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Reivindicación y ajuste: las dos caras de la relación del Gobierno con los militares

Villarruel volvió a generar polémica al ponderar el combate contra las organizaciones guerrilleras de los años 70 y Javier Milei evalúa suspender el desfile del 9 de Julio
La vicepresidenta impulsa su propia agenda y se aleja de la trazada por el gobierno / IA

Por Redacción

El Día del Ejército volvió a colocar a las Fuerzas Armadas en el centro de la agenda política. La vicepresidenta Victoria Villarruel utilizó la fecha para difundir un mensaje que rápidamente generó repercusiones y reavivó el debate sobre el rol de los militares en la década de 1970.

A través de una publicación en la red social X, la titular del Senado recordó la trayectoria de su padre, integrante del Ejército Argentino, y destacó su participación en el combate contra el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) en Tucumán, además de su actuación durante la Guerra de Malvinas.

“Como hija de un militar del Ejército que combatió en Tucumán frente al accionar terrorista del ERP y que también defendió nuestra soberanía en Malvinas, sé del sacrificio, la entrega y el amor por la Argentina que hay detrás de cada servicio”, expresó la Vicepresidenta.

La referencia al Operativo Independencia, lanzado en 1975 para enfrentar a la guerrilla rural en Tucumán, reactivó las discusiones históricas sobre la violencia política previa al golpe de Estado de 1976 y sobre la interpretación de aquellos años. Como ocurre cada vez que Villarruel aborda estos temas, las reacciones se multiplicaron tanto entre quienes respaldan su mirada como entre quienes la cuestionan.

El posible fin del desfile

Mientras la Vicepresidenta reivindicaba el papel histórico de integrantes de las Fuerzas Armadas, en el Gobierno comenzó a tomar fuerza otra discusión vinculada al presente de la institución: la posible suspensión del desfile militar del 9 de Julio.

Fuentes oficiales y militares coinciden en que, hasta el momento, no existen órdenes para iniciar la organización del tradicional despliegue que cada año moviliza efectivos, vehículos, aeronaves y equipamiento desde distintos puntos del país.

La realización de un desfile de estas características implica importantes gastos en combustible, transporte, alojamiento, viáticos y logística. En un contexto de ajuste fiscal, esos costos aparecen como uno de los principales argumentos para justificar una eventual cancelación.

Recortes y malestar interno

La discusión sobre el desfile se produce en medio de una reducción de partidas presupuestarias en el área de Defensa. La reciente reestructuración del gasto público incluyó recortes que impactan sobre programas de alistamiento operativo, logística, mantenimiento e incorporación de equipamiento para las tres Fuerzas Armadas.

A ese escenario se suman reclamos salariales y cuestionamientos internos vinculados al funcionamiento de la obra social militar IOSFA, situaciones que alimentan el malestar dentro de la estructura castrense.

Según fuentes del sector, el contexto económico dificulta sostener un operativo de gran magnitud como el desfile patrio, especialmente cuando existen demandas relacionadas con cuestiones operativas y de funcionamiento cotidiano.

Un símbolo atravesado por la motosierra

La eventual suspensión del desfile no sería inédita. En 2025 el Gobierno ya había decidido cancelar el acto con el argumento de reducir el gasto público. La medida llamó la atención porque apenas un año antes la gestión libertaria había recuperado el desfile como un símbolo de reconocimiento institucional hacia las Fuerzas Armadas.

En 2024, Javier Milei y Victoria Villarruel encabezaron el regreso de la ceremonia militar sobre la avenida Del Libertador. Aquel despliegue reunió a miles de efectivos, vehículos de combate, helicópteros y aviones provenientes de distintas unidades del país.

Sin embargo, los costos del operativo y el actual escenario fiscal vuelven a poner en duda su realización.

Señales contrapuestas

La coincidencia temporal entre el mensaje de Villarruel y la posible suspensión del desfile expone las dos dimensiones que hoy conviven en la relación del oficialismo con las Fuerzas Armadas.

Por un lado, la vicepresidenta mantiene una fuerte reivindicación simbólica de la institución y de quienes combatieron a las organizaciones armadas durante los años 70, una posición que forma parte de su trayectoria política y que suele generar controversias.

Por otro, el Gobierno sostiene una política de ajuste que también alcanza al área de Defensa y obliga a revisar gastos considerados secundarios dentro de la estrategia de equilibrio fiscal.

El resultado es una imagen de contrastes: mientras las Fuerzas Armadas vuelven a ocupar un lugar destacado en la batalla cultural y en las discusiones sobre el pasado argentino, enfrentan al mismo tiempo restricciones presupuestarias que afectan aspectos concretos de su funcionamiento y ponen en duda la realización de uno de sus eventos más emblemáticos.

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