El Gobierno atraviesa una de sus semanas más incómodas desde la llegada de Javier Milei al poder. El escándalo alrededor de Manuel Adorni dejó de ser un problema estrictamente judicial o mediático para transformarse en una crisis política que atraviesa a la Casa Rosada y empieza a erosionar uno de los pilares discursivos del oficialismo: la promesa de transparencia y lucha contra “la casta”.
Lejos de apagarse, la polémica crece con el correr de los días. Ni el inicio del Mundial 2026, que en Balcarce 50 imaginaban como un posible alivio para desviar la atención pública, logró correr el foco. En los despachos oficiales admiten preocupación y describen un clima de desgaste, desconcierto y bronca interna por el manejo del caso.
La situación se agravó después de la presentación de la nueva declaración jurada de Adorni y de sus explicaciones públicas sobre el origen de unos US$500.000 que no habían sido declarados previamente. El funcionario sostuvo que parte del dinero provino de inversiones en criptomonedas y otra parte de dólares encontrados en una propiedad heredada de su padre. Pero las versiones generaron más dudas que certezas y rápidamente quedaron expuestas contradicciones con declaraciones pasadas, videos y publicaciones en redes sociales.
Dentro del oficialismo muchos consideran que la estrategia comunicacional fue un fracaso. Cerca del Presidente reconocen que el tema ya perforó el núcleo duro libertario y empezó a incomodar incluso a votantes propios. La pregunta que se repite en ámbitos políticos y sociales es la misma: por qué Milei sigue sosteniendo a un funcionario que se convirtió en un problema permanente para el Gobierno.
El apoyo de Milei, la interna libertaria y un conflicto que se expande
La defensa cerrada del Presidente desconcierta incluso dentro de La Libertad Avanza. Mientras Milei insiste en respaldar a Adorni, crecieron las versiones sobre gestiones reservadas para buscar posibles reemplazantes. Algunos nombres que circulan en el oficialismo son Federico Sturzenegger y Pablo Quirno, aunque hasta ahora no hubo movimientos concretos.
En paralelo, la tensión también impacta en la interna libertaria. Sectores cercanos a Karina Milei y Santiago Caputo mantienen diferencias sobre cómo administrar la crisis, mientras dirigentes aliados empiezan a marcar distancia. El PRO pidió explicaciones públicas y acompañó los reclamos para que Adorni concurra al Congreso.
La presión parlamentaria suma otro frente complicado para el Gobierno. En ambas cámaras avanzan pedidos de interpelación y hasta iniciativas de censura política contra el jefe de Gabinete. La convocatoria para que exponga el próximo 2 de julio en el Senado aparece como una fecha clave para medir la magnitud del desgaste.
El problema para Milei es que el caso Adorni terminó opacando una semana económicamente favorable para el oficialismo. La inflación volvió a bajar, el riesgo país perforó los 450 puntos y las acciones argentinas mostraron una fuerte recuperación en Wall Street. Sin embargo, el Gobierno no consiguió capitalizar esos números positivos porque toda la conversación pública quedó absorbida por el escándalo.
En la Casa Rosada algunos funcionarios reconocen, en privado, que el costo político empieza a ser demasiado alto. Otros directamente consideran que Adorni ya perdió capacidad para defenderse y que cada aparición pública agrega un nuevo problema.
Aun así, Milei mantiene su postura. En el entorno presidencial creen que detrás de las críticas al jefe de Gabinete existe un intento de golpear directamente al Presidente y debilitar al Gobierno en plena antesala electoral.
La incógnita ahora es cuánto tiempo más podrá sostenerse ese equilibrio. Porque mientras el oficialismo intenta avanzar con reformas políticas y consolidar acuerdos legislativos, el caso Adorni amenaza con transformarse en una crisis más profunda, capaz de condicionar no solo la agenda del Gobierno sino también el vínculo de Milei con parte de su propio electorado.
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