Hace tres años los vecinos de la zona de 21 y 77 recuperaron lo que era un basural cubierto de residuos, pastos altos y un estado general de abandono, ubicado a la vera del arroyo Maldonado, por lo que decidieron actuar. Ahora, el fin de semana pasado, se reunieron nuevamente en la plaza conquistada, que tiene 62 árboles, juegos, murales, bancos y todo lo que hace a un espacio verde, recreativo y estimulante para el barrio.
Desde el punto de vista urbanístico y social, el episodio no es menor ya que debe ser visto a la luz de algunas carencias de la periferia platense, necesitada en este caso de contar con espacios verdes que sirvan para el descanso, la recreación y el culto a una vida sana.
Tal como reseñaron los vecinos en la nota realizada por este diario, primero se intentó con una huerta hasta que las autoridades locales les informaron sobre las características que podía tener ese espacio público, de modo que el objetivo fue forestarlo y avanzar hacia una plaza, recordó una de las impulsoras de “La quinta del Campito”, nombre del espacio, que recuperó la histórica denominación del lugar.
Con el paso del tiempo, también comenzaron a participar chicos y chicas desde los 3 años hasta adolescentes de 17 del barrio. Así, lograron financiamiento de un organismo público para mejorar el espacio. Inicialmente buscaban instalar una tirolesa, pero el proyecto no pudo concretarse por cuestiones de seguridad y finalmente decidieron utilizar el dinero para arreglar hamacas, comprar herramientas y avanzar con murales colectivos.
Con intervenciones de conocidos artistas, el trabajo hoy continúa. Entre mateadas, uso de palas y pinceles, una nueva plaza platense ya está construida.
En cuanto al tema de la falta de plazas en toda la periferia de La Plata, que en su casco histórico cuenta con una cada seis cuadras, además de amplias ramblas y la gran avenida de Circunvalación, por razones nunca explicadas se permitió un crecimiento inorgánico en extramuros de la Ciudad.
Se sumaron, claro, graves omisiones -imputables a las sucesivas administraciones-, y con un pésimo criterio urbanístico se avaló una expansión inorgánica, despojada de espacios verdes.
Lo cierto es que varias de las pocas plazas existentes en el Gran La Plata surgieron luego de los muchos reclamos formulados por distintos vecindarios y, en algunas zonas, no se logró avanzar hasta ahora en ese rumbo que, es preciso decirlo, es respetado ahora, como nunca antes, como una premisa medioambiental en muchas ciudades del mundo.
La suficiente disponibilidad de plazas, paseos y espacios verdes en las localidades y barrios de todo el distrito sería inmediatamente aprovechada por los vecinos, que ven en el aire libre y en los espacios forestados y aptos para la recreación, la posibilidad de contar con lugares reservados para disfrutar de esa alternativa y mejorar así, radicalmente, su calidad de vida.
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