La decisión de dejar afuera a Victoria Villarruel del tradicional Tedeum por el 25 de Mayo volvió a mostrar la profundidad de la crisis interna que atraviesa el Gobierno nacional. La Vicepresidenta no estará presente mañana en la Catedral Metropolitana junto al presidente Javier Milei y el resto del gabinete porque, según confirmaron desde su entorno, nunca recibió la invitación oficial.
La organización protocolar del evento depende de la Secretaría General de la Presidencia, encabezada por Karina Milei, y desde el Senado fueron contundentes al explicar la situación: “La vicepresidenta de la Nación no ha sido invitada”.
La ausencia no es un detalle menor. Se trata de una de las ceremonias institucionales más importantes del calendario político argentino y, además, de un acto especialmente significativo para Villarruel, quien suele mostrarse públicamente cercana a la Iglesia Católica y participa habitualmente de este tipo de celebraciones. En el entorno de la titular del Senado reconocen además que el gesto fue interpretado como una señal política deliberada y no como un simple problema de organización o protocolo.
Un quiebre que parece no tener retorno
El nuevo episodio aparece como otro capítulo de una relación completamente quebrada entre Milei y Villarruel. Aunque las tensiones comenzaron antes de asumir el poder, durante el último año el vínculo se deterioró hasta quedar prácticamente roto.
Las diferencias políticas se fueron acumulando y también crecieron los gestos públicos de distanciamiento. Uno de los más recordados ocurrió justamente durante el Tedeum del año pasado, cuando Milei evitó saludar a Villarruel delante de todos al ingresar a la Catedral Metropolitana. La escena tuvo enorme repercusión política y quedó como una de las imágenes más simbólicas de la fractura interna libertaria.
En aquella ocasión, la Vicepresidenta participó igualmente de la ceremonia y luego publicó fotos en sus redes sociales junto a efectivos de seguridad y vecinos que se acercaron a saludarla. Incluso respondió críticas de seguidores libertarios y dejó una frase que todavía resuena en el oficialismo: “Yo no juego sucio ni por la espalda”.
Con el correr de los meses, las diferencias dejaron de limitarse a cuestiones personales y comenzaron a trasladarse también al plano político e institucional. Villarruel empezó a marcar posiciones propias sobre distintos temas sensibles y en la Casa Rosada crecieron las sospechas sobre una construcción política paralela.
Reproches cruzados y diferencias políticas
El enfrentamiento entre la Casa Rosada y la titular del Senado fue escalando con el correr de los meses. Milei cuestionó decisiones parlamentarias impulsadas por Villarruel y llegó a tratarla de “traidora” luego de algunas votaciones incómodas para el Gobierno.
Entre los episodios que más tensaron el vínculo aparece la habilitación de una sesión en la Cámara alta en la que fue expulsado el senador Edgardo Kueider tras ser detenido en Paraguay cuando intentaba ingresar con dinero no declarado. También molestó especialmente en Balcarce 50 el avance legislativo de proyectos vinculados a jubilaciones y discapacidad, posteriormente vetados por el Ejecutivo.
A la vez, dirigentes alineados con Karina Milei, como la diputada Lilia Lemoine, incrementaron sus ataques públicos contra la vicepresidenta, especialmente a través de redes sociales.
Villarruel, por su parte, empezó a construir un perfil político propio, diferenciándose de algunas medidas oficiales y desplegando actividades en distintos puntos del país, en una estrategia que muchos dentro del oficialismo interpretan como un proyecto político personal hacia 2027. Sus recorridas federales y sus contactos con sectores conservadores y militares son observados con atención dentro del universo libertario.
Un gesto que profundiza la crisis
Desde la Iglesia aclararon que las invitaciones para el Tedeum dependen exclusivamente del ceremonial presidencial y no del Arzobispado porteño, por lo que la ausencia de Villarruel quedó directamente asociada a una decisión política de la Casa Rosada.
Mientras tanto, el Gobierno sí recompuso el vínculo institucional con Jorge Macri, quien estará presente este año en la ceremonia luego del frío episodio vivido en 2025. Incluso, desde el entorno del jefe de Gobierno porteño dejaron trascender que habrá saludo formal con Milei durante la ceremonia religiosa.
La exclusión de Villarruel del acto patrio terminó así convertida en mucho más que un problema protocolar: volvió a dejar expuesta una interna feroz en la cima del poder libertario y alimentó la sensación de que la relación entre el Presidente y su vice ya no tiene retorno. En medio de un año político atravesado por disputas de liderazgo y reacomodamientos internos, el episodio sumó otro dato contundente sobre el clima de enfrentamiento permanente dentro del oficialismo.
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