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De la guerra fría olímpica a la reconciliación: Mónaco y España vuelven a acercarse después de dos décadas

La visita oficial de Alberto II a Madrid selló el reencuentro entre dos monarquías atravesadas por la historia, los afectos y una traición que marcó a fuego la relación bilateral. Entre recuerdos de Grace Kelly, tensiones olímpicas y outfits bajo la lupa, la realeza europea volvió a mostrarse unida
Postal del encuentro de los soberanos de mónaco y españa / Web
Victoria Eugenia y la princesa Grace / web
La princesa Carlota, abuela del príncipe Alberto / web

Por Por VIRGINIA BLONDEAU

marioyvirginia@yahoo.com.ar

Son tiempos de concordia y reconciliación, parece. La visita de Alberto II, príncipe soberano de Mónaco a España finaliza con más de veinte años de guerra fría entre los dos países, tan cercanos en tiempos pasados.

La Historia nos dice que en el siglo XIV los Grimaldi apoyaron a España en la recuperación de Castilla, que estaba en manos de los árabes. Como contrapartida, España fue siempre una gran defensora de la independencia del principado, codiciado por Francia e Italia.

Tampoco es que los españoles lo hicieran por buenos. La realidad es que la independencia de Mónaco les convenía porque, en los siglos XIX y XX, la región de Montecarlo era el patio del recreo de las clases pudientes y de la realeza de Europa. El casino, los hoteles de lujo, el spa, las fiestas, la benevolencia fiscal y la discreción corrían peligro si el principado pasaba a ser francés o italiano.

El soberano monegasco Carlos III era un visionario y tenía cintura política. Fue el fundador del famoso casino y el primero en imprimir sellos postales del principado, un paso importante para la autonomía. Aprovechó el interés que había despertado su pequeño país y propuso establecer relaciones diplomáticas con España. El 14 de julio de 1876 firmó un acuerdo con el rey Alfonso XII y pronto envió una delegación a Madrid.

Se cumplen este año 150 años de aquel acuerdo y durante todo 2026 se realizarán diversos actos y homenajes.

Como dijimos, hubo rispideces pero para llegar a eso aún falta.

Una amistad entre coronas, escándalos y Hollywood

A pesar de que los Grimaldi son una de las dinastías reinantes más antiguas, las casas reales “de primera” siempre la han tenido un poco a menos. Es verdad que fueron muy desprolijos en sus relaciones al punto de que el bisabuelo de Alberto, tuvo una hija con una lavandera argelina a la que tuvo que adoptar y nombrar princesa porque sino la dinastía se terminaba.

Esta falta de protocolo y los negocios turbios ensuciaban la imagen del principado pero eso no le importó a una mujer a la que le sobraban títulos y honores: la gran Victoria Eugenia, nieta de la reina Victoria de Inglaterra y reina de España por haberse casado con Alfonso XIII. Ena, como se la conocía, no tenía en sus venas una gota de esnobismo y entabló fuertes lazos con Carlota, la hija de la lavandera.

Y cuando el príncipe Rainiero se casó con la actriz de Hollywood Grace Kelly, fue un gran apoyo para quien era considerada una advenediza.

Grace y Ena fueron grandes amigas al punto de que el príncipe Alberto es ahijado de la reina española, que pasaba largas temporadas en el principado.

La tradición siguió cuando subió al trono el rey Juan Carlos y los Grimaldi se convirtieron en habitués de la España del destape.

Singapur 2005: la pregunta que rompió todo

Hasta que el diablo metió la cola… En abril de 2005 Alberto asumía como príncipe reinante tras la muerte de su padre. El 6 de julio de ese mismo año se estrenaba en Singapur como miembro del Comité Olímpico Internacional en la comisión que tenía que votar quién sería la ciudad sede de los Juegos Olímpicos de 2012. La delegación de Madrid, encabezada por la reina Sofía y el presidente del gobierno, José Luis Rodriguez Zapatero, había hecho una presentación excelente y se perfilaba como gran candidata. Alberto, que claramente se inclinaba por París, hizo una pregunta: “¿Cómo se plantean el asunto de la seguridad en sus recintos olímpicos tras el último ataque terrorista con bombas que han sufrido en su estadio de Madrid? ¿Se sienten ustedes muy preocupados con este asunto de la seguridad y el terrorismo?”

Parecía una inquietud genuina pero todos sabían que había segundas intenciones. La reina Sofía, siempre con cara de póquer, se sintió traicionada por ese muchacho al que había tenido en sus brazos y había visto crecer. Y con ella todos los españoles que pasaron a detestar a Alberto y con él a todo lo que viniera del principado.

Para colmo a Alberto la jugada le salió mal porque fue Londres la elegida, una ciudad con la que Al Qaeda estaba ensañada. Estaba visto que los atentados nada tenían que ver en la elección.

Alberto renunció a la comisión de elección de sedes y nunca más hubo ni visitas de estado entre los dos países ni vacaciones conjuntas. A tal punto de que los reyes de España fueron los único monarcas no fueron en 2011 a la boda Alberto y Charlene.

Pero el lunes pasado se produjo el encuentro oficial de soberanos de ambos países, luego de casi 21 años del episodio de Singapur: Alberto II fue recibido en la Zarzuela por Felipe VI para almorzar.

Por la tarde llegó el momento más esperado: la princesa Charlene y la reina Letizia se sumaron y las dos parejas, en buenísima sintonía, visitaron dos exposiciones en el Jardín Botánico de Madrid.

Poco se prestó atención al contenido de las muestras ya que el foco estuvo en los outfits de las damas.

Y no defraudaron ni desentonaron. Ambas eligieron vestidos midi, sin mangas y ajustados en la cintura. Perfectas para una tarde soleada y elegante.

El vestido blanco de Letizia era de lino y simulaba tener un gran pañuelo en la cintura. Aunque no es para todos los bolsillos los 1350 dólares que costó no es una cifra exagerada para una reina y más si tenemos en cuenta de que no es la primera vez que se lo pone y no será la última. Letizia sabe amortizar la inversión.

Y esa es la gran diferencia con Charlene. La princesa estrenó un vestido de Oscar de la Renta de alta costura que supera los 6000 dólares y que seguro no volveremos a ver. Era de guipure, en color celeste y le quedaba a la perfección.

Recordemos que la reina Letizia es la consorte que menos gasta en ropa por año y Charlene es la más manirrota de todas. Eso se ve en el resultado pero también es un punto a favor para Letizia, mucho más respetuosa con el medio ambiente y el bolsillo de los contribuyentes.

Dirá el tiempo si este encuentro terminó con viejos rencores. Ojalá así sea y si la cordialidad que se vio fue sincera, que nos sirvan de ejemplo. Aunque con el Mundial encima no hay ni reinas ni princesas, por más glamorosas que sean, que nos inspiren a confraternizar con los oponentes.

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