Hay un instante del año en el que vestirse se vuelve una negociación constante con el clima. Las mañanas arrancan heladas, las tardes parecen de otoño tibio y las noches obligan otra vez a sacar abrigo. Ese momento ya llegó y, con él, apareció la moda de transición.
La calle empezó a llenarse de looks construidos a partir de capas, texturas y prendas intermedias que permiten adaptarse a días imprevisibles sin perder estilo. El gran protagonista de este período es el “layering”, el arte de superponer ropa de manera funcional pero estética.
La lógica es simple: vestirse para poder cambiar durante el día. Por eso volvieron con fuerza los trenchs livianos, los sweaters finos, los cardigans tejidos, las camperas de cuero gastadas y los blazers oversized. La idea ya no es usar un único abrigo pesado, sino construir conjuntos flexibles que puedan acompañar las variaciones de temperatura.
También cambió la silueta. Este año predominan las prendas amplias y cómodas, con cortes relajados y materiales suaves. Los pantalones rectos reemplazan a los modelos ajustados y las capas generan volumen sin rigidez. La comodidad dejó de ser una concesión para transformarse en parte central del estilo.
En cuanto a los colores, el “preinvierno” abandona lentamente los tonos cálidos del otoño para acercarse a una paleta más sobria. El camel, el gris humo, el verde oliva, el bordó apagado y el azul profundo empiezan a dominar vidrieras y redes sociales, combinados con blancos manteca y beige tostado que aportan luz.
Entre los accesorios, las bufandas livianas y los pañuelos vuelven a ganar terreno, especialmente en looks urbanos donde el clima obliga a sumar y quitar capas durante todo el día. También reaparecen los mocasines, las botas cortas y las zapatillas minimalistas, que permiten pasar del trabajo a una salida sin cambiar completamente de outfit.
La tendencia tiene además algo práctico: funciona especialmente bien en ciudades como La Plata, donde la humedad, el viento y las lluvias inesperadas obligan a pensar la ropa con cierta estrategia. La combinación de camisa, sweater fino y trench, por ejemplo, aparece como uno de los uniformes urbanos más repetidos de la temporada.
Lejos de los excesos o de las tendencias imposibles de usar, la moda de transición propone otra cosa: vestirse mejor con menos. Apostar por prendas nobles, versátiles y fáciles de combinar. Construir estilo desde lo simple.
Esta tendencia apuesta por más comodidad y prendas dúctiles
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