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Una transformación radical que se impuso en el cine

El hijo de Richard Gere en “Euphoria”

Por Redacción

El cine vive una transformación radical en su forma de retratar el cuerpo humano. Tras casi un siglo donde el desnudo femenino fue la norma indiscutible en dramas, géneros eróticos y producciones comerciales, la balanza se está equilibrando, respondiendo a una profunda exigencia de equidad estética y narrativa.

Creadores modernos buscan romper con la herencia del “male gaze” (“óptica masculina”), aquella mirada cinematográfica que históricamente cosificó a las mujeres mientras protegía la privacidad de los hombres. Directores como Sam Levinson o Judd Apatow defienden abiertamente la visibilización de la anatomía masculina en sus proyectos. Incluso, en producciones como “Savages” de Oliver Stone, se invierte la regla clásica: los actores Taylor Kitsch y Aaron Taylor-Johnson se exponen por completo mientras sus coprotagonistas femeninas permanecen cubiertas.

El cambio no sólo tiene que ver con la estética, sino que también es conceptual. En el Hollywood de décadas pasadas, mostrar los genitales de un hombre se reservaba casi exclusivamente para la comedia absurda, buscando la risa del público a través de la humillación del personaje. Hoy, la desnudez es una herramienta de alta vulnerabilidad emocional o crudeza.

El ejemplo contemporáneo más emblemático es el inquietante cierre de “Saltburn”, donde el actor Barry Keoghan protagoniza un desnudo frontal explícito y baila sin ropa por una mansión. Aquí, la ausencia de prendas no busca el chiste, sino retratar el quiebre psicológico del protagonista. Del mismo modo, Michael Fassbender en “Shame” expuso su cuerpo como reflejo de la adicción y el tormento interno.

Esta ola transformadora redefinió las dinámicas de los rodajes actuales. Para proteger la integridad física y emocional de los intérpretes, la industria implementó la presencia obligatoria de coordinadores de intimidad, profesionales encargados de coreografiar cada secuencia sexual bajo estrictos consensos. Además, la tecnología detrás de escena introdujo el uso de prótesis de hiperrealismo avanzado o “stunt junk”.

Esto demuestra que, ya sea mediante la entrega actoral genuina o el uso de dobles prostáticos, el cine del siglo XXI reafirmó el cambio de paradigma en el afán de contar historias más honestas, maduras y democráticas.

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