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Milei, la no gestión de las tensiones entre los propios y el peligro de la interna sin fin

Presidente, Javier Milei

La interna feroz y a cielo abierto en La Libertad Avanza está desgajando a un Gobierno al que no le sobra nada. Es, increíblemente, un daño auto-inflingido y que no es mayor sólo porque la oposición aparece desarticulada, sin liderazgos definidos, huérfana aún de una propuesta alternativa de connotaciones serias, que sea perceptible como algo durable en el tiempo.

Entre una situación económica todavía dura para vastos sectores de la población, sobre todo de clase media y trabajadores de los rubros industriales, comerciales y de servicios, y los daños a la credibilidad por los casos de presunta corrupción -en el que el affaire de Manuel Adorni asoma casi paradigmático-, la gestión Milei atraviesa el momento de menor ponderación popular, según todos los sondeos conocidos. La paciencia social ya no es la misma de un año y pico atrás.

Las balas, ahora, parecen entrar. Analistas de opinión pública coinciden en que, en esta coyuntura, la decepción que grupos sociales puedan tener con el gobierno es ahora más difícil de recuperar para el oficialismo que en los inicios de la gestión o incluso hacia fines del año pasado, cuando La Libertad Avanza ganó las elecciones nacionales de medio término.

No es una foto definitiva, claro. Sobre todo porque para los comicios del año entrante, en los que el Presidente buscará su reelección, aún falta una eternidad. Pero se han encendido luces de alerta. “Si esto sigue así, el internismo nos va a matar”, se sincera un funcionario nacional ante este diario.

El gobierno se divide en dos facciones: la de Karina, la hermanísima, y la de Santiago Caputo, el asesor comunicacional, hacedor de la llegada del actual mandatario al poder, según el propio Milei siempre se encarga de remarcar. El reciente episodio de enfrentamiento público, todavía candente, entre el karinista Martín Menem y los tuiteros caputistas de las Fuerza del Cielo le adosa patetismo a esa guerra. Al punto de que hacen quedar al Presidente como una figura desconectada de todo.

Es lo que se traduce del reclamo “No le mientan más a Milei” que llega desde el círculo de Caputo y en dirección al entorno de la hermana, al que acusan de operar en redes sociales con críticas a la gestión libertaria -desde el anonimato de X e Instagram- sólo para esmerilar al asesor y conseguir así su salida del gobierno.

SIN INTERVENCIÓN PRESIDENCIAL

Pero la verdad, el problema es que, a la luz de los acontecimientos recientes, no asoma una voluntad presidencial de cambiar lo que pasa. La coyuntura negativa antes mencionada hace que se incentiven las internas palaciegas y se multipliquen los pases de facturas. La respuesta de Milei ha sido bancar al apuntado Menem, nada menos que el titular de la Cámara de Diputados, diciendo que le armaron un “biribiri” para inculparlo -sin decir quien lo hizo- y, por otro lado, afirmar que el joven Caputo es como su hermano. Que es lo mismo que decir que no se deshará de él.

“Esto parece haber entrado en un circulo vicioso. El gobierno no se recupera; eso produce más conflictos internos; esos conflictos lo muestra al Ejecutivo desenfocado frente a la problemática social y económica. Es una retroalimentación constante. La perspectiva no es positiva si esto sigue así”, analiza el prestigioso analista y consultor Carlos Fara.

Hay que entender lo que pasa como una situación casi excepcional en la historia reciente, un detalle que no es menor: la cabeza del Gobierno, que naturalmente siempre es el Presidente, no es en este caso la cabeza política del proyecto en la práctica. Milei delegó esa tarea en su hermana, secretaria General de la Presidencia y jefa de la estructura que exitosamente armó en dos años. Milei detesta esa faena, acaso porque no la comprende. Y ahí surge otra rareza: por aquella jefatura política delegada, Karina es juez y parte en esta interna. No el árbitro, como suele ser todo jefe.

Milei, está claro, no administra la interna, no la gestiona. “El Presidente delegó la política en su hermana, que es la cabeza de uno de los bandos. Y a diferencia de otros mandatarios, como Carlos Menem o Néstor Kirchner, el libertario no moldea el conflicto a su gusto o a su favor. Ni siquiera lo incentiva para eso. Están los condimentos para que sea algo de no resolución en el corto plazo”, abunda Fara.

EL UNO O EL OTRO

El consultor se refiere a que, en un ecosistema donde hubiera otro actor en Balcarce 50, la lectura posible sería que esta situación de guerra interna casi autodestructiva debería dirimirse con la salida de una de las cabezas de los dos bandos en pugna; o bien uno de ellos aceptando la derrota y permaneciendo en el Gobierno desde una posición secundaria.

No es lo que se trasmite, teniendo en cuenta que Karina no parece dispuesta a renunciar a su vocación de ir quitándole a Caputo áreas sensibles, como Inteligencia, y por otro lado la osadía por generar daño es tal que hasta se deja correr la versión de que circulan audios comprometidos de Milei en situaciones personales con señoritas.

Todo una ridiculez amateur, de ribetes cuasi pepelonescos que, por cierto, también es mirada desde afuera. Por los mercados, por eventuales inversores, por el Fondo Monetario, por la gestión de Donlad Trump, que ha sido la última salvadora de Milei cuando las papas electorales quemaban el año pasado. ¿Nadie advierte en el Gobierno que el cruce de acusaciones sobre boicots internos en cierta forma atenta contra la credibilidad de la gestión, la institucionalidad y el vigor del programa económico?

Ya lo advirtió el ministro Luis Caputo: luego de emprolijar la macro, hay que ordenar la política para tranquilizar la economía doméstica. Eso implica un acuerdo con otros actores políticos, como gobernadores y legisladores para asegurar ciertas reformas (ayer fue un pequeño triunfo la media sanción de la ley de hojarasca) pero también el cese del desgaste que emana de los propios. Un fuego amigo frente al cual el Presidente no se para ni siquiera como bombero.

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