Pocos ejercicios generan tanta discusión dentro de los gimnasios como el peso muerto. Para algunos representa fuerza y potencia; para otros, peligro, dolor de espalda y riesgo de lesión. En medio de ese debate, el profesor de Educación Física Lucas Pisani -platense- intenta correr la conversación hacia otro lugar: entender al ejercicio como un movimiento humano más y no como una amenaza.
“Un peso muerto es, básicamente, una bisagra de cadera”, resume en diálogo con EL DIA. Desde lo técnico, explica que se trata de una flexión de cadera multiarticular que involucra gran parte de la cadena posterior del cuerpo y que tiene mucha relación con movimientos cotidianos y deportivos.
“En el deporte vivimos avanzando, flexionando la cadera, frenando, acelerando. Potenciar ese gesto mejora tanto la vida diaria como el rendimiento atlético”, señala. Sin embargo, reconoce que el ejercicio arrastra una mala fama instalada hace años.
Es una flexión de cadera multiarticular que se relaciona con movimientos diarios y deportivos
Más que “mala fama”, Pisani habla de miedo. “La gente le tiene temor y ese miedo hace que directamente no lo haga”, sostiene. En muchos gimnasios, dice, el peso muerto aparece asociado casi automáticamente al dolor lumbar. Y ahí comienza el problema.
“El ejercicio carga mucho la espalda, sí. Pero eso no significa que esté mal”, aclara. Para el docente, muchas veces el dolor no surge por el movimiento en sí, sino por múltiples variables: exceso de carga, volumen inadecuado, falta de adaptación o contextos individuales que no se tienen en cuenta.
QUÉ SUCEDE CON EL DOLOR
“No hay ejercicios que generen dolor por sí solos”, insiste. Desde su mirada, el dolor es una expresión compleja del cuerpo y no una señal automática de daño. “Es una alarma, un aviso. El dolor no es ni bueno ni malo”, explica.
Pisani incluso considera que el dolor fue “demonizado” dentro de la cultura del entrenamiento. “Nos avisa que algo está pasando y que quizás hay cosas para mejorar”, plantea. Por eso rechaza las respuestas absolutas que proponen eliminar automáticamente un ejercicio apenas aparece una molestia.
“El dolor depende mucho del contexto de cada persona”, sostiene. En algunos casos puede ser necesario bajar cargas, descansar o modificar variantes; en otros, simplemente adaptarse progresivamente al movimiento. “No existe una regla universal”, aclara.
Muchas personas llegan convencidas a un gimnasio de que no pueden hacer peso muerto porque “les hace mal la espalda”. Su propuesta consiste en reconstruir la confianza corporal desde progresiones simples y controladas.
“Primero intento que entiendan el gesto”, cuenta. Antes de cargar peso o aumentar velocidad, prioriza la quietud, las posiciones isométricas y el aprendizaje técnico. “¿Cómo vamos a hacer algo rápido, pesado y con mucho volumen si antes no entendemos el movimiento?”, se pregunta.
APRENDER A RESPIRAR
Uno de los puntos centrales es la respiración y la conciencia corporal. Pisani considera que muchas lesiones o molestias aparecen cuando se fuerza un patrón sin haber desarrollado antes control y adaptación.
El paso a paso técnico del ejercicio, explica, parte de mantener la tibia relativamente vertical, trasladar la carga hacia los pies y lograr que la dominancia sea de cadera y no de espalda. Pero insiste en que no existe una única forma rígida de ejecutarlo.
“El peso muerto es para todos, en cuanto lo necesiten”, afirma. Aunque rápidamente agrega una aclaración clave: todo depende de la persona, sus objetivos, sus dolores, su contexto y su experiencia previa.
Por eso rechaza la lógica de copiar rutinas estándar o asociar fuerza únicamente con levantar mucho peso. “Hacer fuerza no significa agarrar una barra y hacer peso muerto pesado desde el primer día”, señala.
En su experiencia, muchas personas entrenan sin preguntarse realmente qué necesitan. Y ahí aparece otra crítica a cierta cultura fitness centrada únicamente en rendimiento o exigencia extrema. “Quizás si cambiáramos el enfoque, la sociedad estaría menos adolorida”, reflexiona.
Para Pisani, el peso muerto también cumple una función educativa. Enseña a mover cargas, a entender cómo trabaja el cuerpo y a perderle miedo a determinados rangos de movimiento. “Es parte de la vida”, resume.
Incluso en personas con dolor crónico o patologías, considera que el entrenamiento puede adaptarse. Cuenta el caso de una alumna con artrosis de cadera que, lejos de abandonar la actividad física, entrena respetando escalas de dolor y ajustando ejercicios según cada día.
“El objetivo es que el dolor sea lo más llevadero posible y trabajar también desde la educación”, explica. Desde esa perspectiva, el entrenamiento deja de ser solamente una cuestión estética o deportiva y pasa a ser una herramienta de salud y autonomía.
En definitiva, Pisani busca resignificar un ejercicio históricamente asociado al peligro. Para él, el problema no es el peso muerto en sí, sino cómo se enseña, cómo se carga y qué relación construyen las personas con su propio cuerpo. “Podemos hacerlo sin dolor”, concluye.
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