La idea de que la sexualidad tiene fecha de vencimiento todavía sobrevive en buena parte de la sociedad. Aunque la expectativa de vida aumentó, los discursos culturales continúan asociando el deseo, el erotismo y el placer únicamente con la juventud. El resultado es una generación de adultos mayores que muchas veces siente que debe esconder, justificar o incluso negar sus necesidades afectivas y sexuales.
Sin embargo, la realidad dista bastante de ese imaginario. Para el médico especialista en cirugía, urología y sexología clínica Hugo Moviglia, la vejez no implica el final de la intimidad ni del disfrute corporal. “Hay que abandonar el mito de que la vida sexual se termina cuando uno entra en la longevidad o en la madurez”, sostiene en diálogo con EL DIA. Y agrega que, salvo que existan determinadas patologías físicas o neurológicas, las personas pueden conservar funciones sexuales “en un estado realmente satisfactorio”, sentenció.
La sexualidad en la adultez mayor todavía suele pensarse desde la pérdida: pérdida de deseo, de atractivo, de rendimiento o de capacidad física. Pero el especialista insiste en que el problema no siempre es biológico. Muchas veces es cultural.
“Cuando una persona mayor está atravesada por la creencia de que se apaga la sexualidad, posiblemente inhiba su función sexual”, explica Moviglia. En ese sentido, aclara que no sólo intervienen factores hormonales o físicos, sino también cuestiones sociales, psicológicas y culturales que terminan condicionando el vínculo con el propio cuerpo.
La percepción negativa del envejecimiento, de hecho, puede impactar mucho más allá del plano sexual. Según explica el especialista, quienes viven la longevidad desde una mirada pesimista tienen mayores probabilidades de sufrir deterioro cognitivo, enfermedades cardiovasculares e incluso una expectativa de vida más corta. En cambio, una visión positiva de esta etapa suele vincularse con una vida sexual más activa y satisfactoria.
EL PESO DE LOS ESTEREOTIPOS
Durante décadas, la cultura instaló una imagen idealizada de la juventud asociada a la belleza física: piel tersa, cuerpos firmes, fuerza muscular, vitalidad permanente. Todo aquello que se alejara de ese modelo quedó fuera de la representación tradicional del deseo.
“Parece ser que la sexualidad, una vez superado el segundo tercio de nuestra vida, debería extinguirse hasta convertirnos en seres adorables e improductivos”, reflexiona Moviglia. Para el médico, esa construcción social genera obstáculos concretos en la posibilidad de disfrutar de la sexualidad durante la madurez.
El problema no es solamente externo. Con el tiempo, muchas personas terminan internalizando esos mandatos y empiezan a percibir su propio cuerpo desde la vergüenza, el pudor o la comparación. Allí aparece una de las barreras más silenciosas: la autocensura.
“El cuerpo no debe estar sujeto a prejuicios, pudores ni comparaciones, nada que impida el libre ejercicio de la sexualidad”, remarca el especialista.
La adultez mayor, lejos de ser una etapa de clausura, puede transformarse en un momento de redescubrimiento. Sin el temor a embarazos no deseados, con menos presiones laborales o familiares y, en muchos casos, con vínculos más consolidados, numerosas personas encuentran una manera distinta de habitar el placer.
Hay recursos terapéuticos capaces de mejorar la calidad de vida de las personas mayores
“Muchas personas mayores se sienten liberadas”, señala Moviglia. “Hallarse en situación de mayor independencia respecto de ciertas obligaciones laborales o responsabilidades de crianza les permite conectar con su cuerpo desde un lugar mucho más relajado”.
“Tener en cuenta que cuando una persona mayor está atravesada por la creencia de que se apaga la sexualidad, posiblemente inhiba su función sexual. No solo hay cuestiones biológicas sino también sociales, psicológicas y culturales”
Hugo Moviglia
especialista en cirugía, urología y sexología clínica
CAMBIOS FÍSICOS, PERO NO DESAPARICIÓN DEL DESEO
El paso del tiempo trae modificaciones inevitables en el cuerpo. Pero el especialista insiste en que esos cambios no equivalen a la desaparición de la sexualidad.
En los hombres, por ejemplo, aparece el llamado “período refractario”, es decir, el tiempo que transcurre después de la eyaculación hasta recuperar nuevamente la excitación sexual. “A lo largo de la vida este período se va prolongando”, explica Moviglia. Eso significa que los encuentros sexuales pueden volverse menos frecuentes en comparación con edades más jóvenes, donde el deseo reaparece rápidamente.
La adultez, lejos de ser etapa de clausura, puede ser un momento de redescubrimiento
Sin embargo, aclara que esa transformación fisiológica no implica menos disfrute. “Esto no quiere decir que no se disfrute el sexo en la vejez. Todo lo contrario”, afirma.
En las mujeres, los cambios hormonales vinculados a la menopausia también suelen convertirse en motivo de preocupación. Uno de los síntomas más mencionados es la sequedad vaginal, aunque el especialista advierte que no todas las mujeres la padecen de la misma manera.
“La menopausia no siempre implica tener sequedad vaginal”, sostiene. Y agrega que existen múltiples alternativas para mejorar la función sexual, desde lubricantes hasta tratamientos médicos específicos.
Para Moviglia, uno de los mayores errores es naturalizar los problemas sexuales y asumir que no tienen solución por una cuestión de edad. “Ante problemas físicos como sequedad vaginal, dolor durante el coito, bajo deseo sexual o pérdida de erección, no hay que adaptarse al problema pensando que no tiene solución”, enfatiza.
La medicina sexual, explica, ofrece actualmente distintos recursos terapéuticos capaces de mejorar significativamente la calidad de vida de las personas mayores.
“El uso de fármacos, geles, lubricantes, óvulos o medicación para la erección son recursos que actúan sobre el síntoma puntual”, detalla. Aunque aclara que el resto del trabajo depende del vínculo, la comunicación y la construcción de intimidad en pareja.
LA IMPORTANCIA DEL VÍNCULO AFECTIVO
La sexualidad en la madurez no se limita únicamente al acto sexual. El especialista insiste en la necesidad de recuperar el contacto corporal, la cercanía emocional y el tiempo compartido.
“Las claves en esta etapa serían recuperar el contacto corporal, la comunicación y darle prioridad a la pareja”, sostiene.
La longevidad también puede convertirse en un período de transición vincular. Tanto la menopausia como la andropausia generan modificaciones hormonales y emocionales que impactan en la dinámica cotidiana.
Es vital recuperar el contacto corporal, la cercanía emocional y el tiempo compartido
“Estos cambios producen una etapa de transición vincular en la vida de ambos”, explica Moviglia. Y por eso considera fundamental que las parejas —convivientes o no— puedan hablar sobre lo que les ocurre sin quedar atrapadas en mandatos culturales.
Para el especialista, muchas dificultades sexuales se agravan precisamente por el silencio. Hay personas que dejan de consultar, evitan hablar del tema o resignan el placer creyendo que “es normal para la edad”.
“No hay que naturalizar los problemas sexuales”, insiste.
En ese sentido, destaca que cada pareja tiene la posibilidad de construir su propia forma de vivir la intimidad, sin someterse a presiones externas ni expectativas ajenas. “Cada uno construye su propio estilo de relación”, resume.
SEXUALIDAD Y CALIDAD DE VIDA
En los últimos años, distintos estudios comenzaron a demostrar que la sexualidad tiene un impacto directo sobre el bienestar físico y emocional. Mantener vínculos afectivos, espacios de intimidad y una vida sexual satisfactoria puede contribuir a reducir el estrés, mejorar el estado de ánimo y fortalecer la autoestima.
Pero además, el deseo también funciona como una forma de conexión vital. En una sociedad que suele invisibilizar a los adultos mayores, el erotismo aparece como un territorio donde todavía es posible sentirse deseado, acompañado y emocionalmente activo.
Moviglia sostiene que la longevidad actual obliga a revisar antiguas ideas sobre el envejecimiento. “La vejez es una etapa natural e inevitable de la existencia y no tiene por qué ser negativa o dolorosa”, afirma.
Lejos de las imágenes de resignación o pasividad que dominaron durante décadas, hoy cada vez más personas mayores practican actividad física, hacen yoga, meditan, salen en pareja, mantienen vida social activa y consultan regularmente con profesionales de la salud. Para el especialista, todos esos hábitos ayudan a romper con la imagen tradicional de la madurez.
“Hacer ejercicio, yoga, meditación, reunirse con amistades, salir en pareja y hacer consultas médicas periódicas rompe con la imagen de la madurez de generaciones pasadas”, señala.
EL DESAFÍO DE HABLAR DEL TEMA
Pese a los avances sociales, la sexualidad en la adultez mayor sigue siendo un tema incómodo para muchas familias e incluso para algunos ámbitos médicos. La idea de que las personas mayores no tienen deseo todavía persiste en conversaciones cotidianas, publicidades, ficciones y discursos sociales.
Cada pareja puede construir su propia forma de vivir la intimidad, sin presiones externas
Por eso, especialistas como Moviglia consideran fundamental generar espacios de información y conversación que permitan desarmar prejuicios.
Hablar de sexualidad en la longevidad implica también discutir sobre salud mental, autoestima, autonomía y calidad de vida. Porque detrás del silencio muchas veces aparecen la culpa, la vergüenza o la sensación de que el placer ya no corresponde.
El especialista insiste en que todas las personas que tienen un cuerpo poseen también la posibilidad de disfrutarlo sexualmente. Y que el deseo no desaparece automáticamente con los años: cambia, se transforma y encuentra otras formas de expresarse.
En definitiva, el desafío no parece estar solamente en atravesar los cambios físicos del envejecimiento, sino en desmontar una idea cultural profundamente arraigada: la de creer que la sexualidad pertenece exclusivamente a los jóvenes.
“La sexualidad puede seguir siendo plena durante la madurez”, concluye Moviglia. “El vínculo afectivo se fortalece en la comprensión mutua y en la solución conjunta de los desafíos sexuales durante la longevidad”.
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