación personalizada, advierte sobre la importancia de trabajar el paladar desde edades tempranas: “Muchas veces el exceso de sal se incorpora sin darnos cuenta desde la infancia, en preparaciones cotidianas o alimentos procesados. Reducirla de forma gradual permite reeducar el gusto y empezar a valorar los sabores naturales de los alimentos, algo clave para construir hábitos saludables a largo plazo”.
CONSTRUIR DESDE CASA
En ese camino de reconectar con los alimentos, las infancias ocupan un lugar central. Volver a lo simple, a los sabores reales y a la experiencia directa con la comida aparece como una herramienta clave para construir hábitos saludables desde chicos. No se trata solo de qué comen, sino de cómo se vinculan con los alimentos: ver de dónde vienen, tocarlos, cocinarlos y reconocer sus sabores originales.
En espacios como Coronillo, en City Bell, esa experiencia se vuelve tangible. Rodeados de huerta y naturaleza, muchas familias se acercan no solo por la propuesta gastronómica, sino también por lo que genera en los más chicos. “Muchas personas no tienen idea de cómo se consigue un ajo o unas arvejas. Entonces vienen también por esa curiosidad, por el contacto con la tierra”, cuentan desde el proyecto. Ese vínculo directo permite que los niños comprendan el origen de los alimentos y desarrollen una relación más consciente y respetuosa con lo que comen.
A la vez, desde Coronillo insisten en un punto clave: el rol de la familia. “Es importante que las familias vuelvan a cocinar, que el acto de preparar alimentos recupere su valor como gesto cotidiano y también afectivo”, explican. En ese sentido, involucrar a los chicos en la cocina, aunque sea en tareas simples, no solo favorece mejores elecciones alimentarias, sino que construye memoria, hábitos y una relación positiva con la comida que puede acompañarlos toda la vida.
“En casa tratamos de no prohibir, sino de acompañar”, cuenta Mariana, mamá de dos chicos de 6 y 9 años. “Si les decís que algo no pueden comer nunca, lo desean más. Entonces buscamos un equilibrio: en la semana comemos más casero y los fines de semana se permiten algunas cosas que les gustan”.
Algo similar vive Diego, padre de una nena de 8: “Al principio le costaba probar verduras, pero insistimos sin obligar. Las incluimos en distintas preparaciones, a veces jugando con los colores o las formas, y de a poco se fue animando. Hoy ya hay cosas que pide ella”.
Construir hábitos saludables en la infancia no es una tarea inmediata ni perfecta. Es un proceso que implica tiempo, paciencia y coherencia. Generar un vínculo positivo con la comida -sin culpas ni excesos- puede ser, en definitiva, una de las herramientas más valiosas para acompañar el bienestar a lo largo de toda la vida.
❑ Priorizar alimentos frescos: frutas, verduras, carnes y preparaciones caseras
❑ Evitar el exceso de ultraprocesados (snacks, fiambres, galletitas, bebidas azucaradas)
❑ No prohibir, sino enseñar a elegir
❑ Involucrar a los chicos en la cocina y en la compra
❑ Ofrecer variedad sin obligar: la repetición ayuda a aceptar nuevos alimentos
❑ Reducir el uso de sal y condimentos artificiales
❑ Compartir la mesa en familia, sin pantallas
❑ Planificar las comidas para evitar decisiones impulsivas
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