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Felipe VI: el arte de convertir una crisis en una oportunidad

La avería del avión que debía trasladar al Papa León XIV desde Tenerife a Roma puso en riesgo el cierre de una visita histórica. La reacción del rey de España, rápida y natural, evitó un problema diplomático y dejó una imagen que recorrió el mundo: la de una monarquía preparada para actuar cuando las circunstancias lo exigen

El rey Felipe VI despide al papa / web
postal de la visita papal / web
Momento en que Felipe VI sube al avión averiado para ofrecerle al Papa su avión / web
postal de la visita papal / web

Por Virginia Blondeau

El mundo diplomático valora una frase que en el mundo corporativo se repite una y otra vez en las reuniones gerenciales: una crisis puede ser una oportunidad de mejora si se gestiona adecuadamente. Y en consecuencia ha obrado una persona que, sin ser diplomático ni tampoco gerente, es un poco las dos cosas. Nos referimos al rey de España quien, la semana pasada, ha protagonizado uno de los episodios más ejemplificadores de su reinado. Un gesto nimio, obvio y sencillo pero que ha acaparado las portadas de todos los medios del mundo.

El papa León XIV finalizaba el viernes 12 de junio en las Islas Canarias una visita oficial a España. Había sido una semana intensa y variopinta y la familia real había sido una anfitriona omnipresente y amable en cada uno de sus actos. Madrid y Barcelona fueron las ciudades que lo acogieron en sus actos más protocolares y religiosos y en Tenerife el Sumo Pontífice mostró su cara social y política al referirse a la cuestión de los inmigrantes y refugiados. Era la última escala en tierra española y de ahí partía en un vuelo chárter para Roma. El rey Felipe VI no estuvo en los actos pero consideró oportuno ir a despedirlo y agradecer, en nombre de todo el pueblo, su visita.

Y así fue. Con palabras sentidas se dijeron adiós y el papa y su comitiva, periodistas incluidos, subieron al avión de Iberia.

Cuando un imprevisto puso a prueba el protocolo

Pero… el avión no salía. Parecía que arrancaba pero no se movía un metro del suelo. Autoridades canarias y los asesores de la corona estaban expectantes. Nadie entendía qué estaba pasando hasta que Felipe, el único de los presentes que era piloto del Ejército del Aire, dijo: “Hay un motor que no está encendiendo”. Y tenía razón. El comandante confirmó las sospechas y, por las dudas, pidió que otro avión de Iberia viniera desde Madrid a rescatar a un asustado León XIV a quien las plegarias no tranquilizaban en absoluto.

Significaba esto una demora de tres horas, período en el que, además, el aeropuerto de Tenerife quedaba inutilizado por seguridad.

Peligraba la perfección organizativa de la que los españoles ya se estaban vanagloriando. Que la aerolínea de bandera (aunque no del estado) no pudiera devolver al papa sano y salvo por un avión defectuoso era una herida al orgullo. Entonces apareció él. Las cámaras captaron el momento en el que el propio rey sube al avión clueco de motor y le dice al Santo Padre: “El avión oficial que me trajo aquí desde Madrid está disponible. Si es una cuestión de tiempo, se lo ofrezco. Esa es la solución.”

Más que rey, un emisario del Señor, habrá pensado el papa. Y entre bromas y agradecimientos caminaron por la pista, de un avión al otro, los dos jefes de Estado, el del Vaticano y el de España.

Los medios del mundo titularon “El rey de España ofrece su jet privado al papa”. En realidad es el Falcon oficial en el que suele viajar Felipe y su familia pero no le pertenece a él sino que es de la flota del Estado. Sin embargo la decisión sí corrió por cuenta de él y la tomó a pesar de que tenía que quedarse esperando varias horas a que venga otro avión a buscarlo. Pero bien valió la pena.

La especialista en diplomacia y protocolo María José Gómez Verdú, consultada por el medio español Lecturas, explica muy bien el momento. “Lo ocurrido con el Papa y Felipe VI en el aeropuerto, tras la avería del avión papal, pertenece a esa categoría de imágenes pequeñas que acaban teniendo un enorme valor simbólico” y destaca la naturalidad con que se desarrollaron los acontecimientos, sin drama ni aspavientos.

Gómez Verdú destaca que Felipe VI no estaba obligado a ceder el avión sino que fue un gesto de alguien que conoce muy bien los códigos de la cultura diplomática. “En este tipo de situaciones no existe un ‘manual exacto’ que obligue a actuar así, pero sí una cultura diplomática muy asentada basada en la reciprocidad, la protección de autoridades y la preservación de la agenda internacional de los líderes”.

Y concluye “Las imágenes de Felipe VI acompañando al Papa hasta el avión tienen fuerza: transmiten estabilidad, complicidad institucional y una idea de monarquía útil, discreta y eficaz en los momentos inesperados”.

La preparación como legado y ejemplo

Cada rey tiene su mote y nunca refleja lo positivo sino más bien se le adjudica para mofarse de su persona. Felipe ha cargado toda su vida con el apodo de “el preparao”, dicho, claro está, irónicamente. Y es que los reyes Borbones han tenido fama de ser bastante brutos y con pocas ganas de ampliar sus conocimientos. Por eso el rey Juan Carlos siempre se vio en la necesidad de destacar que su hijo no era como sus ancestros sino que se había “preparao” para ser rey. Bueno… parece que estaba en lo cierto.

Y que, además, tiene una gran virtud: es consciente de que su misión no termina en él sino que debe imponer la misma rigurosidad a su heredera. La princesa Leonor no eligió su destino pero lo vive. Con sus 20 años ha pasado los últimos tres en instrucción militar y pasará, seguramente, los próximos años en la universidad. Todo para, algún día, saber resolver conflictos con la misma naturalidad de su padre y, en definitiva, que el pueblo español sienta “que sirven para algo”. Una gesta difícil pero que, por ahora, van ganando.

En este Día del Padre quisimos traer a estas páginas a dos hombres que ejercen como tales en forma muy distinta. Uno como líder espiritual y religioso y otro como hombre y como líder social y diplomático. León XIV y Felipe VI sirven de inspiración para muchos pero bien podrían ellos tomar como ejemplo a esos papás “comunes”, de todos los días, que educan, preparan, ayudan y convierten las crisis en oportunidades. A ellos, felicidades.

Especialistas destacaron que la situación transmitió estabilidad, complicidad institucional y una idea de monarquía útil, discreta y eficaz en momentos inesperados

Nadie entendía por qué el avión no despegaba hasta que el rey Felipe VI, el único de los presentes que era piloto del Ejército del Aire, dijo: “Hay un motor que no está encendiendo”

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