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“El partido”: cuando el fútbol es “más que 22 tipos corriendo atrás de una pelota”

En diálogo con EL DIA, Juan Cabral y Santiago Franco, directores del documental sobre el Argentina-Inglaterra del Mundial 86, cuentan por qué decidieron dar voz a los ingleses, y cómo resolvieron el hecho de volver a contar aquel gol “cósmico” de Diego
Gary Lineker observa la carrera de Diego hacia la gloria
Santiago Franco y Juan Cabral, en la alfombra roja de Cannes, donde presentaron “El PArtido”

Por Por JORGE GARAY

Los cineastas Santiago Franco y Juan Cabral cumplen años cerca. Y hace unos dos años, se juntaron para celebrar juntos. “Juan me trajo como regalo el libro de Andrés Burgo, ‘El partido’”, recuerda Franco. El libro recorre la historia de un solo partido: Argentina-Inglaterra, Mundial 1986. “Llegué a casa y lo empecé a leer”, cuenta Franco. “Lo que no sabía es que Juan se había comprado una copia para él mismo. Cuando nos volvimos a encontrar, le dije ‘el libro es fascinante’. ‘Perfecto’, me respondió, ‘hagamos un documental’. Evidentemente, venía rumiando la idea”.

Así nació “El partido”, película que adapta el libro de Burgo y cuenta aquel encuentro, su prehistoria, historia y sus reverberancias que llegan al presente como las ondas que genera una piedra al caer en el agua. Pero, ¿cuál es esa piedra fundacional? ¿Cuándo comenzó aquel partido?, se preguntan los cineastas. ¿Cuándo terminó? ¿Terminó?

Para responder, recurren a jugadores argentinos que estuvieron presentes en el Azteca, aquella calurosa tarde de junio, hace 40 años ya. Hablan Valdano, Ruggeri, Olarticoechea, Burruchaga, Giusti. Pero también convocaron al bando inglés: se sientan a mirar el partido, reaccionan y opinan Lineker, Shilton, Hoddle, Butcher y Barnes. El rostro se les ilumina mientras ven aquellas imágenes de sus mocedades, de cuando fueron lanzados a ese partido que es un mundo, ese partido donde había en juego cosas que los excedía.

“Quisimos explicar lo que sentimos quienes nos conmueve el fútbol. No son 22 tipos corriendo atrás de una pelota”

Santiago Franco,
Director de “El partido”

Por eso, “El partido”, que se puede ver en cines locales, excede el partido: la película dura 91 minutos, como el encuentro, pero como ocurrió en el Azteca, durante esos 91 minutos había algo en juego que para los cineastas es casi mitológico, un enfrentamiento eterno. El primer plano de la película es una imagen de las Malvinas. Pero “que podría ser el pasado, o un futuro primitivo”, dice Cabral. Malvinas, la guerra, la relación con Inglaterra, el football y el futbol: todo se puso a rodar en 91 minutos. “Quisimos explicar lo que sentimos quienes nos conmueve el fútbol. No son 22 tipos corriendo atrás de una pelota”, dice al respecto Franco. Aquella idea del juego corresponde a Borges. Borges cierra la película: Valdano lee su poema “Juan López y John Ward”, escrito después de la Guerra de Malvinas, sobre un argentino y un inglés que admiraban la cultura del otro. “Hubieran sido amigos, pero se vieron una sola vez cara a cara, en unas islas demasiado famosas, y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel”.

“En el texto, está hablando de él”, dice Cabral. “Él, el más inglés de los argentinos, y que muere poco tiempo antes del partido. Creo que a él le gustaría esa idea de que este partido es un partido infinito, donde pasa todo, donde las cosas se repiten para siempre”.

Para Cabral, Ward y López “podrían ser Valdano y Lineker”, separados por las banderas, unidos por la pelota. Esa es quizás la apuesta más novedosa, y poderosa, de “El partido”.

- Hay varias diferencias respecto al libro de Burgo, entre ellas la presencia de los ingleses. ¿Por qué tomaron esas decisiones?

JC: El libro de Burgo es como una Biblia. Y nos basamos en esa idea tan específica y granular: que una pelota pique para un lado o para otro te cambia el mundo. El partido es como un mundo, en ese espacio rectangular está el mundo, se debate todo, está el mejor gol de la historia, el traicionero, la nuca de Dios… Es un guion shakesperiano. Y nosotros lo llevamos al cine tratando de que no sea un documental, que el público sienta que se vienen los ingleses y van a empatar, que vienen los piratas y se van a llevar todo. Nosotros quisimos ir al principio de todo: el libro toma el antes del partido, el durante y el después, pero nosotros terminamos más de 200 años atrás, cuando llega Byron y planta la bandera en Malvinas, incluso en algún momento hablamos de la dinastía Han que jugaba a la pelota… Y también sumamos, desde el día uno, la idea de que estuvieran los dos equipos para contar el partido: sentíamos que le iba a dar más valor entender del otro lado el conflicto, saber si para ellos las islas quedan acá o allá, qué dicen del gol del 66.

- “El partido” escapa la película a la mirada habitual sobre México 86 en Argentina, una mirada generalmente nacionalista: creo que al incluir a los ingleses se le baja el tono a ese nacionalismo, y en estos tiempos de guerra no me parece casual.

SF: Sí. Desde el inicio estaban planteadas esas miradas: yo quizás tengo una mirada más de hincha clásico, “termo”, y si hubiese sido un acercamiento desde mi mirada al partido, le hubiese otorgado esa mirada más clásica, bien argentina.

JC: Yo soy el que está en la cancha y mientras todos cantan “el que no salta es un inglés” está pensando: “Che, pero esta cancha se llama Boca Juniors, en inglés: esa contradicción me fascina. Así que le podía plantear una idea y que él me dijera si estaba bien, o si me iban a cag… a piñas. Pero en el fondo, queríamos ir contra el prejuicio, porque el arte es disruptivo: teníamos que mostrar ese encuentro. La película se vuelve relevante 40 años después del partido porque el mundo está en tensión continua. ¿Por qué la película no puede cuestionar ese espacio “termo”, no tener miedo a ese encuentro? Si no, no vamos a salir más de ese encuentro. La película quiere abrir esa posibilidad: las banderas nos separan, sí, pero ¿qué nos une?

SF: Trabajar junto a Juan me exigió repensar un montón de cosas, y en ese proceso encuentro una belleza superior a lo que creía. Y en esa búsqueda de hermanar, de cierto grado de objetividad, generar ese encuentro expresa algo universal: por más que el momento actual del mundo sea tensionante, hay un anhelo de encuentro. Y eso se ve en los protagonistas de la película: lo humano prevalece, y por eso la película excede lo futbolístico. Nos sorprendió que hasta Shilton, que es quizás el que guarda más resentimiento, un anhelo de encuentro, de resolución. Quisimos generar un espacio donde eso pudiera suceder, y por eso filmamos en España, un terreno neutral, donde viajaron argentinos e ingleses: ni el inglés ni el argentino se entendían entre ellos, pero comparten un lenguaje común, que es el fútbol.

JC: Shilton tenía unos nervios, pero a la vez unas ganas… Para todos, fue como si se juntaran con los compañeros del colegio que no ve hace 30 años, y se miraban, y se medían, veían quién está más gordo, más flaco… Pero estaban claramente unidos, el partido los unió.

- Santiago hablaba de “hermanarlos”. La película humaniza a los jugadores, eran muchachos lanzados a un conflicto mucho más grande que ellos, un conflicto eterno. ¿Está bien decir que la película siente simpatía por los nuestros y también por los de ellos?

SF: Desde nuestras miradas diferentes como hinchas, yo lo veía a Shilton como el arquetipo del enemigo futbolístico. Y cuando lo conocimos, eso se me resignificó completamente: pasé a ver en Shilton esa cara de un niño desilusionado, con su sueño consumado de ser capitán de la selección… y le pasa lo que le pasó. Él sigue tratando de sanar esa herida, no pudo salir de ahí. Así que está bueno ponerse en el lugar del otro, es la idea de cambiar la camiseta, que va apareciendo en la película, y que a veces resulta más conflictivo, pero hay algo poético ahí.

JC: Hay algo en Shilton que encarna hoy al imperio británico: reducido, con malas decisiones, Brexit, todo mal. Y Shilton está ahí, retraído, tuvo 40 años de adicción, pero está ahí con hidalguía, con la idea de las reglas, del respeto… pero son piratas. Pero bueno, Shilton no vino a plantar una bandera en las Malvinas. El tipo no está a favor de la guerra, pero a la vez dice “che, ustedes atacaron primero”... Y bueno, hay que poder hablar de eso, la película quiere abrir esa luz, la posibilidad de hablar las cosas, de solucionar. No vamos a solucionar el tema Malvinas, pero por ahí volvés a tu casa, frenás, dialogás, podés plantear un problema.

SF: Sabíamos, cuando empezamos a filmar, que nos enfrentábamos a que cualquier futbolero tiene su propia idea de lo que quiere ver: este partido es parte de su cultura. Queríamos tomar esos prejuicios y desafiarlos, a través de la emoción hacer que el espectador atraviese otro viaje, que no sea el esperado, pero que lo emocione.

“La película quiere abrir esa posibilidad de encuentro: las banderas nos separan, sí, pero ¿qué nos une?”

Juan Cabral,
Director de “El partido”

- Tomando esto que decía Santiago: todos tenemos una idea formada sobre lo que ocurrió en ese partido, lo hemos visto mil veces, charlado mil veces. Lo mismo pasa con el segundo gol de Diego, el gol del siglo. ¿Cómo afrontaron tener que volver a narrar eso?

JC: Nos volvimos locos para destrabar ese capítulo, porque nos teníamos que sacar la mejor nota posible. Pero vimos que aunque el partido pasó hace 40 años, los jugadores lo discutían como si hubiera pasado ayer. Por eso una de las primeras ideas fue mostrar el gol del siglo a través de las caras de los jugadores, mirándolo.

SF: Fue una de las primeras cosas que nos preguntamos. ¿Cómo contarlo de un modo nuevo? Y recurrimos a la conexión con la emoción que nos genera esa jugada: por eso quisimos narrarlo desde ellos, ellos viendo una obra de arte. Yo miro la cara de Giusti y me sigue emocionando.

JC: Es el contraplano del gol que viste mil veces, la cara de la gente mirando esa obra de arte.

SF: Yo tenía un casete en casa del relato de Víctor Hugo del partido, sin entender mucho de qué se trataba, me parecía un tipo entrando en éxtasis, en un casete, y sin subtítulos, no se entendía del todo incluso. Y lo escuchaba en el walkman medio compulsivamente. Y eso lo había olvidado, pero evidentemente quedó dando vueltas, y conectó con eso que decía Juan: lo importante está en otro lado. Incluso esa idea cierra en el estreno: lo importante no es ver lo que ya vimos, lo que ya sabemos, es ver eso que ya viste de una manera nueva. El eco del partido en cada uno de nosotros. Y esa secuencia del gol del siglo es la manifestación de esa idea.

JC: El gol de Maradona es bellísimo. Pero hay golazos por todos lados. ¿Cómo explicar a alguien, un chico de 15 años, por qué ese gol, bellísimo, tiene el peso que tiene? Malvinas, la guerra, la relación con los ingleses que nos dejaron el fútbol… Por eso después decidimos hilarlo con el testimonio de Hugo y su hermano, “un marciano”, y con el gol que no fue en el amistoso unos años antes, y el recuerdo de ese jugada en medio de la corrida hacia el gol que tiene Diego, y con lo que le dijo Hugo de esa definición: así se vuelve realmente todo mucho más cósmico. Vino Superman, hizo dos milagros y se fue.

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