La educación aparece relegada en la lista de preocupaciones de los argentinos. Apenas el 5% de la población la identifica como el principal problema del país, una cifra que la ubica en el séptimo lugar detrás de cuestiones como la economía, la inseguridad, el desempleo y la política. Esto no implica sin embargo que el resto de la gente considere que marcha bien. Por el contrario, la mayoría expresa una valoración negativa de las políticas educativas y un bajo nivel de satisfacción.
La paradoja surge de un informe de Argentinos por la Educación elaborado a partir de datos de Latinobarómetro y de la Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública de la Universidad de San Andrés. El estudio muestra que, aunque la educación conserva presencia en la agenda social, queda desplazada por urgencias económicas y sociales más inmediatas.
La preocupación por el tema incluso se encuentra por encima del promedio regional, que alcanza apenas el 3,4%. Aun así, Argentina está lejos de los niveles observados en países como Brasil, donde el 10% de la población considera a la educación el principal problema nacional, o Uruguay, donde llega al 8%.
“Es comprensible que, en un contexto de emergencias múltiples, otras problemáticas materiales inmediatas capten la atención. Sin embargo, es imposible que los esfuerzos estatales y de la sociedad civil estén a la altura de la situación si la educación permanece fuera de la agenda de prioridades”
Inés Insúa
Investigadora de la Universidad de San Andrés
Los investigadores detectaron además diferencias según perfil social. Las mujeres muestran una preocupación algo mayor que los hombres y el interés crece entre los sectores de mayores ingresos. También los grupos de entre 26 y 40 años aparecen como los más sensibles al tema.
UNA GESTIÓN INSATISFACTORIA
En paralelo, la evaluación de la política educativa nacional sigue siendo una de las más bajas entre las distintas áreas de gestión. Desde 2018 la satisfacción osciló mayormente entre el 20% y el 35%, con un pico cercano al 45% a comienzos de 2020. En marzo de 2026 volvió a ubicarse en torno al 28%.
“La educación figura entre los siete principales problemas del país para los argentinos, pero no llega al top tres de las prioridades en ningún año de la encuesta. Sin embargo, la satisfacción con la política educativa tiene un techo del 35% desde la pandemia hasta hoy”, señala Valentina Gabrielli, coautora del estudio.
Para Inés Insúa, investigadora de la Universidad de San Andrés, el escenario refleja una tensión difícil de resolver. “Es comprensible que, en un contexto de emergencias múltiples, otras problemáticas materiales inmediatas capten la atención pública prioritaria -reconoce-. Sin embargo, es imposible que los esfuerzos estatales y de la sociedad civil estén a la altura de la situación si la educación permanece fuera de la agenda de prioridades”.
Una lectura similar plantea Santiago Poy, investigador del Conicet y vicerrector de Investigación del Instituto Universitario CIAS. A su entender, la educación continúa siendo vista como una herramienta para mejorar las oportunidades, pero pierde terreno frente a demandas urgentes vinculadas con la pobreza y las dificultades económicas. En los barrios populares, afirma, la escuela sigue concentrando expectativas de integración y progreso, aunque al mismo tiempo enfrenta exigencias crecientes para resolver problemas sociales cada vez más complejos.
Desde el Centro de Estudios Municipales y Provinciales (CEMUPRO) van más allá y vinculan el fenómeno con un deterioro sostenido de la confianza pública. “La indiferencia que miden las encuestas no es un punto de partida: es el resultado de años en que la educación dejó de ser una promesa sostenida desde la política pública”, plantean.
Para la entidad, recuperar el debate sobre el papel de la escuela pública es una condición indispensable para volver a colocar a la educación entre las prioridades colectivas.
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