No sólo cierran maternidades y jardines de infantes. Las clínicas de fertilidad también acusan el golpe de la caída de la natalidad en el país. Desde el sector reconocen que las consultas para buscar un segundo embarazo se redujeron más de un 50% en la última década.
La caída de los nacimientos en la Argentina está modificando fenómenos que hasta hace pocos años parecían ajenos a esa tendencia. En las clínicas de fertilidad de todo el país ya se percibe con claridad un cambio en las expectativas familiares: la mayoría de las consultas se concentra en lograr un primer embarazo y son cada vez menos quienes proyectan tener un segundo bebé.
Especialistas en medicina reproductiva y organizaciones de pacientes coinciden en que la búsqueda de un nuevo embarazo cayó a menos de la mitad de lo que se registraba apenas una década atrás. El fenómeno acompaña el desplome de la natalidad registrado en el país y consolida el modelo de familias con un único hijo.
La magnitud del cambio aparece reflejada en la estadística oficial. Los nacimientos en Argentina descendieron un 47% en diez años, al pasar de 777.000 en 2014 a poco más de 413.000 anuales. En paralelo, el promedio de hijos por mujer cayó hasta 1,23, una de las cifras más bajas de la región.
Desde la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (SAMeR) afirman que el fenómeno se hace evidente en los consultorios. “Hay un cambio muy marcado en el perfil de las consultas. Hace 8 a 10 años era muy frecuente que llegaran pensando en una familia con dos o más hijos. Hoy están enfocados exclusivamente en lograr un primer embarazo, y las consultas por un segundo hijo se redujeron más del 50%”, cuenta Agustín Pasqualini, presidente de la entidad.
UN COMBO DE RAZONES
Al analizar la tendencia, desde SAMeR identifican múltiples factores. Cuentan que el contexto económico influye en muchas decisiones familiares, pero también pesan el desgaste físico y emocional que suelen implicar los tratamientos de fertilidad y las dificultades para compatibilizar la crianza con las exigencias laborales y personales.
Otro aspecto clave es la postergación de la maternidad y la paternidad. Muchas personas comienzan a buscar su primer hijo cerca de los 38 o 39 años. Cuando ese embarazo se concreta y transcurren los primeros años de crianza, la posibilidad de intentar un segundo hijo suele llegar después de los 40, una etapa en la que la fertilidad disminuye y las probabilidades de embarazo son menores.
La medicina reproductiva viene advirtiendo además sobre el escaso conocimiento que existe respecto del envejecimiento biológico. Según los especialistas, muchas mujeres descubren recién durante la consulta que la reserva ovárica disminuye con el paso del tiempo tanto en cantidad como en calidad, lo que puede limitar las posibilidades reproductivas futuras.
La situación también se refleja entre quienes atraviesan tratamientos de fertilidad. Desde la Asociación Civil Concebir, que acompaña a personas con dificultades reproductivas, aseguran que cada vez reciben más testimonios de familias que sienten que apenas pueden sostener el proyecto de tener un hijo.
“Hay un cambio muy marcado en el perfil de las consultas. Hoy están enfocadas exclusivamente en lograr un primer embarazo”
Agustín Pasqualini,
presidente de la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (SAMeR)
“Llegan personas atravesadas por angustia, culpa o frustración. Cuando aparecen dificultades reproductivas y la indicación médica son las técnicas de reproducción humana asistida, el impacto emocional que provoca la noticia no es menor”, señalan desde la organización.
Lo cierto es que la caída de la natalidad suma una nueva señal de alarma. No sólo nacen menos bebés que hace una década. También disminuye la cantidad de familias que, tras haber tenido un hijo recurriendo a tratamientos de fertilidad, consideran la posibilidad de ampliar el hogar más allá.
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