Quiso mejorar su suerte… y torció la de todo el barrio

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En un tranquilo barrio de Shanghái, la búsqueda del equilibrio espiritual terminó desatando un pequeño caos vial. Una mujer, convencida de que su mala suerte y sus problemas de salud se debían a un feng shui defectuoso, está acusada de haber provocado varios accidentes de tránsito al modificar repetidamente la posición de un espejo retrovisor instalado en una curva cercana a su casa. Según relató su esposo, la mujer llevaba tiempo encadenando infortunios y decidió consultar a un experto en feng shui. El diagnóstico fue inmediato: el espejo, colocado frente a la vivienda desde hacía más de diez años, alteraba el flujo de energía. Para la pareja, además, se trataba de un “espejo revelador de demonios”, un objeto mítico capaz de mostrar la verdadera naturaleza de seres malignos. “No somos demonios y no queremos que nos apunten con eso”, explicó el hombre. Aunque ella insistía en que nadie utilizaba el espejo, los vecinos opinaban lo contrario. Para evitar conflictos, la empresa administradora instaló otro espejo en el lado opuesto de la calle, de modo que los conductores conservaran la visibilidad y el feng shui doméstico no se viera afectado. El acuerdo funcionó solo por un tiempo: ante una nueva racha de mala suerte, la mujer volvió a mover los espejos. Tras varios intentos fallidos de diálogo, el comité vecinal avisó a la policía. Los agentes le advirtieron que podría ser considerada responsable de los accidentes provocados por sus ajustes.

El episodio reavivó el debate sobre el feng shui, una tradición milenaria que promete armonía, pero que, en este caso, terminó torciendo algo más que la energía del barrio

 

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