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Reiteran las protestas contra los ruidos molestos en la Región

Por Redacción

Hace tiempo que numerosos vecinos de nuestra región protestan por los ruidos molestos que originan los boliches, clubes o casas particulares que organizan fiestas nocturnas y que propalan música a todo volumen, así como frente a otras manifestaciones sonoras, como las bombas de estruendo que se extienden hasta horas de la mañana y que impiden conciliar el sueño.

Si bien podría hablarse de la plaza Malvinas como del escenario principal de estos incidentes –convertida los fines de semana en una suerte de capital vitalicia de ruidosas caravanas de motoqueros- en realidad es en todos los barrios y localidades vecinas donde suelen suceder situaciones similares, ya que una batería de ruidos tales como bocinazos, fiestas que no dejan dormir a nadie, uso de máquinas estruendosas o motos con escapes libres, entre otros abusos, caracterizan a toda la zona. No existe, claro está, una conducta social que contemple los derechos de la gente a descansar y a no vivir aturdida por excesos sonoros.

Las reiteradas quejas vecinales se ven acompañadas por los también recurrentes comunicados del Colegio de Fonoaudiólogos, que viene alertando desde hace años acerca de que los niveles de ruido en la Región “no se adaptan a lo que la Organización Mundial de la Salud establece como ciudad saludable”. Según el parámetro de la OMS, en horario vespertino los ruidos deberían rondar los 45 decibeles (DB), pero las mediciones realizadas en estos días dieron como resultado un ruido base general de 70 DB. Durante las noches ruidosas, ese rasero se eleva más, con graves perjuicios para la salud de la gente.

En las últimas horas vecinos de plaza Malvinas realizaron una llamativa protesta que llamaron “Almohadazo” para visibilizar y protestar por los problemas que enfrentan cada noche, en particular los fines de semana, para conciliar el sueño.

“Desde 2017 que venimos con esto. Empezó hace mucho pero se agravó con la pandemia cuando se hacían las fiestas al aire libre”, reseñó uno de los manifestantes, que se convocaron en la plaza llevando sus almohadas, para recordar que no pueden dormir por los ruidos.

Desde luego que la contaminación sonora en nuestra zona -que registra índices muy superiores al tope de decibeles admitidos en forma universal por los organismos sanitarios- también deriva de una dinámica urbana no controlada, con infinidad de ruidos que debieran mitigarse.

La prédica de los fonoaudiólogos, sustentada en bases científicas, no debiera caer en el vacío, como tampoco las atinadas protestas vecinales. Es de esperar, entonces, que la inacción oficial se revierta ya que el problema de los ruidos molestos es crítico y constituye un ataque a la salud pública y a la calidad de vida de la población.

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