El gobierno libertario de Javier Milei atraviesa sus meses más complejos debido a una proliferación de conflictos internos que amenaza con erosionar la gestión y el capital simbólico del oficialismo. Aunque en los gobiernos precedentes las disputas domésticas fueron moneda corriente -desde las líneas internas del alfonsinismo y el menemismo hasta las fracturas en las coaliciones de la Alianza y el Frente de Todos-, la particularidad del escenario actual radica en que las tensiones se producen dentro de una fuerza estrictamente unipersonal, donde el liderazgo del Presidente no está en discusión, pero su reticencia a intervenir fomenta el desorden.
La última semana expuso con nitidez la profundidad de estas fracturas a raíz de un enfrentamiento directo entre el asesor presidencial Santiago Caputo y el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem. El conflicto se originó en el entorno digital tras la filtración de mensajes de una cuenta de la red social X, @periodistarufus, que difundía intimidades del universo libertario y críticas severas hacia Caputo. Según el entorno del asesor, un descuido técnico permitió adjudicar la cuenta a Menem. A pesar de los descargos del legislador -quien atribuyó el error a su responsable de redes y pidió públicamente que no se subestimara la inteligencia del mandatario-, la militancia digital alineada con Caputo redobló los cuestionamientos, exponiendo una severa desautorización hacia la figura presidencial, a quien acusaron de haber recibido una versión distorsionada de los hechos.
Frente a este escenario, Milei optó por una postura prescindente, atribuyendo el episodio a una operación armada contra Menem, al tiempo que respaldaba enfáticamente a Caputo en el plano privado. Esta parálisis gubernamental para dirimir las internas responde a factores emocionales: mientras el Jefe de Estado se mostró inflexible al desplazar a exfuncionarios sin vínculos afectivos, le resulta complejo mediar en las disputas que involucran a su hermana, Karina Milei, o a su principal asesor. La falta de un arbitraje centralizado provocó la conformación de dos bandos paralelos dentro del ecosistema libertario, donde intelectuales, cineastas y legisladores comienzan a alinearse como estructuras defensivas de cada facción, disputando cuotas de poder, designaciones e intereses sectoriales.
A estas disputas se suman los frentes judiciales y de gestión que afectan a otras figuras centrales del gabinete. El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, se encuentra en una situación delicada tras postergar la presentación de su declaración jurada y quedar involucrado en una investigación por presuntas dádivas, luego de que la Justicia detectara irregularidades y postergaciones en los pagos de una estadía familiar en el hotel Llao Llao, cuya reserva fue realizada por un empleado de la firma Irsa. Asimismo, la apertura del teléfono celular de un constructor vinculado a las obras de su vivienda particular podría complicar su panorama legal por supuestas presiones a testigos. Estos episodios enfriaron la dinámica del gabinete, al punto de suspenderse las reuniones de ministros previas a las celebraciones del 25 de Mayo, en un clima generalizado de desconfianza.
Ante el desgaste de las banderas de transparencia y la lucha contra la casta política, el Gobierno ha disociado la gestión civil de la marcha económica, depositando en esta última toda su viabilidad política. Los indicadores recientes del Indec otorgaron un alivio al ministro Luis Caputo, al registrar un repunte intermensual del 3,5% en la actividad económica de marzo y un crecimiento del 33,6% en las exportaciones de abril, sumado a la aprobación de un nuevo tramo con el FMI. No obstante, la recesión se mantiene firme en el consumo minorista, con caídas interanuales de hasta el 13,3% en shoppings y del 5,1% en supermercados. El propio ministro de Economía reconoció la dificultad de sostener el superávit únicamente mediante el recorte presupuestario, marcando la necesidad de transicionar hacia una etapa de reactivación productiva, una estrategia que colisiona con las limitaciones políticas impuestas por el ala dura del gobierno para negociar con las provincias.
La diplomacia vaticana y las expectativas de la Casa Rosada
En medio de las tensiones políticas, el Poder Ejecutivo busca capitalizar la posible visita del papa León XIV a la Argentina antes de fin de año, un acontecimiento que normalizó los canales diplomáticos tras las designaciones de Michael Banach como nuncio apostólico y de Agustín Caulo en la Secretaría de Culto. Pese a la ansiedad del oficialismo por confirmar el itinerario, la Iglesia católica mantiene la cautela y posterga los anuncios oficiales hasta que se definan los procesos electorales de la región, particularmente en Perú.
Los canales de diálogo directo son coordinados actualmente por el Ministerio de Economía y la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, quien mantiene una relación constante con el Episcopado. Durante las últimas reuniones previas al Tedeum, las autoridades eclesiásticas volvieron a manifestar su preocupación por la situación social en los barrios populares y la atención a personas con discapacidad, mientras que la funcionaria defendió el nuevo esquema de asignación de recursos estatales. Pettovello viaja a Roma para participar de un encuentro de ministros iberoamericanos convocado por el Vaticano, donde mantendrá una audiencia con el Pontífice que será monitoreada con atención por todo el arco político.
SUSCRIBITE a esta promo especial