Querido Indio: vos no te podías morir, justo vos! El antídoto perfecto para esta realidad inmunda y degradada. El entrerriano/platense que le puso letra a lo innombrable; el platense por adopción que movilizó cuerpo y alma de varias generaciones de todo el país que te adoraron como un semidiós, como un ángel caído en realidad, trascendiendo clases sociales y generaciones y tocando las fibras más íntimas de todos los desangelados de esta tierra.
Más que un fenómeno musical fuiste un fenómeno social, expresado como nunca (y hasta trágicamente) en el que sería tu último recital, en Olavarría en 2017. El maldito Parkinson (que tanto miedo da) te fue acorralando, y allí me quedó claro que nada es para siempre. Ya no habrá “misas”, ahora toca despedirte y decirte gracias por tanto, a vos y a los que te acompañaron en tu valiente aventura con su arte en cada recital y cada disco tuyo, como Ricardo “Rocambole” Cohen, el ex integrante de la Cofradia de la Flor Solar y críptico y genial artista porteño/platense ilustrador de las tapas de tus discos, verdaderas obras de arte, y con quien compartí una exposición (él pinturas, yo fotografías) en el Museo Mis Montañas de ese refugio para el alma que Joaquín Víctor González llamó Samay Huasi en Chilecito, La Rioja. Todo ello gracias a los buenos oficios de otro grande, Blas Cadierno, por entonces Secretario General de ATULP (UNLP) (dónde estás Blas, qué se hizo de vos? Por qué los grandes desaparecen?). Indio, tengo todas las letras de tus temas escritas a mano en un cuaderno. Pero ahora sé que eso es todo lo que tengo. Y es mi lujo. Querido Indio, la poesía te llora, La Plata te llora. Tu muerte también es poesía.
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