La disputa por el liderazgo del bolsonarismo dejó de ser un asunto privado para convertirse en un problema político de primera magnitud. A tres meses de las elecciones presidenciales de Brasil, la creciente tensión entre la ex primera dama Michelle Bolsonaro y el senador Flávio Bolsonaro amenaza con fracturar a la derecha en un momento decisivo de la campaña frente al presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que busca la reelección.
El conflicto enfrenta a dos de las figuras con mayor peso dentro del espacio fundado por el expresidente Jair Bolsonaro, quien cumple una condena de 27 años de prisión domiciliaria por su responsabilidad en el intento de golpe de Estado de 2022 y permanece alejado de la actividad pública debido a su delicado estado de salud.
VIDEOS Y ESCÁNDALO
La disputa, que durante años permaneció en un segundo plano, estalló públicamente cuando Michelle difundió dos extensos videos en redes sociales en los que acusó a Flávio y a sus hermanos de haber impulsado un “ataque coordinado” en su contra. La ex primera dama también aseguró que fue humillada por el senador durante una conversación telefónica relacionada con decisiones políticas dentro del Partido Liberal (PL).
Según relató, el episodio ocurrió después de cuestionar la alianza del partido con un influyente dirigente regional que anteriormente había criticado a Jair Bolsonaro. Michelle afirmó que la respuesta de su hijastro fue irrespetuosa y que, tras ese episodio, comprendió que ya no contaba con su respaldo político.
Flávio respondió con un tono conciliador. Aseguró que respeta profundamente a Michelle, expresó su deseo de superar las diferencias e incluso la invitó a participar en un encuentro con mujeres dirigentes del PL en Brasilia. Sin embargo, la ex primera dama rechazó la invitación y profundizó el distanciamiento al renunciar a la presidencia del directorio femenino del partido. Además, según dirigentes de la fuerza, también analiza desistir de una eventual candidatura al Senado.
La crisis llega en un momento especialmente delicado para Flávio Bolsonaro. Aunque fue presentado a fines del año pasado como el elegido por su padre para disputar la Presidencia, su campaña perdió impulso tras revelaciones que lo vinculan con un banquero investigado por una presunta trama de corrupción. Las encuestas, que meses atrás mostraban un escenario de paridad con Lula, comenzaron a reflejar una ventaja más amplia para el mandatario.
CON PERFIL PROPIO
Mientras tanto, Michelle consolidó un perfil propio dentro del bolsonarismo. Su influencia entre las mujeres y el electorado evangélico -dos sectores estratégicos para la derecha brasileña- la convirtió en una figura con peso político independiente. Durante los últimos años recorrió el país promoviendo la participación femenina en el partido y fortaleciendo vínculos con iglesias evangélicas, un segmento decisivo en el ascenso de Jair Bolsonaro al poder.
Diversos analistas consideran que la decisión de hacer públicas las diferencias familiares no fue improvisada. Interpretan que Michelle busca preservar su capital político e incluso posicionarse para una eventual candidatura presidencial en 2030. Al mismo tiempo, deja abierta la posibilidad de convertirse en una alternativa si la postulación de Flávio continúa debilitándose.
La ausencia de Jair Bolsonaro, impedido de intervenir públicamente, añade incertidumbre sobre el desenlace de la disputa. Hasta el momento no se sabe si respaldó la candidatura de su hijo o si avala las críticas de su esposa.
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