La exesposa del chofer Oscar Centeno, Hilda Horowitz, se presentó ayer en los tribunales de Comodoro Py para declarar en la Causa Cuadernos y confirmó que vio las anotaciones que realizaba su entonces marido. Además, confesó que ofició como su “testaferro” para la compra de un vehículo: “Usó mi nombre para muchas cosas”, advirtió y agregó que en ocasiones “le truchaba la firma”.
Horowitz presentó su testimonio ante el Tribunal Oral Federal 7 (TOF), donde permaneció por más de seis horas, hasta que el tribunal debió suspender la audiencia porque la mujer se descompensó y no logró recomponerse.
“Los cuadernos sí los vi. Estaban en el armario del dormitorio y ahí tenía todo: los cuadernos, las libretas, las carpetas de los autos, las casas. Él (Centeno) registraba todo por si alguna vez cuando terminara la gestión lo dejaban sin trabajo”, declaró.
También contó que cuando su exmarido llegaba a su casa “alcoholizado”, los fines de semana, le describía cómo se acomodaban los fajos de billetes dentro de los bolsos y que solía quejarse por las “migajas” que le daba su jefe Roberto Baratta −de quien era chofer en el ministerio de Planificación−, pero describió también en su relato que el hombre compró con esas “migajas” una flota de autos, departamentos y dos casas, una de ellas en la provincia de Salta, para su madre.
Paralelamente, aseguró que Baratta “hizo desaparecer” algunas de las anotaciones; explicó que, durante un viaje de Centeno a Salta, fotocopió los papeles de los vehículos y propiedades y se los entregó a la exsecretaria de Néstor Kirchner, Miriam Quiroga, para que los cuidara. Sin embargo, la mujer “los rompió, los quemó y los desapareció”.
Por último, aclaró que cuando denunció a su ex en 2017 no fue por despecho sino para buscar protección judicial y poder dejar registro de las golpizas que recibía de parte de Centeno: “Lo hice para que quede claro que me cagaba a trompadas”, sentenció.
Luego de su separación, le exigió a Centeno que le diera dinero y, según lo declarado, el exchofer le pagó cuotas mensuales financiadas por el propio Baratta para garantizar su silencio.
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