Termina “The Boys”: la distopía llegó primero
Edición Impresa | 6 de Abril de 2026 | 02:11
Cuando Eric Kripke escribió las primeras temporadas de “The Boys”, la premisa era de una audacia casi absurda: ¿qué pasaría si los superhéroes fueran, en realidad, figuras mediáticas al servicio de una megacorporación, adictos al poder, incapaces de rendir cuentas ante nadie, y celebrados por ello? Era sátira. Exageración. El tipo de hipérbole que funciona porque nadie va a tomársela literalmente.
Eso fue hace siete años. La quinta y última temporada, que llega el miércoles a Prime Video con un episodio doble, y se extenderá semana a semana hasta el 20 de mayo, cerrará la historia. La temporada cuatro dejó a los personajes en su momento más bajo. Butcher traicionó al grupo, Homelander consolidó su dominio y el mundo de la serie giró hacia algo que ya no es sátira sino espejo. El showrunner reconoció abiertamente que los guiones de la temporada final se escribieron incorporando elementos que estaban sucediendo en la vida real. Es una práctica habitual en la serie, pero lo que antes era un condimento ahora es el ingrediente principal. Que Karl Urban, el actor que encarna a Butcher, haya usado la palabra “real” para describir una serie sobre superhéroes con rayos láser en los ojos dice mucho sobre dónde estamos parados.
La temporada final comienza con el mundo bajo el control absoluto de Homelander, completamente liberado de límites a sus impulsos erráticos. Hughie, Mother’s Milk y Frenchie permanecen atrapados en los llamados “Campos de la Libertad”. Annie intenta levantar una resistencia casi imposible. Y Billy Butcher regresa con un plan final: liberar el virus capaz de eliminar a todos los superhéroes del planeta. El adelanto de la serie cierra con Homelander en la Oficina Oval.
Homelander presidente: no hace falta un doctorado en semiótica para captar el chiste, aunque “chiste” quizás ya no sea la palabra correcta. El eje de la serie siempre fue Homelander: un superhéroe con los poderes de Superman y la psicología de un narcisista sin control, criado en un laboratorio, incapaz de empatía, obsesionado con ser amado por las masas que al mismo tiempo desprecia. En las primeras temporadas, Homelander era una metáfora. Un personaje diseñado para ser tan extremo que resultara imposible confundirlo con algo real. Pero a la realidad no le avisaron, al parecer…
HEROES DE LA “CORPO”
Lo que distingue a “The Boys” de otras sátiras políticas es que Kripke tuvo la honestidad intelectual de no elegir bando en el sentido tradicional. Sus villanos no son de derecha o de izquierda: son corporativos. Vought International no tiene ideología propia, tiene accionistas. Homelander puede aliarse con cualquiera que le ofrezca pantalla. El verdadero poder en ese universo no es político sino empresarial, y los políticos son simplemente otro tipo de producto que la corporación coloca en el mercado.
En sus últimas declaraciones públicas, Kripke dijo que quiere que la gente recuerde la serie como algo divertido, y que “cuando alguien frente a ti te diga que tiene todas las respuestas y que puede salvarte, sepas que es pura mentira”. Es, para ser un showrunner de televisión, una declaración de principios notablemente urgente. No suena a alguien cerrando una historia. Suena a alguien que encontró que su historia se cerró sola, antes de que él terminara de escribirla.
Las grandes sátiras siempre corren el riesgo de envejecer mal de dos maneras opuestas: o el mundo mejora y la distopía parece exagerada, o el mundo empeora y la distopía parece un documental. “The Boys” tuvo la mala suerte, o el extraordinario timing, de caer en la segunda categoría. Empezó siendo una versión cómica y sangrienta de nuestros peores miedos. Termina siendo una versión apenas ligeramente más caricaturesca de nuestro presente.
Kripke tiene razón en que quiere que la recordemos como algo divertido. Pero la risa que provoca “The Boys” en 2026 es cada vez más la risa incómoda de quien se ríe porque la alternativa es demasiado deprimente.
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