El papa León XIV protagonizó ayer uno de los momentos más significativos y emotivos de su visita a España al denunciar la “indiferencia” hacia los inmigrantes y recordar a quienes murieron intentando alcanzar Europa por mar. El escenario elegido fue el pequeño puerto de Arguineguín, en Gran Canaria, símbolo de la crisis migratoria y punto de llegada de miles de personas que cruzan el Atlántico en embarcaciones precarias desde las costas africanas.
Ante unas 1.800 personas, entre ellas inmigrantes, socorristas, voluntarios y autoridades, el pontífice lanzó un ramo de flores al océano en homenaje a quienes perdieron la vida en una de las rutas migratorias más peligrosas del mundo. En su discurso, advirtió sobre la acción de las mafias que se aprovechan de la desesperación humana y cuestionó la pasividad de quienes permiten que los más vulnerables sean víctimas de la explotación, la trata o el abandono.
León XIV dirigió además un mensaje a Europa, al afirmar que el continente no puede defender la dignidad humana mientras se acostumbra a que el Mediterráneo y el Atlántico se conviertan en “cementerios sin lápidas”. También reclamó responsabilidad compartida a los países de origen y de tránsito, instándolos a promover condiciones de paz, justicia y desarrollo, así como a proteger a quienes emprenden el viaje migratorio. El acto estuvo marcado por testimonios conmovedores. Una mujer nigeriana relató que, tras quedar embarazada durante la travesía, fue obligada a prostituirse al llegar a España. También participó Mohamed Amjahdi, marroquí que llegó a Canarias en cayuco hace dos décadas y que hoy integra la Comisión Islámica Española. Ambos pusieron rostro a una realidad que afecta a miles de personas cada año.
Según la Organización Internacional para las Migraciones, cerca de 1.200 personas murieron o desaparecieron en esta ruta durante 2024. Ese mismo año más de 46.000 migrantes alcanzaron Canarias, una cifra récord. Aunque las llegadas bajaron luego hasta unas 17.800 en 2025 gracias a acuerdos entre España, la Unión Europea y varios países africanos, la situación sigue siendo uno de los principales dramas humanitarios de la región.
La jornada concluyó con una multitudinaria misa en el estadio de Las Palmas, junto al cementerio de San Lázaro, donde descansan numerosos migrantes fallecidos sin identificar. Allí, León XIV pidió rezar por quienes perdieron la vida en el mar y reiteró que toda persona conserva su dignidad más allá de las dificultades que enfrente. Este viernes visitará un centro de acogida en Tenerife antes de regresar a Roma, cerrando un viaje marcado por constantes llamados a la solidaridad, la integración y el respeto a la vida humana.
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