A las seis de la tarde, cuando el frío comenzaba a sentirse con fuerza y la noche avanzaba sobre Tolosa, más de 50 vecinos se concentraron en la esquina de 526 y 118 para hacer visible un reclamo que, aseguran, lleva demasiado tiempo sin ser escuchado. Jubilados, trabajadores, estudiantes, comerciantes, padres con sus hijos y vecinos de toda la vida coincidieron en una misma sensación: el miedo se instaló en el barrio y ya condiciona cada aspecto de la vida cotidiana.
La convocatoria tuvo un escenario que para muchos simboliza el problema. En la esquina donde se realizó la protesta, dos de las tres luminarias permanecían apagadas. Los reclamos, según denunciaron, llevan meses acumulándose sin respuestas. Cuando EL DIA llegó al lugar, el sector ya estaba prácticamente a oscuras.
Sobre carteles podían leerse mensajes que resumían el estado de ánimo de los presentes: “Basta de robos”, “Más policías en las calles”, “Tolosa hostigada por delincuentes” y una frase que llamó particularmente la atención: “La cuadra del terror, 118 entre 526 y 527”.
No era una exageración. Mientras avanzaba la concentración comenzaron a aparecer historias de entraderas, robos callejeros, intentos de asalto, viviendas saqueadas y víctimas golpeadas. Relatos que se acumulan desde hace meses y que, según sostienen los vecinos, se volvieron parte de una rutina tan habitual como angustiante.
Muchos aseguraron que ya modificaron sus hábitos para tratar de evitar convertirse en la próxima víctima. Hay quienes dejaron de caminar determinadas cuadras. Otros ya no utilizan las paradas de colectivos de la zona. Algunos salen a trabajar cuando todavía es de noche y regresan mirando permanentemente. También hay padres que optaron por buscar a sus hijos en auto aunque vivan a pocas cuadras de distancia.
La inseguridad, afirman, dejó de tener horarios. Los robos ocurren por la mañana, por la tarde y durante la noche. En bicicletas, motos, viviendas y comercios. A trabajadores que regresan de cumplir una jornada laboral y a jubilados que pasan el día dentro de sus casas. “No sabemos qué más hacer”, fue una de las frases que más se escuchó entre los presentes.
Algunos testimonios estuvieron atravesados por la angustia. Otros por el cansancio. Varios admitieron sentirse abandonados.
La situación genera especial preocupación entre los jubilados. En los últimos meses se multiplicaron los episodios que tuvieron como víctimas a jubilados, algunos de ellos golpeados durante violentos asaltos ocurridos dentro de sus propias viviendas. El temor también alcanza a estudiantes, trabajadores de la salud y empleados de distintos comercios y centros asistenciales de la zona, que denuncian sufrir robos durante los horarios de ingreso o salida.
“No estamos hablando solamente de robos. Estamos hablando de vidas”, expresó una mujer. “Lo material se recupera. Lo que nos preocupa es que no tienen límites”, resumió una madre. “Sabemos quiénes son. Son de la zona. Todos los conocen, pero nadie hace nada”, aseguraron. Entre el miedo y la bronca, el reclamo fue uno solo: que las respuestas lleguen antes de que haya otra tragedia.
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