La Policía Federal Argentina desarticuló una compleja organización transnacional de narcotráfico que operaba en el sur del Conurbano bonaerense. Los efectivos policiales detuvieron a siete personas y secuestraron más de 77 kilos de cocaína pura durante las últimas horas. El juez federal Julián Ercolini ordenó una serie de allanamientos simultáneos para golpear a la banda criminal. Las fuerzas de seguridad ejecutaron los principales operativos en Quilmes, Avellaneda, Moreno, La Reja y la Ciudad de Buenos Aires. Los uniformados incautaron también cerca de cinco kilos de marihuana, sumas importantes de dinero en efectivo y teléfonos celulares de última generación. Los peritos de la fuerza confiscaron maquinaria pesada que la banda utilizaba para la compactación de los estupefacientes. Los agentes sumaron documentación de alto valor para el avance de la causa judicial a los elementos secuestrados.
La investigación de la justicia federal comenzó en mayo del año pasado. En aquella oportunidad, las fuerzas policiales arrestaron a una mujer en el barrio porteño de Villa Crespo. La sospechosa trasladaba dos kilogramos de cocaína en el momento de su aprehensión. Los especialistas informáticos analizaron los dispositivos móviles secuestrados en ese procedimiento inicial. Los resultados de los peritajes tecnológicos permitieron la reconstrucción total de la estructura jerárquica de la organización. Los investigadores detectaron de esta manera una amplia red de distribución que abastecía a múltiples búnkeres de venta de drogas.
La pesquisa determinó que la banda criminal poseía al menos 16 integrantes estables. Cada miembro de la asociación ilícita cumplía funciones específicas dentro de la cadena delictiva. El organigrama incluía proveedores mayoristas, coordinadores de logística, distribuidores regionales, vendedores al menudeo y encargados del reparto final bajo la modalidad de pasamanos.
Los cabecillas de la red delictiva operaban desde el Barrio Rodrigo Bueno de la Ciudad de Buenos Aires. Una pareja coordinaba la distribución de los cargamentos de cocaína desde ese asentamiento. Los efectivos policiales descubrieron una cocina clandestina de estupefacientes en pleno funcionamiento dentro del lugar. Los agentes sorprendieron a un hombre en el instante preciso en el que fraccionaba y compactaba los panes de cocaína pura.
La requisa en la cocina de drogas arrojó resultados sorprendentes para los peritos. Los uniformados secuestraron moldes metálicos de precisión y sellos especiales con relieves. Las figuras representaban delfines, caballos, coronas y armas de fuego. Los delincuentes utilizaban estos cuños para marcar los ladrillos de droga y certificar la procedencia de la mercadería ilegal ante otras organizaciones.
La Policía Federal identificó un local gastronómico de comida peruana sobre la avenida Córdoba, en el barrio de Palermo. La banda utilizaba este comercio como pantalla y punto de encuentro para concretar transacciones de droga al menudeo. Las tareas de campo revelaron otros sitios de venta activa en Flores y Floresta. Uno de los puntos de distribución funcionaba en las cercanías del Hospital Álvarez.
La justicia puso la lupa sobre los movimientos financieros de los implicados. Los investigadores sospechan de una cueva financiera ubicada en el barrio de Nueva Pompeya. Los integrantes de la organización cambiaban los pesos de la recaudación por dólares en ese establecimiento comercial.
La causa penal también involucra a un sujeto apodado "Cuchi". Este individuo cuenta con antecedentes penales por infracción a la ley de drogas en el territorio de la zona sur. En la actualidad, el sospechoso desarrolla actividades comerciales relacionadas con la organización de de eventos nocturnos y espectáculos musicales en el conurbano.
Los siete sospechosos arrestados recibieron la imputación formal por violación a la Ley de Drogas número 23.737. Todos los detenidos permanecen bajo estricta custodia en dependencias federales a la espera del llamado a declaración indagatoria por parte del juzgado federal interviniente.
Los uniformados incautaron también cerca de cinco kilos de marihuana, sumas importantes de dinero en efectivo y teléfonos celulares de última generación. Los peritos de la fuerza confiscaron maquinaria pesada que la banda utilizaba para la compactación de los estupefacientes. Los agentes sumaron documentación de alto valor para el avance de la causa judicial a los elementos secuestrados.
La investigación de la justicia federal comenzó en mayo del año pasado. En aquella oportunidad, las fuerzas policiales arrestaron a una mujer en el barrio porteño de Villa Crespo. La sospechosa trasladaba dos kilogramos de cocaína en el momento de su aprehensión. Los especialistas informáticos analizaron los dispositivos móviles secuestrados en ese procedimiento inicial. Los resultados de los peritajes tecnológicos permitieron la reconstrucción total de la estructura jerárquica de la organización. Los investigadores detectaron de esta manera una amplia red de distribución que abastecía a múltiples búnkeres de venta de drogas.
La pesquisa determinó que la banda criminal poseía al menos 16 integrantes estables. Cada miembro de la asociación ilícita cumplía funciones específicas dentro de la cadena delictiva. El organigrama incluía proveedores mayoristas, coordinadores de logística, distribuidores regionales, vendedores al menudeo y encargados del reparto final bajo la modalidad de pasamanos.
Los cabecillas de la red delictiva operaban desde el Barrio Rodrigo Bueno de la Ciudad de Buenos Aires. Una pareja coordinaba la distribución de los cargamentos de cocaína desde ese asentamiento. Los efectivos policiales descubrieron una cocina clandestina de estupefacientes en pleno funcionamiento dentro del lugar. Los agentes sorprendieron a un hombre en el instante preciso en el que fraccionaba y compactaba los panes de cocaína pura.
La requisa en la cocina de drogas arrojó resultados sorprendentes para los peritos. Los uniformados secuestraron moldes metálicos de precisión y sellos especiales con relieves. Las figuras representaban delfines, caballos, coronas y armas de fuego. Los delincuentes utilizaban estos cuños para marcar los ladrillos de droga y certificar la procedencia de la mercadería ilegal ante otras organizaciones.
La Policía Federal identificó un local gastronómico de comida peruana sobre la avenida Córdoba, en el barrio de Palermo. La banda utilizaba este comercio como pantalla y punto de encuentro para concretar transacciones de droga al menudeo. Las tareas de campo revelaron otros sitios de venta activa en Flores y Floresta. Uno de los puntos de distribución funcionaba en las cercanías del Hospital Álvarez.
La justicia puso la lupa sobre los movimientos financieros de los implicados. Los investigadores sospechan de una cueva financiera ubicada en el barrio de Nueva Pompeya. Los integrantes de la organización cambiaban los pesos de la recaudación por dólares en ese establecimiento comercial.
La causa penal también involucra a un sujeto apodado "Cuchi". Este individuo cuenta con antecedentes penales por infracción a la ley de drogas en el territorio de la zona sur. En la actualidad, el sospechoso desarrolla actividades comerciales relacionadas con la organización de de eventos nocturnos y espectáculos musicales en el conurbano.
Los siete sospechosos arrestados recibieron la imputación formal por violación a la Ley de Drogas número 23.737. Todos los detenidos permanecen bajo estricta custodia en dependencias federales a la espera del llamado a declaración indagatoria por parte del juzgado federal interviniente.
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