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“Nadie nos puede decir cómo recordar”: mujeres que atraviesan la muerte de sus bebés y construyen nuevas formas de maternar

El duelo por el fallecimiento de un hijo durante el embarazo, el parto o los primeros días de vida sigue siendo una experiencia atravesada por el silencio. Platenses que atravesaron pérdidas compartieron sus historias y advirtieron: “Seguimos siendo madres”. Mientras, reclaman más contención, capacitación en salud y la implementación efectiva de la Ley Johanna

Por Por ALEJANDRO ALFONZO

aalfonzo@eldia.com

Cuando Bárbara Minotti se enteró que Augusto -su bebé a quien había llevado en su vientre durante 37 semanas- estaba muerto, no supo qué hacer. No encontró consuelo ni en médicos, ni en el Estado; ni en amigos o familiares. Salió del hospital con el cuerpo de su hijo y, durante semanas osciló entre el garaje de su casa y la parquedad del cementerio. Sintió desamparo, que estaba sola en el mundo, que nadie la había preparado para eso, que no había persona en esta tierra que la entendiera, que no había lugar para duelar.

En la semana 25 de embarazo, Cecilia Padilla se enteró que su hija nacería con una cardiopatía congénita. El 4 de enero de 2021 -en plena pandemia, sin una red de contención física presenta- Cecilia dio a luz a Alfonsina quien, tras 15 días en neonatología, falleció. En un escenario de dolor, Cecilia donó su leche materna y sintió que su hija, a pesar de que no estaba físicamente, podía ayudar a otros chicos.

A Manuela Esandi Reta, en la semana número 30 de gestación detectaron en el cuerpo de su hijo una ventriculomegalia severa. Durante dos semanas vivió con su familia una incertidumbre inexplicable. Con una cesárea programada y sabiendo el desenlace, el 11 de abril de 2025 nació Isidro. No obstante, con la información y la compañía debida, compartió un tiempo inolvidable con su hijo.

Florencia Lencina, entre la semana 16 y la 20 de embarazo, recibió diferentes diagnósticos -gastrosquisis y onfalocele- y una pregunta: ¿querés seguir? Amadeo nació el 15 de agosto de 2025 con hipoplasia pulmonar, entre otras afecciones, y falleció a los dos días. Durante ese breve y inolvidable lapso, Florencia y su familia logró despedirse de Amadeo pero los recuerdos permanencen.

En diálogo con EL DIA, el testimonio de estas madres evidencian una situación que ocurre pero que muchas veces -según ellas mismas cuentan- es silenciada.

Contra ese mutismo social, el compendio de relato de estas madres expresa la necesidad de hacer un duelo, de generar recuerdos nuevos, de acompañar, empatizar y auxiliar a otras mujeres en situaciones similares. También destacan la ayuda psicológica, la red de contención y, sobre todo, el anhelo de hablar.

Varias de ellas integran “Latiendo Distinto”, una entidad autogestionada que desde hace 5 años acompaña a madres no sólo de la Ciudad sino de diferentes partes de Argentina. A través de ella, aconsejan, impiden la violencia institucional y brindan un espacio para seguir maternando.

MANUELA ESANDI RETA
"ERA MI CITA CON ISIDRO"

Cuando Manuela Esandi Reta y su familia recibieron el diagnóstico, continuaron días de estudios, incertidumbre, miedo. Mientras tanto, en su casa, Inés -su hija de seis años- esperaba la llegada de su hermano. “No queríamos hacerle creer que todo seguía igual, pero tampoco podíamos cargarla con nuestra angustia”, recuerda.

En ese contexto llegó “Latiendo Distinto”. En un principio, dice, buscaba ayuda para acompañar a su hija mayor. “Yo tenía tanto dolor que no sabía cómo manejarlo con ella”, dice.

El 11 de abril de 2025 nació Isidro. Manuela asegura que la información y el acompañamiento que recibió antes, durante y después del parto fueron fundamentales. Gracias a las recomendaciones de otras madres pudo pensar cuestiones concretas como comprarle ropa a su hijo, sacarse fotos, grabar videos o pasar tiempo con él en la habitación. “Pude llevármelo conmigo, tenerlo en brazos, llenarlo de recuerdos”, expresa.

También recibió ayuda para resolver aspectos prácticos atravesados por el duelo. Mientras estaba internada, una integrante de la organización se ofreció a contactar a la casa de sepelios. “Son cosas que tal vez a una amiga no se le ocurren, pero las mamás que pasaron por esto saben lo que significa”, explica.

Entre esos consejos hubo uno que todavía conserva físicamente: guardar unas gotas de leche materna. Tiempo después transformó esa leche y las cenizas de Isidro en una joya que lleva siempre consigo.

Aunque afirma no haber sufrido violencia institucional directa, sí recuerda situaciones que hoy resignifica de otra manera. Después de la cesárea permaneció internada en un piso de maternidad donde escuchaba llorar a otros bebés mientras una cuna vacía permanecía al lado de su cama. Fue su hermana quien pidió que la retiraran.

También recuerda una frase que recibió antes de entrar al quirófano. Un enfermero, intentando tranquilizarla, le dijo: “Ya te vas con tu hijo”. Ella respondió: “Mi hijo va a morir”. “Con un mínimo de información podrían evitarse muchas cosas”, señala.

Once días después del nacimiento de Isidro, Manuela participó de su primer encuentro virtual de “Latiendo Distinto”. Escuchó a otras madres hablar de sus hijos, algunas entre lágrimas y otras con una sonrisa. Ella apenas pudo presentarse. “Solo dije que era la mamá de Isidro”, recuerda. Desde entonces asistió todos los meses junto a Juan, el papá de Isidro e Inés. “Era mi cita con Isidro”, dice. Con el tiempo, su objetivo empezó a ser otro: poder contar la historia de su hijo sin llorar.

Manuela Esandi Reta

CECILIA PADILLA: "NO BUSCAMOS RETRATAR LA MUERTE, SINO RETRATAR EL AMOR"

“Yo creía que iba a ser una maternidad parecida a la de mi embarazo anterior, pero entendí que Alfonsina iba a vivir el tiempo que pudiera”, recuerda Cecilia.

Alfonsina nació el 4 de enero de 2021 y fue derivada directamente a neonatología. Necesitaba varias cirugías, pero falleció a los 15 días, antes de la primera intervención. En medio del duelo, Cecilia encontró una forma inesperada de atravesar el dolor: la donación de leche materna.

Con su primer hijo había tenido dificultades para amamantar y sentía que esa experiencia había quedado inconclusa. Con Alfonsina imaginó una oportunidad distinta. Desde antes del parto ya tenía preparado el sacaleches. Durante los días que la bebé estuvo internada, comenzó a extraerse leche y a guardarla en pequeños frascos. “Ella tomaba muy poquito. Yo iba guardando todo”, cuenta. Después de la muerte de Alfonsina, siguió produciendo.“No la podía tirar”, recuerda. Fue entonces cuando una amiga le sugirió donarla. Así, cada semana, una ambulancia pasaba por su casa para retirar los frascos. “Sentía que era la leche de Alfon y que ella estaba ayudando a otros nenes”, dice. La última vez que la ambulancia pasó a buscar los frascos, Cecilia, su marido y su hijo se abrazaron en silencio dentro de la casa. “Ahí sentimos que hacíamos un cierre”, recuerda. Aunque asegura que el duelo “dura toda la vida”, también cree que existen formas de transformar el dolor. “Hay maneras de resignificarlo y eso es lo que tratamos de hacer en Latiendo Distinto”, explica y agregar que es el lugar donde puede seguir maternándola. “Acá me siento mamá de Alfonsina sin juzgarme”, resume. En ese recorrido, la construcción de recuerdos ocupa un lugar central. Cecilia todavía lamenta no tener una foto abrazando a Alfonsina después de su fallecimiento. “Nadie vino y me dijo: ‘¿Querés que te saque una foto con ella?’”, cuenta. En ese momento dudó y guardó el teléfono. Con el tiempo entendió qué necesitaba conservar. “Uno no busca retratar la muerte, sino retratar el amor”, dice. Hoy, Alfonsina sigue formando parte de la vida cotidiana de la familia. Su hermano eligió representarla con un corazón amarillo -por la cardiopatía- y cada 4 de enero realizan algún ritual para recordarla: plantar un árbol, encender velas o sumar un objeto simbólico.

Cecilia Padilla

"SI EXTRAÑÁS A TU HIJO AUNQUE NUNCA ESTUVO EN TU CASA, NO ESTÁS LOCA"

Cuando Augusto murió, Bárbara Minotti sintió que no existía un lugar posible para transitar el duelo. En ese momento, asegura, “sentís que te pasa a vos sola. No se habla de estas muertes. Cuando te toca parece que no hay nadie que entienda. Muchos no saben cómo acompañarte y prefieren dejarte sola para no molestar pero no se encuentra cada vez más solo”.

A través de una psicóloga especializada en muerte perinatal -Soledad Jalil-, Bárbara empezó a conocer a otras mujeres que habían atravesado situaciones similares. “Ahí hicimos la tribu”, dice. El encuentro fue inmediato. “Llorábamos, nos reíamos, teníamos nuestro humor. Nos juntamos a hablar de nuestros hijos”, manifiesta

Ese grupo terminó convirtiéndose en “Latiendo Distinto”, una asociación civil autogestiva que acompaña a familias que atraviesan duelos gestacionales, perinatales y neonatales. Bárbara es una de sus fundadoras y actual presidenta.

En paralelo, ella también tuvo que encontrar una manera personal de recordar a Augusto. No quería seguir fórmulas ajenas ni rituales impuestos. “Nadie nos tiene que decir cómo recordar”, afirma. La idea apareció junto a su hijo mayor, que esperaba a su hermano y guardaba juguetes para compartir con él. Así nació el barrilete. “Para nosotros ya no es un juego. Es Augusto”, explica. Desde entonces, cada febrero -el mes de su aniversario- la familia remonta un barrilete. “Es nuestra forma de tenerlo presente”.

Bárbara insiste en que el recuerdo no puede construirse desde protocolos rígidos. También habla de las situaciones de violencia institucional que suelen atravesar muchas mujeres. En su caso, recuerda que durante el embarazo sentía dolores y molestias que eran minimizados. “No me escuchaban”, dice. Pero asegura que muchas veces la violencia aparece después del fallecimiento: internaciones en maternidad junto a otras madres con bebés recién nacidos, ausencia de especialistas en salud mental o dificultades para despedirse del cuerpo.

Mural pintado por "Latiendo Distinto"

FLORENCIA LENCINA: "HABLAR ES LO QUE HACE BIEN"

En la semana 16 de embarazo, Florencia Lencina recibió el primer diagnóstico: poco líquido amniótico y una posible gastrosquisis. Más adelante, nuevos estudios confirmaron un onfalocele y una hipoplasia pulmonar. Aun así, decidió continuar adelante con el embarazo. “Había decidido acompañarlo hasta donde sea”, cuenta.

Amadeo nació el 15 de agosto de 2025, en la semana 35 de gestación. Durante el embarazo, Florencia había convivido con la incertidumbre y también con una fuerte red de acompañamiento. Su historia empezó a circular en redes sociales después de un video que grabó contando el proceso y rápidamente recibió mensajes, oraciones y gestos de apoyo de personas de distintos lugares del país.

Después del parto, Amadeo fue derivado a neonatología. Falleció dos días más tarde. “Esa mirada no me la olvido más”, recuerda sobre el momento en que lo vio por primera vez.

Florencia asegura que el duelo fue cambiando con el tiempo. Primero llegaron el shock, el aislamiento y la necesidad de tocar fondo. Meses después empezó terapia psicológica y psiquiátrica por primera vez. “Buscar ayuda es fundamental”, dice.

También habla de la importancia de poder nombrar lo ocurrido sin silencios incómodos. “Siento que muchas veces quieren dibujar la situación o no saben cómo reaccionar. Yo hablo de Amadeo con naturalidad”, explica.

Su hija mayor, Tiana, también mantiene muy presente el recuerdo de su hermano. “Ella me pide fotos, pregunta cómo era y habla de él todo el tiempo”, cuenta.

Para Florencia, todavía faltan espacios donde atravesar este tipo de duelos. “Es un tema tabú”, afirma. Y agrega: “Hablar es lo que hace bien”.

Florencia Lencina en estudio de EL DIA

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