Hay una escena que se volvió habitual en las farmacias argentinas durante los últimos dos años. Un cliente se acerca al mostrador y pregunta en voz baja por Ozempic. En muchos casos llega con receta médica; en otros, apenas con referencias de redes sociales o recomendaciones informales. Durante meses, la respuesta fue idéntica: “no hay stock”, “está en falta”, “hay lista de espera”. Lo que comenzó como un tratamiento destinado a pacientes con diabetes tipo 2 terminó convertido en uno de los medicamentos más buscados del mercado global.
La expansión del fenómeno dejó de ser una cuestión farmacológica para convertirse en un debate sanitario, económico y político. La irrupción de los agonistas de GLP-1 —medicamentos capaces de imitar hormonas intestinales relacionadas con el apetito— alteró el paradigma del tratamiento de la obesidad y abrió discusiones sobre acceso, regulación, cobertura médica y desigualdad.
En Argentina, la situación adquiere una dimensión crítica. Según la 4.ª Encuesta Nacional de Factores de Riesgo elaborada por el INDEC y la entonces Secretaría de Gobierno de Salud, el 61,6% de la población presenta exceso de peso: 36,2% con sobrepeso y 25,4% con obesidad. El incremento fue abrupto: la obesidad creció un 72% desde 2005. La actualización estadística nacional prevista para 2022 todavía no fue publicada, por lo que gran parte de las decisiones sanitarias continúan apoyándose en datos con varios años de antigüedad.
Ese escenario explica por qué la llegada de estos tratamientos produjo un impacto comparable al de una revolución terapéutica. Los especialistas hablan de un cambio de era en medicina metabólica: por primera vez, los ensayos clínicos muestran reducciones de peso sostenidas superiores al 20%, cifras que antes solo podían alcanzarse mediante cirugía bariátrica.
El mecanismo biológico que cambió el tratamiento de la obesidad
El principio activo detrás de Ozempic es la semaglutida, una molécula diseñada para imitar la acción del GLP-1, una hormona que el intestino libera naturalmente después de comer. Esa hormona participa en la regulación del apetito y del metabolismo de la glucosa. La droga logra estimular la secreción de insulina, disminuir la liberación de glucagón y enlentecer el vaciamiento gástrico, generando sensación de saciedad durante más tiempo. La Organización Mundial de la Salud explicó que estos tratamientos “regulan el apetito y la glucemia” y representan un nuevo enfoque para la obesidad crónica.
En términos simples, el cerebro recibe señales químicas similares a las que aparecen después de una comida abundante. El paciente siente menos hambre, reduce la ingesta calórica y comienza a perder peso de forma progresiva. A diferencia de la hormona natural, cuya duración en sangre es de apenas minutos, la semaglutida fue modificada para permanecer activa durante aproximadamente una semana, permitiendo aplicaciones semanales mediante lapiceras precargadas.
Los beneficios exceden la pérdida de peso. Diversos estudios internacionales observaron disminución del riesgo cardiovascular, mejor control de la presión arterial, mejoras en insuficiencia cardíaca y reducción de eventos cerebrovasculares. La OMS incluyó recientemente a los agonistas GLP-1 dentro de sus recomendaciones globales para obesidad y diabetes tipo 2, aunque remarcó que deben utilizarse bajo supervisión médica y dentro de estrategias integrales que incluyan alimentación saludable y actividad física.
La expansión del uso también generó problemas regulatorios. La creciente demanda internacional impulsó la aparición de productos falsificados y circuitos de venta irregulares. En agosto de 2025, la ANMAT prohibió la comercialización de un supuesto “Ozempic en comprimidos” por tratarse de un producto adulterado. El organismo aclaró que no existe una versión oral de Ozempic registrada oficialmente y advirtió sobre riesgos sanitarios asociados a medicamentos falsificados.
El desembarco en Argentina y la batalla por el acceso
La semaglutida se comercializa en Argentina bajo distintas formulaciones. Ozempic se utiliza para diabetes tipo 2, mientras que Wegovy —con dosis mayores— está orientado específicamente al tratamiento de la obesidad. La expectativa del mercado farmacéutico local también se trasladó a los laboratorios nacionales: la empresa Laboratorio Elea avanzó con desarrollos de semaglutida oral con precios proyectados inferiores a los de las versiones importadas.
El problema central sigue siendo económico. Los tratamientos mensuales pueden oscilar entre los 300.000 y 700.000 pesos según la dosis y la indicación clínica. Aunque algunas compañías farmacéuticas anunciaron programas de descuentos, el costo continúa fuera del alcance de buena parte de la población argentina.
La cobertura médica es otro punto de conflicto. La Comisión Nacional de Evaluación de Tecnologías Sanitarias (CONETEC) no recomendó incorporar la semaglutida y la liraglutida al esquema obligatorio de cobertura para obesidad sin diabetes. Eso implica que obras sociales y prepagas no tienen obligación universal de cubrirlos en esos casos. Para pacientes con diabetes tipo 2, la situación es diferente: el Programa Médico Obligatorio contempla tratamientos farmacológicos, aunque sujetos a auditorías y autorizaciones.
La consecuencia inmediata fue la judicialización. Pacientes afiliados a IOMA, OSDE, Swiss Medical y otras entidades comenzaron a presentar recursos de amparo para acceder a la medicación. Los fallos muestran criterios dispares: los jueces suelen reconocer cobertura cuando existe diabetes diagnosticada, mientras que los pedidos vinculados únicamente a obesidad encuentran mayores obstáculos regulatorios.
Mounjaro y la segunda generación de medicamentos
La segunda ola de esta revolución farmacológica llegó con la tirzepatida, comercializada como Mounjaro. El medicamento fue desarrollado por Eli Lilly y aprobado por la ANMAT para diabetes tipo 2 y obesidad.
Estimula la secreción de insulina, disminuye la liberación de glucagón y enlentecer el vaciamiento gástrico, generando sensación de saciedad durante más tiempo
La diferencia científica respecto de la semaglutida radica en su mecanismo dual. La tirzepatida actúa simultáneamente sobre dos receptores hormonales: GLP-1 y GIP. Esa combinación potencia la sensación de saciedad, mejora la sensibilidad a la insulina y modifica el metabolismo del tejido adiposo. Los estudios clínicos SURMOUNT y SURPASS mostraron reducciones de peso superiores al 25% en algunos pacientes, junto con mejoras en presión arterial y parámetros cardiovasculares.
La OMS describió a estos medicamentos como parte de “un nuevo capítulo” en la lucha contra la obesidad, aunque insistió en que el acceso desigual y el alto costo representan desafíos globales.
En Argentina, Mounjaro comenzó a comercializarse mediante lapiceras precargadas semanales, con precios que pueden superar el medio millón de pesos por caja mensual. El ingreso del medicamento reconfiguró el mercado local y profundizó el debate sobre inequidad sanitaria: la eficacia clínica parece consolidarse más rápido que la posibilidad de acceso masivo.
La tercera frontera: la retatrutida y el “triple agonista”
Mientras semaglutida y tirzepatida ya forman parte del mercado farmacéutico, la industria avanza hacia una nueva generación experimental: la retatrutida. El medicamento todavía no fue aprobado por organismos regulatorios internacionales ni por la Argentina, aunque los resultados preliminares despertaron enorme expectativa.
La novedad reside en su acción simultánea sobre tres receptores hormonales: GLP-1, GIP y glucagón. Los ensayos clínicos de Fase 3 reportaron pérdidas de peso cercanas al 29% del peso corporal inicial en algunos grupos de pacientes con obesidad severa y osteoartritis de rodilla.
Los programas globales TRANSCEND y TRIUMPH buscan evaluar seguridad cardiovascular, eficacia metabólica y sostenibilidad del descenso de peso. Más de 2.000 participantes integran actualmente esos estudios internacionales. Si los resultados se consolidan, los especialistas creen que podría establecerse un nuevo estándar terapéutico antes de finalizar la década.
El impacto económico potencial también es gigantesco. La expansión global de estos medicamentos convirtió a Novo Nordisk en una de las empresas farmacéuticas más valiosas del planeta. El mercado mundial de agonistas incretínicos proyecta facturaciones récord para los próximos años, impulsadas por millones de pacientes que buscan tratamientos para obesidad y diabetes.
La Plata y la investigación científica sobre obesidad
Mientras los laboratorios multinacionales compiten por el mercado global, en La Plata la investigación pública avanza sobre los mecanismos biológicos de la obesidad desde otra perspectiva: comprender cómo funciona el tejido adiposo y qué factores metabólicos participan en el desarrollo de la enfermedad.
El Instituto Multidisciplinario de Biología Celular (IMBICE), dependiente de CONICET y la UNLP, desarrolla líneas de investigación vinculadas a obesidad infantil, metabolismo y regulación hormonal. Un equipo encabezado por el investigador Andrés Giovambattista trabaja en estudios orientados a detectar alteraciones metabólicas tempranas en niños y adolescentes con sobrepeso mediante análisis de leptina, una hormona clave producida por el tejido adiposo.
En paralelo, investigaciones doctorales recientes profundizaron sobre el denominado “browning” del tejido adiposo blanco, un proceso biológico por el cual ciertas células grasas adquieren características termogénicas capaces de consumir energía. Esa línea resulta especialmente relevante porque algunos fármacos antiobesidad actuales parecen activar mecanismos relacionados con ese fenómeno metabólico.
Otro polo científico clave es el Centro de Endocrinología Experimental y Aplicada (CENEXA), que desde hace décadas estudia diabetes, nutrición y metabolismo. Sus investigaciones incluyen estrategias preventivas, intervenciones nutricionales y estudios sobre impacto metabólico de dietas desequilibradas.
La Universidad Nacional de La Plata también consolidó producción académica sobre genética de la obesidad, alimentación emocional, dietas cetogénicas y cambios epigenéticos asociados al tejido adiposo visceral. Parte de esos trabajos fueron publicados en SEDICI, el repositorio institucional de la universidad.
Entre la promesa médica y la desigualdad sanitaria
La expansión de los agonistas incretínicos modificó el debate global sobre obesidad. Durante décadas, el tratamiento estuvo centrado casi exclusivamente en cambios conductuales y dietas con resultados limitados a largo plazo. La aparición de medicamentos capaces de producir pérdidas de peso comparables con algunas cirugías cambió las expectativas médicas y sociales.
Los especialistas, de todos modos, advierten sobre riesgos crecientes. El uso sin supervisión profesional puede provocar náuseas severas, pancreatitis, problemas biliares, hipoglucemia y trastornos gastrointestinales. También preocupa el efecto rebote: muchos pacientes recuperan peso al suspender la medicación si no existen cambios sostenidos en hábitos alimentarios y actividad física.
La OMS alertó además sobre la proliferación de versiones falsificadas y circuitos ilegales de comercialización impulsados por la enorme demanda global.
En Argentina, el interrogante de fondo sigue abierto. La eficacia clínica ya parece comprobada; el problema es quién podrá acceder a estos tratamientos en un país atravesado por inflación, desigualdad y restricciones presupuestarias en salud. En ciudades como La Plata, donde conviven hospitales públicos, centros universitarios y laboratorios de investigación de referencia nacional, el debate adquiere una dimensión concreta: la ciencia avanza más rápido que la capacidad económica de millones de pacientes.
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