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Casas chorizo: la arquitectura que cuenta la historia cotidiana de La Plata

Detrás de fachadas discretas y puertas de madera que sobreviven entre edificios modernos, estas construcciones son parte de uno de los patrimonios más valiosos del casco urbano local. Nacidas al calor de una ciudad en crecimiento, hoy vuelven a despertar interés por identidad, diseño y capacidad de adaptarse al presente. Todos los detalles

rocío rosenfeld
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Fotos: Rocío Rosenfeld
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Por Redacción

Caminar por las calles de La Plata implica mucho más que recorrer diagonales, plazas y edificios emblemáticos. A nivel de vereda, lejos de los grandes monumentos que suelen concentrar la atención de visitantes y vecinos, existe otra ciudad que se revela en los detalles. Allí aparecen las casas chorizo, una tipología residencial que forma parte de la identidad arquitectónica local y que todavía define buena parte del paisaje urbano del casco fundacional.

Un ejemplo son las casas gemelas y chorizos que habitan el corazón de la calle 50 entre 14 y 15. Con características idéntica -apenas un tono más oscuro las diferencia-, estas viviendas pasan desapercibidas entre edificios, duplex y departamentos de la urbe local. Para distinguirlas, sólo hace falta ajustar la mirada

Estas casas, que comenzaron a multiplicarse entre fines del siglo XIX y las primeras décadas del XX, fueron concebidas para responder a los terrenos angostos y profundos característicos de las ciudades rioplatenses. Su organización espacial es tan simple como efectiva: una sucesión de habitaciones alineadas junto a un patio lateral, conectadas entre sí y abiertas a la luz y la ventilación natural.

La disposición de los ambientes dio origen a su nombre popular. Como una ristra de chorizos, los cuartos se suceden uno detrás de otro, conformando una estructura flexible que podía crecer o transformarse según las necesidades de cada familia. Esa capacidad de adaptación explica, en gran medida, por qué estas construcciones lograron atravesar generaciones sin perder vigencia.

Cuentan con una sucesión de habitaciones alineadas junto a un patio lateral

EN EL PLANO LOCAL

En la capital bonaerense, las casas chorizo constituyen una parte esencial de la llamada “arquitectura cotidiana”. Son edificaciones que muchas veces pasan inadvertidas porque forman parte del paisaje habitual, pero que guardan un enorme valor histórico y cultural. Sus fachadas, generalmente ornamentadas, conservan molduras, herrerías, puertas de madera trabajada y ventanas altas que remiten a una época en la que la construcción buscaba combinar funcionalidad y detalle artesanal.

Más allá de su estética, estas viviendas reflejan procesos sociales y urbanos que marcaron el desarrollo de la ciudad. La expansión demográfica, la llegada de inmigrantes y la consolidación de nuevos barrios encontraron en esta tipología una respuesta eficiente y accesible. Cada casa representa una pieza de esa historia colectiva que aún puede leerse en las calles platenses.

Hoy, cuando el crecimiento urbano y la construcción en altura transforman de manera acelerada el paisaje, las casas chorizo adquieren un significado renovado. Ya no son solamente vestigios del pasado. Su estructura espacial, la relación con el patio y la calidad de sus materiales las convierten en inmuebles especialmente valorados para proyectos de recuperación y refuncionalización.

La vigencia de estas construcciones también se explica por una característica singular: ninguna habitación posee una jerarquía absoluta sobre las demás. Esa lógica permite reorganizar usos, adaptar espacios y responder a nuevas formas de habitar sin alterar la esencia original del conjunto.

Por eso, cada vez más, las casas chorizo son observadas como una oportunidad para conciliar memoria y futuro. Lejos de ser una reliquia inmóvil, representan una arquitectura capaz de transformarse sin perder identidad.

En una ciudad reconocida por sus palacios públicos, sus diagonales y sus edificios históricos, estas viviendas recuerdan que el patrimonio también habita en lo cotidiano. Son parte de una postal menos difundida, pero fundamental para comprender cómo se construyó La Plata y cómo todavía se expresa su carácter urbano. Basta con detenerse unos segundos frente a una de sus fachadas para descubrir que, detrás de esas puertas centenarias, sobrevive una parte esencial de la historia de la ciudad.

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